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De guapo subido (6) | PUERTO DE VEGA (Navia)

Un paseo por la historia del mar, en Puerto de Vega

Puerto de Vega cuenta por las esquinas sus días de piratas, caza de ballenas, riqueza pesquera y magia costera

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Pueblos guapos de Asturias: Puerto de Vega, un paseo por la historia del mar

Puerto de Vega es uno de los pueblos más guapos de Asturias, por votación popular. La que hizo LA NUEVA ESPAÑA entre cien conocedores de la región. La localidad de Navia quedó en el sexto puesto de un ranking que lidera Bandujo (Proaza) y que sigue, por orden, Lastres, Bulnes, Cudillero, Tazones y Puerto de Vega. Un ranking que hace justa distinción entre rincones de gran belleza de la región. En el caso de Puerto de Vega sus atributos son muchos y todos conectados con el mar.

Es raro que un viajero no se quede enamorado del pueblo marinero de Puerto de Vega. Situado en el occidente de Asturias, en el concejo de Navia, se protege del mar con dos escolleras. Y bien que lo necesita: fueron levantadas después de que en Fin de Año de 1998, cuando los jóvenes del pueblo volvían de la fiesta, encontraran el puerto destrozado tras un fuerte temporal. Aún se conserva parte de la antigua defensa, que es ese pedazo de muro conocido como “las almenas” precisamente por su forma. Era la protección que siglos atrás tenía el pueblo ante los piratas.

Zona de la cofradía de Pescadores. Miki López

De Puerto de Vega gusta el enclave, el cuidado paisaje, el relax del horizonte y los paseos. Los buenos paseos por sus calles descubriendo, por ejemplo, las decoraciones con huesos de ballena. Y es que Puerto de Vega también destacó en tiempos por su dedicación a la pesca del gran mamífero; de ello hace memoria el museo de la Ballena, que está situado detrás de la biblioteca municipal.

Uno de los que más y mejor conoce el devenir del pueblo es Ángel Méndez, bibliotecario y secretario de la Fundación Amigos de la Historia de Puerto de Vega. De paseo por la localidad, plaga su conversación de curiosidades. “La aduana más antigua de Asturias se encuentra aquí, en Puerto de Vega. Ahora está en ruinas, pero se va a restaurar para convertirse en Casa de la Juventud”, descubre.

Ángel Méndez, bibliotecario y secretario de la Fundación Amigos de la Historia de Puerto de Vega. Miki López

En el pueblo, durante el siglo pasado, llegó a haber tres fábricas de conservas. Pero lo que más capta la atención de los turistas son siempre las historias de ballenas cazadas; y no tanto por lo valioso de su carne como por su grasa. “Se pescaban con embarcaciones de madera, pinzas, en las que iban cuatro o cinco hombres remando; otro iba en la popa y había que sumar además al arponero”, explica Méndez. “La grasa de la ballena debía ser muy cotizada, decían que con eso iluminaban Madrid, las catedrales, los palacios...”, enumera.

Es precioso caminar por Puerto de Vega y bajar por sus calles, desde el Campo de la Telaya, en el que se encuentra la capilla y desde donde ya se puede observar el mar, hasta el muelle. Va el caminante dejando casas del pueblo al paso, y todas cuentan una historia. Pero quizás el patio más peculiar es el de Manuel García y Sofía Méndez , conocidos en el pueblo como “Valoro” y “Sufa”.

La colorida guitarra creada por “Valoro”, en el patio de su casa de Puerto de Vega. | Miki López

En su patio hay una colorida guitarra, visible desde muchos miradores naturales del pueblo. La construyó “Valoro” hace años y su nieta, Ángela García, es una de las que mejor conocen su significado. “Escogió la guitarra porque tenía la silueta de una mujer. A los dos lados hay una especie de corazones. Uno tiene dentro un timón y es un homenaje a su padre, al que no conoció, ya que falleció en un accidente en el mar, en un pesquero, cuando él tenía tres meses. El otro corazón se refiere a mi abuela. Toda la guitarra es de colores, menos el traste, que es gris porque es el camino de la muerte. Y al final, arriba del todo, donde tenían que estar los clavijeros, hay una corbata que simboliza la muerte, enterrada con traje. Luego, en la parte de abajo, en la caja de la guitarra, hay tres estrellas, una por cada nieta, Yoana, Silvia y yo. Un poco más arriba, a los lados, hay cuatro estrellas que simbolizan a sus dos hijos con sus mujeres. Luego hay una suma con cuadraditos azules, uno más uno, pero en este caso igual a tres: un hijo más un hijo igual a tres nietas”, relata Ángela con todo detalle.

Diego Fernández y su padre, José Arturo, en la rula de Puerto de Vega. Carmen Jaquete

De paseo por Puerto de Vega se aprecia que los jóvenes cada vez son menos en la zona. Los que hay trabajan en la industria de la comarca y ya casi nadie se dedica al mar. Solo hay un joven que nació con los genes marineros de la zona. Es Diego Fernández García (20 años), patrón de la embarcación “Playa de Coedo”. “El único joven de Vega y, si me apuras, de todo el Cantábrico”, dice Ramón Istillarty, armador del barco “Istillarty”.

Diego Fernández se dedica al mar por verdadera vocación “Desde pequeño me gustó esto; ya con seis años iba en la lancha con mi padre”, cuenta. Es, además, de los valientes que también se dedica al percebe, actividad peligrosa donde las haya: “Hay que tener respeto al mar, y tener cuidado, mucho cuidado”. Pero reconoce que miedo él nunca lo tuvo. Lo ratifica su padre, José Arturo Fernández Marea: “Lo llevábamos de pequeño al mar, al calamar, y teníamos que sujetarlo porque teníamos miedo de que se tirase al agua”. Por suerte para el pueblo, su intención es dedicarse a la pesca en Puerto de Vega toda su vida.

Juan Manuel Álvarez. Carmen Jaquete

La mayoría de las embarcaciones que se pueden ver en el muelle son de recreo y pertenecen a jubilados de la mar, que no pierden su pasión. Uno de ellos es Juan Manuel Álvarez Rodríguez, jefe de máquinas de la marina mercante, pero ya jubilado. Es de Vega “de toda la vida”. Comenzó a trabajar a los 14 años como pescador, más tarde su padre lo llevó al bonito y con 21 años se casó en la capilla de la Telaya con Justina Méndez.

Al año siguiente, “con 22 años, ya era jefe de máquinas de un barco, no como ahora que empiezan con treinta y pico. Y al mando ya de un buque de dos mil toneladas”, dice con orgullo. Estuvo nueve años en esa naviera, hasta que decidió que era el momento de estar más tiempo con la familia. “Cambié porque eran viajes muy largos, al golfo Pérsico, a Norteamérica… Y empecé en un barco cementero; estuve cuatro años en ese barco, el “encofrador” que cargaba en Gijón para las Rías Bajas”. Tras dos años en México, Juan Manuel Álvarez se quedó en tierra, pero su trabajo siguió ligado al mar, en astilleros Armón, en Navia, a unos 10 minutos de Vega. Ya de jubilado solía salir con sus amigos al mar, pero ahora ha tenido que dejar de hacerlo para cuidar a su madre en tierra: “No puedes estar doce horas en la mar pensando que en tierra en cualquier momento te van a necesitar”.

Una de las bonitas casas de Puerto de Vega. Miki López

La madre de Álvarez fue una de las muchas mujeres que en Puerto de Vega tejieron las redes de pesca de sus maridos y que, de forma indirecta, han sido y son fundamentales para la actividad. “Mi madre cosía las redes del barco de mi padre cuando se rompían; con ayuda de alguna mocina de este pueblo lo hacían en un almacén de casa”, recuerda. A estas mujeres, y a las que también se dedicaban a vender el pescado por los pueblos, cargando con él en una cesta en la cabeza, les rindió hace seis años homenaje el Ayuntamiento con una escultura, enfrente de la rula.

Puerto de Vega se revela así, tras el paseo, como un pueblo marinero que aún conserva la magia; y todos los 7 de septiembre, día de la víspera de sus fiestas patronales, se escuchan en la plaza de Cupido los cánticos al pueblo y a la mar.

Cómo llegar

Desde el centro de Asturias se puede llegar a Puerto de Vega por la autovía A-8. El visitante deberá tomar la salida 474, atravesar Villapedre y ya se llega al pueblo. Está a unos 7 kilómetros de Navia, y también se accede a él a través de la carretera NV-2, que parte de la N-634. Se puede bajar hasta el muelle, donde hay una gran explanada para dejar el coche.

No perderse

El pueblo ofrece muchos restaurantes para degustar buen pescado. Sus callejuelas son uno de sus grandes atractivos. Además desde el Campo de la Telaya se puede ver toda la costa y al atardecer ofrece unas puestas de sol inigualables.

Qué dicen

De sus canciones más populares destaca la que dice: “Desde la punta del muelle, ay, ay, ay, sí, sí, sí, hasta al café la marina, se pasean mis amores, ay, ay, sí, sí, sí, a todas horas del día”. Y una canción clásica de todo pueblo marinero: “Marino, marinero, deja el mar si se alborota; marinero, marinero, van cantando las gaviotas”.

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