"Ranón tiene mucho más que ver que el aeropuerto...". De esta manera comienza la visita que la Oficina de Turismo de Soto del Barco ofrece gratuitamente, un recorrido por las trincheras y construcciones militares republicanas de la parroquia, para grupos reducidos, de cinco como máximo personas. Jaime Pérez es el encargado de guiar la visita. Policía local y vecino de la zona, Pérez conoce a la perfección la historia de la Guerra Civil española. Al haber crecido cerca de los 42 kilómetros de trincheras que se construyeron desde la desembocadura del Nalón en La Arena hasta Grado, siempre le interesó la historia del conflicto, aunque hasta hace relativamente poco nadie quería hablar de ello. "Hace 40 o 30 años nadie hablaba de eso, era un tema tabú", confiesa Pérez.

Ranón conserva 47 fortificaciones que el bando republicano construyó para defenderse de los ataques, entre las que se encuentran trincheras y nidos de ametralladoras de hormigón camufladas entre la vegetación para que desde el otro extremo del río Nalón fuese más complicado ver al objetivo. Cuando las columnas gallegas avanzaron hacia Asturias y conquistaron Muros de Nalón, Pravia y San Esteban, hubo meses de guerra de trincheras. Desde la zona del Espíritu Santo, en Muros, y Ranón se disparaban los dos bandos, sublevados y republicanos, a más de 1,7 kilómetros de distancia. "Las ametralladoras tenían un alcance de hasta 3 kilómetros", precisa Pérez.

Las construcciones militares de Ranón fueron levantadas por reclutados que no participaban en el conflicto, pero también por niños que, por su tamaño, podían acceder a rincones estrechos impensables para adultos, y, por supuesto, por mujeres. "Hubo pocos muertos en esta zona, pero murieron más mujeres. Las mujeres trabajan en la fábrica de conserva de La Arena y desde Muros les disparaban para que no fueran a trabajar", apunta Pérez.

Las casamatas, con blindajes de hasta un metro de hormigón para soportar los bombardeos, están estratégicamente colocadas, pues desde la ladera de la montaña donde se ubican puede verse toda la desembocadura del Nalón, La Arena y San Esteban. Además de un monumento histórico no reconocido como tal, las vistas panorámicas convierten este paraje con restos bélicos en una atracción turística y cultural. La Guerra Civil, muchas décadas después, ofrece ahora a las personas con curiosidad por el tema la posibilidad de conocer pacíficamente los escenarios donde se libraron las batallas cruentas. Ranón guarda vestigios de una guerra.