Por raro que parezca, era la segunda vez que Kiko Veneno tocaba en “la vetusta” ciudad. Y lo hizo en uno de sus espacios más nobles, el teatro Campoamor, en un momento tan delicado como el del regreso, progresivo, con hambre y miedos, a los escenarios de la primera división de la música popular contemporánea nacional. Kiko Veneno lo dijo mejor porque dice como canta, con un hablar esencial. Era “la vuelta a la rutina del ritmo y el compás”. En ese afán, Kiko Veneno regaló en Oviedo un concierto con todas sus grandes canciones, desde la que la da apellido hasta aquella de Camarón, “Volando voy”, con la que se despidió en el segundo bis. Eso fue después de “Joselito”, que había sonado tras el cierre de “En un Mercedes blanco”. Al genio de Kiko veneno seguiría, casi al momento, ya en la La Vega, el punk-pop desenfadado de las “Hinds”.

Kiko Veneno | Luisma Murias

La fiesta de La Vega seguiría con “Novedades Carminha” y un ambiente de festival de prao, reforzado por las pacas de hierba convertidas en patio de butacas y la familiaridad adquirida en dos días por el público con las naves y calles del recinto fabril.

En el Campoamor era otra cosa._Un concierto lleno pero con aforo covid, muchas ganas de ver a Kiko Veneno y un músico dejándose cantar y recorrer un repertorio maravilloso.

La noche fue mágica y la gente salió contenta. En el patio de butacas estaba Coque Malla y a él le dedicó “Los delincuentes”. Había arrancado con “La Felicidad” y solo dos músicos acompañándole en el escenario, teclados y programaciones. Luego salieron “los notas del retumbe” y la cosa viró a una banda de seis con el corte canónico del rock. Nada parecía que fuera a salir mal, era fácil la comunión con el público y no hubo grandes dramas pero sí pequeños distanciamientos.

Algunos problemas con el sonido y cierto distanciamiento entre lo que se esperaba a uno y otro lado del escenario. “Los tontos”, por ejemplo, esa colaboración con C. Tangana, presentadsa como “la alegría que os va a entrar ahora por ese cuerpo”, no entusiasmó tanto como en “Te echo de menos” o “Dice la gente”, más reposada y donde se pudo ver al mejor Kiko Veneno de toda la noche.

Cuando a las 22.35 sonaron los primeros acordes de “Novedades Carminha” la temperatura ya había subido varios grados en La Vega. La plaza de la escuela de aprendices se convirtió en una suerte de escuela de danza entre el funk y el punk. Primero se movieron los pies sin despegarse mucho del suelo, el movimiento se fue elevando había las caderas y se subió a la cabeza. Carlangas y la banda son profesionales en eso de poner a la gente a bailar. Arengas varias, golpes de bombo y líneas de bajo de esas que pegan golpes en el pecho. Eso sí. También sabían que con esto de la pandemia no está la cosa para “pogos” así que el tempo de las canciones no fue demasiado acelerado.

“Novedades” son una banda que han logrado mantenerse durante años en los escenarios gracias a su capacidad de evolución. Del punk al funk con ritmos reages, es decir, el mismo traje con diferentes cortes.

Antes de ellos fueron las “Hinds” las que atardecieron en La Vega. Guitarras aceleradas hasta llegar a el clásico “Spanish bombs” de Joe Strummer y los suyos. Muy apropiado para que aquello resonase en la cercana nave de cañones.