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Lastres, mucho más que una postal

El barrio de los balleneros es un de los grandes desconocidos de los turistas, atraídos por el puerto de una villa marinera que hizo famosa, en su día, la serie televisiva "Doctor Mateo"

Vista de Lastres desde el mirador de San Roque.

Vista de Lastres desde el mirador de San Roque.

César Fernández Montes, montañero y natural de Villaviciosa, es un enamorado de Lastres. “Creo que reúne las dos condiciones que mejor definen a Asturias, lo salvaje del mar con la cercanía de la montaña. Es un lujo disfrutar de un puerto tan guapo como Lastres y al mismo tiempo de una sierra tan increible como la del Sueve” explica este maliayés que fue uno de las 100 personas encuestadas por LA NUEVA ESPAÑA para elegir los 20 lugares más guapos del Principado. Había que dar cinco y citó en segundo lugar otro puertín hermoso: Tazones, en su tierra natal. La elección de estas cien personas hizo que Bandujo obtuviera el primer puesto y, en segundo lugar, quedase el puerto lastrín.

Teté Costales cose unas redes en el puerto de Lastres. Ana Paz Paredes

Él explica con claridad meridiana por qué eligió Lastres para no se enfaden los vecinos: “Es que me dijeron que una de las condiciones de la votación es que, el que iba en número uno, no podía pertenecer a tu concejo. Por eso voté Lastres, que me gusta mucho, y en segundo lugar Tazones”, dice esbozando una sonrisa. Y, como buen montañero que es, viajero que no soló "pasa por el paisaje" sino que le gusta conocerla la historia de los lugares que pisa, recuerda mirando a la sierra de El Sueve, donde pastan los asturcones, "que se tiene constancia que ya en épocar romana sacaban caballos por el puerto con destino a Roma, pues eran muy apreciados por éstos debido a su fortaleza y resistencia".

César Fernández charla con Julio Roza, lastrín y pescador jubilado. Ana Paz Paredes

Uno de los lugares por los que más le gusta pasear y que conoce poca gente es el barrio de los balleneros, el núcleo primitivo de la villa y es que, entre los siglos XVI al XVII la caza de ballenas junto con la pesca y la industria conservera, dio a este puerto muchos años de esplendor.

“Lo que más define Lastres, lo más típico, es el puertu. La gente aparca donde buenamente puede y muchos bajan al puertu lo primero. También ye verdá que no ye cómodo de caminar porque ye muy empinau, por eso la gente aparca abajo y no se sale de lo más habitual, como ye la cuesta del muelle que va del puerto al centro del pueblo. Sin embargo, para mí se pierden una de las zonas por descubrir en Lastres y que fundamenta gran parte de su historia: el barrio de los balleneros, por donde sube el camín real hasta la iglesia de Santa María de Sádaba”, afirma.

La torre del Reloj, en el barrio de los balleneros. Ana Paz Paredes

Los cañones que hay en el puerto pertenecían a una fortificación llamada El Castillo, en lo alto del pueblo, donde llegó a haber hasta seis para proteger el puerto de los ataques piratas

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La serie “Doctor Mateo” fue sin duda un revulsivo turístico para esta villa marinera que, tras su emisión, vivió un boom turístico enorme hasta el punto de señalizar, a lo largo de la villa, algunas localizaciones donde tuvo lugar el rodaje, lugares por los que aún hoy siguen preguntando algunos que hasta allí se acercan. Sin embargo, este maliayés, que reconoce que la serie televisiva ha contribuido a un mayor conocimiento de este hermoso lugar, también reivindica su valor histórico y el hecho de que Lastres “es un puerto con pasado histórico innegable y se conoce desde siempre aunque la serie, luego, lo haya hecho más popular”.

Ana Labad, desespinando una a una la anchoa con una pinza, en las instalaciones de su empresa, Anchoas Hazas. Ana Paz Paredes

César Fernández inicia su paseo desde el mirador de San Roque desde donde tantas fotos se hacen del pueblo marinero, la playa del Escanu, la de la Griega y la de La Isla, así como la imponente sierra del Sueve allá al fondo, donde tanto le gusta posarse a la niebla de vez en cuando. En su bajada al puerto, al encuentro con algunos pescadores ya jubilados que comparten recuerdos y faenas rederas, el encanto de las callejuelas, las casas marineras, el azul y el blanco en fachadas y marcos de ventanas y un suelo empedrado que hay que caminar con tiento, comparte espacio con grandes grupos de hortensias floridas y miradores que se reparten esquinas que se asoman al mar, cada vez más cercano.

Casas en uno de los tramos que llevan al barrio de los balleneros. Ana Paz Paredes

Abajo ya, en pleno puerto, Teté Costales Obaya, con 24 años como redera a sus espaldas, ultima uno de sus últimos trabajos y recuerda cómo era y como se vivía en Lastres en los últimos 46, desde que ella, maliayesa también como César Fernández, llegó a vivir. “Cuando vine habría aquí como unos 300 pescadores, ahora no sé si llegarán a 50. Cuando yo empecé a trabajar solo cosía redes de cerco, había muchos barcos, y bien cosía aquí o bien me trasladaba a Gijón o a Avilés. Había semanas enteras que me tenía que desplazar a coser. Ahora mismo de cerco sólo quedan en Asturias tres embarcaciones, y hay muy poco que coser, por eso ahora trabajo más la bajura”, explica esta artesana que, además, abrió en el puerto una tienda con trabajos artesanos propios y otros souvenirs.

Teté Costales, a la puerta de su tienda de souvenirs y productos artesanales propios, que abre sus puertas en el puerto pesquero. Ana Paz Paredes

Hace dos meses que se vendió la última lancha grande que había, La Emperatriz. Ye una pena que se vaya, se lamenta Julio Roza Vallina, pescador jubilado

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Julio Roza Vallina es un marinero lastrín jubilado a quien, bien pequeñín, ya le llevaba su güelo a pescar sardinas. “A los 14 años ya me embarqué y a los 16 llegó la lancha de mi güelo, ‘El Brisas’, que estuvo aquí en el muelle muchos años. Tuvimos una época muy buena en los años 60-70 para la pesca, pero entramos en la Comunidad Europea y empezaron a ponenos tases de todo tipu. Que si cupu pa´ unu, que si cupu pa´ otro, que si no puedes ir a esto, que si no puedes ir a lo otro... Total que el trabajo fue bajando hasta que quedó en lo que quedó. Hay dos meses que se vendió la última lancha grande que había, La Emperatriz. Ye una pena que se vaya pá África”, afirma este hombre que por otro lado se alegra de la vida que tiene su pueblo con la llegada del turismo y aún más ahora tras los duros momentos vividos con la pandemia.

Vistas del puerto bajando por el barrio de los balleneros. Ana Paz Paredes

“El pueblo está ahora, con la llegada del turismo, con mucha más vida. El contraste con e invierno es grande, esto queda desierto, cuando pega el nordeste nos guardamos en casa aunque yo siempre que puedo sigo realizando mis paseos habituales. No sé si llegaremos, en total a 500 vecinos todo el año”, explica.

Poco a poco el precioso puerto lastrín se va llenando de turistas que pronto se sientan en terrazas que miran al mar y esperan a disfrutar con lo que se sirve en sus bares y restaurantes: pescados, mariscos, arroces, fabada, buena carne y sidra, por apenas citar algunos platos, para acompañar una jornada descubriendo este hermoso rincón asturiano, “un lugar privilegiado, pues es uno de los pocos puertos donde todavía se rula el pescado”, matiza César Fernández a renglón seguido.

Arroz con centollo, uno de los platos estrella del restaurante La Rula, que abre sus puertas en pleno centro de la zona portuoria. Ana Paz Paredes

Algunos de esos comensales también descubrirán un producto único, la anchoa artesanal, que han recuperado en Lastres Ana Labad y Agustín Fernández siguiendo la más pura tradición de las antiguas conserveras: Anchoas Hazas. Hace tres años y medio empezaron esta actividad en una nave en Luces y hoy cuentan ya con ocho profesionales más, todas conocedoras del trabajo con la anchoa y la conserva, actividad que había desaparecido y que han recuperado con un éxito reconocido a nivel internacional. Y es que como afirma la propia Ana, “la gente ahora cada vez aprecia más la calidad y lo que es artesano de verdad. Hemos triplicado la producción cada año y ahora estamos en torno a los 8.000/9.000 kilos de bocarte al año", señala.

El equipo al completo de Anchoas Hazas, a la entrada de la nave donde trabajan en Luces, mostrando su producto. Por la izquierda, en primer término, Ana Labad, Laura García, Natacha Vallina, Maru González e Itziar Menéndez. Detrás, por la izquierda, Fátima Alonso, Luisa Granda, Agustín Fernández y Mercedes Cruz Ana Paz Paredes

Lastres, pá mí, ¡no ye el segundo más guapo de Asturies sino el más guapu del mundo!, lo único que tiene que ye muy cuestudu y tiene muches escaleres, afirma el veterano pescador lastrín

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El éxito de sus anchoas radica en la absoluta fidelidad a a labor artesanal que siempre se realizó en el puesto lastrín en la época de su esplendor conservero. Así explica que "compramos sólo el bocarte del Cantábrico y de la costera de primavera porque trae la hueva y no tiene casi grasa. Hemos recuperado toda la forma de elaborar la anchoa, de principio a fin, porque es todo el proceso manual. Le quitamos la plata a mano, no escaldamos y se quita toda la espina, de una a una y de raíz, con una pinza, dejando unas anchoas perfectas". Tal es así que el pasado año ya fueron reconocidos internacionalmente con el Tenedor de Oro de los Great Taste Awards 2020, celebrado en Londres.

Uno de los rincones con más encanto del barrio de los balleneros. Ana Paz Paredes

Otro emprendedor en en la villa marinera es Javier Pardo Montoto, que conjuga con sabiduría su pasión por la fotografía y, especialmente, cuando su objetivo enfoca Lastres, con la dirección de la Confitería Cristina, siendo él la cuarta generación familiar que se dedica a ello. "Mi bisabuelo empezó en Ribadesella y le continuó mi abuelo. Luego mi padre fue el que se vino a Lastres y aquí seguimos", afirma este artesano confitero que se puso al frente del negocio en 2013, tras jubilarse los padres. Si el verano es generoso en cuanto a clientela no ocurre lo mismo el resto del año.

Javier Pardo Montoto, en el interior de su pastelería, "Cristina", en Lastres. Ana Paz Paredes

"La gente se va marchando, van falleciendo los mayores y cada vez quedamos menos pero siempre hay que buscar una forma de mantenerse y seguir adelante todo el año y nosotros lo conseguimos vendiendo por internet. Damos un buen producto a buen precio y elaboraciones, además, personalizadas. Mucha gente de fuera nos llama y nos encarga. Vendemos mucho para fuera, un 80 % de lo que hacemos en Navidad va para fuera: Oviedo, Gijón, Avilés, Llanes...", afirma él que se muestra contento de la marcha del negocio hasta el punto de haber abierto otro muy diferente en Colunga, más personal y donde deja constancia de su creatividad a través de su propia marca: "Amura".

César Fernández sentado en el puerto junto a uno de los cañones de la vieja fortaleza de El Castillo. Ana Paz Paredes

Con pasión nada disimulada, Julio Roza remata: “Lastres, ¡no ye el segundu más guapu de Asturias, ye el mas guapu del mundo!, lo que pasa que ye muy cuestudu y tien muches escaleres”, exclama sonriendo. Y de paso presume de nieto: “Tengo dos nietos de élite. Uno Pelayo Roza, que el año pasado quedó subcampeón del mundo en K-2 y el otru, más joven, por ahí le anda”, dice con orgullo.

Cómo llegar, qué ver y alguna curiosidad a conocer

Mapa de Lastres

Mapa de Lastres

Desde Oviedo Lastres está unos 50 minutos, más o menos. Hay que coger la autopista A-64 sentido Santander, luego A-8, y tomar la salida 346, a la altura de la Venta del Probe. Desde ahí se toma la AS-257 que pasa primero por Luces y sigue a Lastres. Los que van en sentido contrario pueden entrar desde Colunga tomando la carretera CL-2 que enlaza enseguida con la A2-260 y finalmente con la AS-257.

Fachada de la Capilla del Buen Suceso, la más antigua del puerto. Ana Paz Paredes

Además del puerto y el barrio de los balleneros, entre otras cosas a descubrir en Lastres y su entorno están, por ejemplo, la iglesia de Santa María de Sábada; la capilla del Buen Suceso, la más antigua de Lastres; la torre del Reloj; la historia de los cañones que hay en el puerto y que estaban antaño en la fortaleza de El Castillo para protegerse de los piratas; el faro de Luces; el mirador de San Roque; la playa de La Griega y, a dos kilómetros, el MUJA, Museo Jurásico de Asturias.

Zona del puerto deportivo, en Lastres. Ana Paz Paredes

Entre el anecdotario de este hermoso puerto asturiano, y siendo una frase propia de quienes se movieron siempre en el mundo de la pesca, se encuentra la frase: “estar a panchos en la boya” una expresión lastrina para decir que alguien está “a lo suyo, totalmente distraído, no estar en lo que se celebra, vaya”. Así se cuenta que hace muchos años los críos, desde pequeños, se ponían a pescar panchos a caña en el muelle primitivo. En esa parte había una boya y los críos nadaban hasta la misma y se subían a ella a pescar, y en ella se les iba la mañana. O el día entero, vaya. Así lo explicó el guía por este personal paseo por este puerto asturiano, César Fernández Montes.

César Fernández en el mirador de San Roque, desde donde se tienen unas magníficas del puerto y todo el entorno. Ana Paz Paredes

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