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Una feria más lectora que se quedó sin brindis

Los libreros aplauden la ubicación de la cita en el muelle, pero los hosteleros lamentan los límites de horario: “Debemos unirnos con las atracciones”

Por la izquierda, Rafa Gutiérrez, Estefanía Álvarez, Diego González, Verónica Piñera y Oriol Diez. | JUAN PLAZA

Por la izquierda, Rafa Gutiérrez, Estefanía Álvarez, Diego González, Verónica Piñera y Oriol Diez. | JUAN PLAZA

Tras diez intensos días donde la literatura ha encontrado su fortín en Gijón, la “Semana negra” se despidió ayer tras más de 70 presentaciones de libros a sus espaldas y una retransmisión en directo por internet que no para de ganar audiencia. Pero todo esto, para los organizadores, debe quedar en el pasado. Ahora, los libreros y hosteleros, parte fundamental de este festival, se centran en esperar una “Semana negra” de la vieja normalidad. “Se ha notado la bajada de clientes”, aseguran estos últimos.

Cada sector defiende su parte. “Lo más importante es que vuelvan los aforos de las presentaciones; es lo que más gente nos trae”, comenta Estefanía Álvarez, librera de 4 Letras. No obstante, Álvarez coincide con Rafa Gutiérrez, de La Buena Letra, en que las cifras de ventas no son para quejarse. “Han sido muy buenas, más que otros años”, estima Gutiérrez. “En las presentaciones se notaba que no había ruido de fondo”, valora, por su parte, Diego González, de la librería Identidad Secreta, aunque entiende que estar separados de la zona más lúdica de la feria no se ha notado en las ventas.

A la hostelería, sin embargo, el cambio de ubicación por la pandemia le ha salido más caro. “Eran nueve años los que llevábamos en Naval Gijón y se ha notado la bajada de clientes”, reconoce Hernán Navarro, dueño de la Pulpería Mario. Para él, a esta “Semana negra” en el muelle gijonés “quizás le ha faltado algo de publicidad”, aunque entiende que el repunte de casos ha sido el mayor escollo. La otra carpa de comidas, gestionada por El Planeta, la sidrería Los Pomares y La Bodeguita del medio piden para otros años “poder cerrar algo más tarde”, en palabras del hostelero Roberto Cristóbal, así como “volver a unirse con las atracciones”.

“Rufo” para un técnico que aplazó su retiro

Ángel de la Calle, Basi Borrego y Ana González. | J. PLAZA

En la clausura de la “Semana negra” celebrada ayer se vivió uno de los momentos más emocionantes del certamen: el homenaje al veterano Basi Borrego, encargado del sonido del festival. “Se tenía que haber jubilado hace dos meses, pero ha pedido seguir para estar aquí”, contó de Ángel de la Calle, director de la feria. Para el aludido hubo una gran ovación y uno de los icónicos “Rufos”, la mascota oficial. “Siempre he tratado de trabajar bien y hacerlo a gusto, aunque yo creo que esta no será la última, igual sigo viniendo”, anunció entre risas Borrego. 

“Hemos tenido una ‘Semana negra’ fantástica”, valoró, por su parte, la alcaldesa de Gijón, Ana Gónzalez, presente en el acto de clausura. “Quienes han venido al festival han dado una lección de cultura, de entender lo que es la participación”, añadió la Regidora, que quiso destacar el “gran seguimiento nacional e internacional” en esta edición. Pero el ritmo no para, y “el festival de literatura más longevo del mundo”, como lo describió De la Calle, ya tiene un hueco en el verano gijonés: será del 8 al 17 de julio de 2022.

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