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DE GUAPO SUBIDO | 3 | Bulnes (Cabrales)

Un recorrido por Bulnes, el pueblo que te roba el corazón

Ocho vecinos viven todo el año en la aldea, en el Macizo Central de los Picos de Europa, a la que se llega a pie por la canal del texu o bien en el funicular, que sale de Poncebos

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Paseo fotográfico por Bulnes Ana Paz Paredes

Aún hay viajeros que se sorprenden al saber que el hermoso pueblín de Bulnes, en pleno Macizo Central de los Picos de Europa, en Cabrales, es el único de Asturias que no tiene acceso por carretera. Y es que hasta el año 2001, que se puso en funcionamiento del funicular para los vecinos, también desde entonces con uso turístico, la única forma de subir y bajar a esta hermosa aldea de montaña era y sigue siendo a pie por la canal del Texu, que se inicia en el puente de La Jaya, junto a Poncebos, y serpentea en subida hasta Bulnes, que está a unos 650 metros de altura, teniendo como compañía el río, de aguas limpia y refrescantes, sobre todo, cuando toca subir en día de calor. Esta subida la suelen hacer montañeros y senderistas y se tarda una hora y media a dos horas. Llegar a Bulnes es la culminación de una ruta impresionante donde el premio del paisaje que se disfruta tiene como guinda la llegada a este hermoso pueblo .Si no se está por caminar, entonces hay que subir en el funicular que sale de Poncebos.

Toño García, el regidor de pastos de la Montaña de Covadonga, en pie, charla con el alcalde pedáneo de Bulnes, Rufino Mier Mier Ana P. Paredes

Pueblín donde se ha respetado la tradición arquitectónica de la zona, donde manda la piedra y donde se guarda fidelidad a las raíces, sus casas se reparten entre Bulnes de Abajo o La Villa, donde la gran mayoría son, en los últimos años, establecimientos de hostelería, además de algún alojamiento rural y también un albergue, junto con alguna casa particular; y Bulnes de Arriba o El Castillo, el núcleo primigenio de este pueblo de montaña que enamora desde el primer momento que hasta él se llega. Normal que haya sido elegido entre los 20 lugares más guapos de Asturias, en un tercer puesto, entre 100 personas encuestadas por LA NUEVA ESPAÑA, ocupando el primer puesto Bandujo (Proaza) seguido de Lastres (Colunga).

A la izquierda José Antonio García, Toño "el de Mestas", habla con Falo Martínez, uno de los vecinos de Bulnes, mientras que junto a ellos pasan montañeros y un turista, en el centro de Bulnes de Abajo. Ana Paz Paredes

Una de esas persona fue José Antonio García Álvarez, más conocido como Toño el de Mestas, ganadero, tratante y regidor de pastos de la Montaña de Covadonga quien, después de varios años sin subir a Bulnes, volvió a hacerlo como guía por sus caleyas. “Yo a Bulnes fui seis o siete veces en mi vida y siempre en septiembre u octubre o bien sobre marzo o abril, a comprar ganao. Me gusta mucho porque es un pueblín muy tranquilo, ahí enclavado entre las montañas, que ha guardado siempre su estética con las casinas y las cuadras de piedra y en medio de un paisaje espectacular. Se ha mantenido fiel a sus tradiciones”, afirma este hombre que gusta de saludar a los vecinos que allí quedan y que, a su vez, le reconocen.

Mercedes Mier, propietaria del Bar Bulnes, ofrece unas cuñas de dos de los grandes quesos del concejo: Cabrales y Gamoneu, acompañados de un buen pedacín de dulce de membrillo. Ana P. Paredes

Así sucede cuando llega a Bulnes de Arriba y, en la terraza del restaurante Mirador de Lallende, que regentan desde hace cinco años Alberto Fernández Mier y Marisa Peláez Piñera, se asoma a una vista que sobrecoge por su belleza y donde la canal del Texu es una de sus protagonistas. Allí conversa con el alcalde pedáneo del pueblo, Rufino Mier Mier, quien recuerda que todo el año viven allí un total de 8 vecinos. Estos son, tal y como se citan entre ellos y junto con Rufino Mier, Hortensio Mier Mier, su mujer Rosalía Guerra Martínez, José Manuel Martínez Mier (el hijo de Guillermina); Mercedes Mier y su hijo Sergio y Begoña Mier Guerra y su marido Rafael Martínez. Buena parte del año, aunque no todo, también viven Miguel Ángel Mier y María del Pilar Traviesa Narciandi con sus hijos Inés, de siete años y Martín, de once.

Marisa Peláez Piñera y Alberto Fernández Mier delante de su establecimiento, el restaurante Mirador de Lallende, en Bulnes. Ana Paz Paredes

Durante los meses de verano la población vecinal se incrementa aunque no llega a las 20 personas. El alcalde pedáneo, que es ganadero, se muestra orgulloso de su pueblo y afirma que “está muy guapo y está bastante arreglado. Hombre, podría estar más arreglado, pero está bastante bien y además ahora nos van a meter banda ancha para el tema de internet, que es muy necesaria”, señala.

Una de las viejas botas de montañeros, cedidas a Mercedes Mier para convertirlas en peculiares macetas delante de su establecimiento, en Bulnes. Ana Paz Paredes

Muy cerca de su casa está la de los vecinos de más edad de Bulnes: Hortensio Mier Mier y Rosalía Guerra Martínez, de 82 y 84 años, respectivamente. Toda su vida ganaderos y pastores. “Fíjese si llevamos toda la vida juntos que ya íbamos junto a la escuela” dice Hortensio que, echando una mirada atrás, recuerda su vida de pastor. “Nosotros por el veranos íbamos a Pandébano y allí hacíamos el verano. Vivíamos prácticamente de los quesos”.

El sol intenta abrirse paso entre las nubes, al fondo, en una imagen tomada desde la terraza del Mirador de Lallende donde abajo, al fondo, se ve la canal del Texu, por donde los senderistas suben a pie hasta Bulnes. Ana Paz Paredes

Y a renglón seguido ella añade: “Te voy a decir una cosa y si quieres grabarlo, lo grabas: Toda una vida pastora/, de cabras, vacas y oveyas/. Nací en el pueblo de Bulnes, en esta bonita tierra/, rodeada de montaña y unas hermosas pradera/, y hoy estamos marginados por el Parque y por las fieras/. Ecologistas traidores, que no tenéis corazón/, que protegéis a las fieras/ y machacáis al pastor. Lo firma Rosalía Guerra Martínez, una pastora de Bulnes”. Ambos dicen que con el funicular “la cosa mejoró bastante para todo el pueblo. Aunque no nos hicieron la carretera, por lo menos fue una solución”, señalan.

Hortensio Mier Mier y Rosalía Guerra Martínez. Ana P. Paredes

Abajo, el turismo ya empieza a coger plaza en las terrazas que se asoman al río y a disfrutar de pasear por este bellísimo pueblo de montaña. Entre algunos de los establecimiento señeros está Casa Guillermina, inolvidable mujer conocida como la “abuela de Bulnes” y que falleció a los 100 años, de inolvidable recuerdo y cuyo establecimiento atiende, como hizo durante años, su hijo José Manuel Martínez Mier, y también está el Bar Bulnes, que regenta Mercedes Mier quien, junto a uno de sus tres hijos, Sergio, también vive todo el año en el Bulnes.

Adolfo Campillo, a la entrada de su albergue Villa de Bulnes, que abrió en junio yya tiene gran parte de julio y casi todo el mes de agosto, completo. Ana Paz Paredes

“Yo estoy encantada de que mi pueblo sea uno de los más guapos, claro que sí, pero de igual forma nos sentimos abandonados por todas las administraciones. Que no puedan acondicionar el camino que va desde la salida del funicular hasta el pueblo, que está como está... Tenemos la fibra óptica donde la iglesia y como si nada. Hace unos meses estuvo el consejero y nos dijo que antes de diciembre se iba a solucionar y tendríamos conexión a internet, tenemos una wifi muy débil que va cuando va. Y luego mira como está el puente, todavía en obra sin terminar de arreglar en plena temporada turística”, se lamenta.

Toño García pasea junto a la iglesia de Bulnes Ana P. Paredes

No falta tampoco la alegría de los niños en este pueblo cabraliego que tiene en Inés, de siete años, y Martín, de once, sus vecinos más entrañables. Ambos son hijos de Miguel Ángel Mier y María del Pilar Traviesa Narciandi quienes pasan la mayor parte del año en Bulnes .

María del Pilar Traviesa Narciandi peina su hijo Martín, acompañada de su hija Inés, en los apartamentos rurales El Caprichu de Bulnes, que abrieron el pasado mes de mayo. Ana Paz Paredes

“Vivimos en Arenas por los niños, por el tema escolar, porque no puedes estar subiendo y bajando todos los días, pero por lo demás estamos siempre que podemos aquí”, afirma su madre que acaba de abrir dos preciosos apartamentos turísticos llamados “El Caprichu de Bulnes”, nombre elegido por Martín. Cerca, Adolfo Campillo abrió ya en junio su albergue para montañeros y senderistas, “Villa de Bulnes”. “La mitad de julio ya lo tengo lleno y casi todo agosto, las perspectivas son buenas”, dice con moderado optimismo.

Bulnes, Cabrales

Parroquia: 56.35 km².  

El pueblo de Bulnes cuenta con 8 vecinos todo el año, que suben a unos 20 llegado el verano


Cómo llegar

Desde Arenas de Cabrales, hay carretera a Poncebos, donde dejar el coche, pero en verano ( hasta el 12 de septiembre) debe hacerse tal trayecto en autobús. Una vez en Poncebos, toca echar a andar por la canal del Texu o coger el funicular (unos 22 euros ida y vuelta).


No perderse

Desde Bulnes existen rutas, en su mayoría destinadas a montañeros habituados a este deporte y conocimiento del medio, que llevan hasta el Urriellu. El pueblo, en si mismo, ofrece muchos rincones descubrir y pasearlo con gusto. Cerca está también el mirador al Picu Urriellu.


Qué dicen

Los cabraliegos defienden Picu Urriellu o, sencillamente, El Picu, como el verdadero nombre del Naranjo de Bulnes y así lo recuerdan en estos versos: “No me llames Naranjo,/que naranjas no puedo dar/, llámame Picu Urriellu/ que es mi nombre natural”.

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