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El Caminín a Covadonga: aumentan las salidas al santuario desde Gijón y Oviedo

Las excursiones, que aumentan en verano, ofrecen un recorrido que se hace bien en dos días con algo de preparación y que alterna tramos por sendero y por carretera

Covadonga.

Covadonga.

Senderismo o peregrinación, deporte, ocio o fe, ir a Covadonga andando o en bicicleta es uno de los planes de grupo de cada verano. A mediados de los años 90 comenzó el marcaje de rutas hasta el santuario, desde Oviedo, Llanes y Gijón. En algunos tramos coincide con la ruta jacobea, así que se cruzan los peregrinos del camino con los del Caminín, que se hace bien en dos días, aunque conviene ir aceptablemente equipado y preparado físicamente.

El destino reúne la naturaleza de un parque nacional de montaña; la historia de haber sido origen del reino de Asturias y la religiosidad popular del santuario, el centro de peregrinación mariano protagonizado por la Santina. Estamos en año Jacobeo, algo que solo se produce cada vez que el 25 de julio cae en domingo y la Iglesia concede la indulgencia plenaria a quien peregrina a Covadonga. Por la Santina o por las endorfinas, el Caminín satisface, aunque haya tramos en los que es difícil seguirlo y bastantes kilómetros sobre asfalto.

Desde Oviedo

Oviedo es uno un punto de partida del Camino primitivo a Santiago. La Asociación de Amigos del Camino de Santiago Siero, Noreña y Sariego han parado su actividad hasta el mes de septiembre, donde se prevé que la vacunación haya llegado a un número importante de personas.

Por el momento, no ven ético juntar a un gran número de personas, señala Manuel Jesús Samartino, presidente de la asociación. A parte de potenciar el paso del camino de Santiago por el territorio asturiano, gestionan también el albergue de peregrinos de Pola de Siero.

tramo frondoso

En general, el camino Oviedo-Covadonga señalizado atravesando montes está muy abandonado y cuesta mucho trabajo seguirlo. Hay tramos de monte perdidos. “Algunas zonas boscosas tienen árboles caídos que hay que sortear” indica Samartino. En su grupo llevan a cabo el trayecto personas de 30 a 50 años y, en algunos tramos asequibles, se unen niños.

La ruta se puede realizar en diferentes etapas. Lo más común es empezar de sábado por la mañana y llegar a la misa de las 12 del domingo.

El camino por el monte se inicia en la Capilla de Covadonga en el barrio de San Lázaro y se sigue hasta Bendición, en Siero. Es un tramo muy urbano, por acera.

El segundo tramo llega al Alto del Espinadal en Nava, en la zona del Carbayín, una pista amplia nos adentra en Lamuño, donde se dice que está el centro geográfico asturiano y se conserva una interesante muestra de hórreos.

El camino va en bajada desde la Llosona, con importantes vistas al Norte y al Sur de la región, y el horizonte de la Sierra de Peña Mayor emerge al llegar al enclave de La Cruz que divide los concejos de Siero y Bimenes.

La tercera etapa del camino comienza en la Sierra de Peña Mayor tal y como indican las señales. Se abandonan los pueblos y se entra en la montaña. Se alternan zonas de pastos con otras de arbolado, en las que es agradable cobijarse en los días calurosos.

Las rutas a Covadonga

La primera parte discurre por la ladera norte, sobre la amplia llanura del centro del territorio asturiano. A partir del lugar denominado Les Praderes, cordales montañosos acompañarán a los excursionistas hasta el final del recorrido en Puente Miera.

Las zonas de monte están bastante perdidas. El concejo de Piloña tiene partes complicadas. Es una etapa muy interesante, con un desnivel importante, pero recmpensado por el paisaje tan bonito del centro de Asturias. Después se baja por unas pistas bien acondicionadas hasta Puente Miera, por la carretera de Infiesto, conocida como carretera de La Marea.

Una vez en Villamayor se toma dirección a Llames de Parres, el punto ideal por distancia y servicios para realizar tranquilamente esta última etapa. En este pueblo confluyen los caminos de Oviedo y Gijón y se sigue el Camin de la Reina hasta San Pedro de Villanueva, en Cangas de Onís. Esta en buenas condiciones y es cómodo.

A partir de Cangas hasta Covadonga se sigue el curso del río Piloña, que conecta con el Sella, por la carretera hasta Covadonga. El original se hacía por el monte, subiendo por detrás del cementerio, por el que se pueden disfrutar de grandes vistas a los Picos de Europa. Es difícil. Tiene bajadas complicadas por el terreno, por eso se va por la carretera.

Paco García es cofundador del grupo Andarines del Centro Asturiano de Oviedo y acaba de recibir la medalla de oro por haber completado un total de 20 marchas.

Recomienda a quienes hagan la ruta por primera vez “que entrenen bastante para pasarlo bien, sino es una paliza. Deben de entrenar poniéndose a caminar a paso ligero, a unos 5,5 kilómetros por hora”. Su grupo inicia el camino desde el Teatro Campoamor y tardan día y medio en llegar a la basílica.

Desde Gijón

Marcos y Luis Fernández estaban pasando un mal año y se prometieron que irían a ver a La Santina si todo salía bien. Desde entonces llevan peregrinando diez años, los últimos ocho seguidos. “Quien va a Covadonga por peregrinación siempre tiene una ofrenda”, confiesa Marcos Fernández.

Los que prueban, repiten, sea como un reto deportivo, como experiencia religiosa o como ocio, pero lo describen como “distinto a cualquier excursión”, “mágico”, “especial” y clave para “encontrarse a uno mismo”.

Desde Gijón suele seguirse el camino marcado por la Tertulia Cultural “El Garrapiellu”, optando el sendero y evitando el asfalto que “es más aburrido y machaca más”, según Manuel Blanco, peregrino desde hace 20 años con el grupo Covadonga.

Bajo la estatua de Pelayo, La Peñuca.

Lo tradicional es hacer la peregrinación a pie en un par de días: el primero de Gijón a Llames de Parres o Cangas de Onís; el segundo del lugar de pernoctación a Covadonga. Cada uno lo adapta a su manera. Del tirón, en una sola jornada o para disfrutar el fin de semana. Algunos en bici o corriendo.

Eusebio de la Vega, profesor del colegio de La Inmaculada, prefiere la bicicleta. “Es un reto, pero se pierden detalles. Lo ideal es hacerlo en 2 o 3 días para llegar más descansado y disfrutarlo más”, explica el gijonés.

Se parte del camping de Deva. De madrugada, alrededor de las cinco. El camino, que pasa por Peón y llega a Villaviciosa, es la parte más complicada del recorrido por las cuestas de los primeros kilómetros y la falta de luz. A partir del restaurante “Casa Pepito”, en Peón, se pueden seguir dos rutas. La original lleva a los peregrinos durante seis kilómetros por un camino con rodadas de tractores y un desnivel de alrededor del 12%. La ruta alternativa está asfaltada. Aunque acompañe el amanecer, la subida al Alto del Cordal es dura.

El objetivo es desayunar en Villaviciosa. En Niévares, se vuelve llano. Sin embargo, en palabras de Marcos Fernández, “parece que no avanzas”.

El Camino de Covadonga confluye en varios puntos con el Camino de Santiago, especialmente desde Gijón hasta Amandi. “Nos cruzamos con muchos peregrinos que iban a Santiago. Era interesante”, relata Sheila Pérez, una avilesina que hizo la ruta el año pasado y la repetirá este. Van en sentidos opuestos y pueden creer que vas mal orientado.

Tras la parada en Amandi el camino se une con la ruta de Los Molinos. Hay que prestar especial atención si llueve o ha llovido previamente porque el terreno suele estar embarrado y resbaladizo.

No mejora una vez que sales de esa ruta, pues antes de llegar a Sietes hay caminos muy estrechos y sin limpiar. Lo descuidada que está esta ruta disgusta a los peregrinos. Son ellos mismos los que tienen que volver a pintar todos los veranos las flechas amarillas que marcan el camino y abrir paso donde la maleza lo cierra. Algunos vecinos que ponen dificultades para pasar por caminos cercanos a sus fincas.

“Debería de estar mejor señalizado y más cuidado por parte del gobierno”, coinciden Eusebio de la Vega y Albino González, expresidente del grupo de montaña La Peñuca. El Camino de Santiago está más cuidado.

La próxima parada es Anayo. El objetivo de Marcos y Luis Fernández es llegar a este destino alrededor de la una de la tarde ya que, en caso de que esté cerrado el restaurante en el que suelen comer, tienen que caminar dos horas más hasta Miyares.

Por la tarde el recorrido es más sencillo, aunque es cuando más pega el sol. Es importante que ni las comidas ni los aperitivos sean copiosos. Manuel Blanco explica que “es mejor comer unos frutos secos o una onza de chocolate cada poco tiempo para mantener la energía en el cuerpo y no esperar a tener sed para beber”. La hidratación es fundamental.

La Asociación de Amigos del Camino de Santiago Siero, Noreña y Sariego siguiendo el Camín de la Reina.

A pesar de que esta parte de la ruta es generalmente llana, en Soto de Dueñas hay un tramo que se hace duro por el desnivel y el cansancio acumulado. Es primordial llevar una mochila adecuada, sin excesiva carga; ropa cómoda, que no roce, un buen calzado y unos calcetines nuevos que agarren bien los pies.

José Miguel Martínez, peregrino junto con un grupo de amigos desde hace 22 años, relata que “suelo llevar medio número más con una plantilla para notar menos el asfalto. Es importante no lavar el calzado el día de antes”. Recomiendan unos playeros de “trekking” con buena suela y muy usados, para asegurarse de que no hacen daño.

Albino González Ordiz es expresidente de La Peñuca, que hace excursiones todos los fines de semana y en mayo va a Covadonga. “Llegamos a ser 85 personas. Llevamos un autocar con las mochilas, como de escoba. Si alguien va rezagado se puede subir. Eso da confianza. No recomiendo hacerlo solo, pero en ese caso hay que estudiar el recorrido: son muchos kilómetros y hay que saber dónde quedarse.

La pernoctación tiene dos lugares característicos: Llames de Parres y Cangas de Onís. Para los que se deciden a hacer unos kilómetros más hasta el “Puentón”, el final de la primera jornada se divisa al llegar a El Romillo, donde aparecen emociones encontradas por la alegría de ver que estás llegando a tu destino y por el desgaste físico.

A la madrugada siguiente, todos salen de la cama para poner rumbo a la Cueva de Covadonga. El segundo día es más llevadero y en su mayoría por asfalto: 10 kilómetros para los que hicieron noche en Cangas de Onís y 22 kilómetros para los que optaron por Llames de Parres.

En este último “tirón” se unen jóvenes como Agustina Castelo, que subió a Covadonga junto con el obispo y los Jóvenes por el Reino Cristo, una agrupación de diversas parroquias que se encuentran para rezar, formarse y ayudarse mutuamente. Una tradición cobró especial sentido cuando comenzó a ser creyente. “Era como ir a ver a mi madre y decirle aquí estoy contigo”.

Lo más emotivo de la llegada a Covadonga es el encuentro de todos los peregrinos. Manuel Blanco y el grupo Covadonga optan por hacer el camino cada uno por su cuenta y juntarse allí. “Es importante seguir tu propio ritmo”. Hacen la ofrenda a la Santina y en la comida se cuentan las vivencias.

Albino González y La Peñuca llegan, igualmente, para la misa del Peregrino y hacen una ofrenda floral a la Virgen. “Lo más guapo es estar todos en la misa y que el abad diga que los montañeros de La Peñuca vuelven un año más. Es reconfortante”.

Marcos y Luis Fernández llevan una vela a modo de ofrenda desde casa para ponerle a La Virgen de Covadonga a su llegada, siempre alrededor de la una para escuchar las campanas.

Jose Miguel Martínez, junto con su grupo de amigos, se anima a subir hasta los lagos, donde les esperan más amigos y familia para comer.

La parroquia Inmaculada de Concepción de Herencia y la de Bolaños de Calatrava, ambas de Ciudad Real, se echan al camino movidas por la fe. Son un grupo de jóvenes fieles con dos sacerdotes. Su lema es “Peregrino Virgen de Covadonga, es Reina y Madre”. No realizaron las rutas como tal, recorrieron los Picos de Europa y visitaron los Lagos aprovechando el entorno para sus momentos de fe y catequesis. “A los jóvenes les gustó mucho y aprendieron lo que suponía Covadonga en la historia” explican desde la parroquia.

En la bici, Eusebio de la Vega.

En la bici, Eusebio de la Vega.

Javier Remis trabaja en el Museo de Covadonga y ahora también es el encargado del teléfono de la oficina de información. Señala que en verano los turistas que frecuentan el lugar vienen desde Madrid, Barcelona y últimamente, muchos, de Portugal. “Los caminantes a Santiago se desvían de la Costa para visitar a la Santina, además de pedirnos que firmemos su credencial”.

Al final, el Camino de Covadonga es más que una ruta con significado religioso. Hay emociones, se conocen personas y se conecta con uno mismo.

“Esta peregrinación me ha permitido percibir que casi todos llevan dentro algo que les hace caminar hacia Covadonga. La alegría que se nota al llegar y los sentimientos que florecen creo que son fruto de ello. Ir a la Cueva y visitar a la Virgen de Covadonga tiene algo muy especial que no siempre es fácil describir con palabras”, explica el profesor de la Inmaculada Eusebio de la Vega.

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