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De guapo subido |17| ESPINARÉU (PILOÑA)

Espinaréu, un tesoro de otro tiempo en Piloña

El pueblo de Asturias que concentra más hórreos en menos espacio es destino “fetiche” para el turismo rural

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Espinaréu, un muséo vivo del hórreo y un pueblo guapu donde los haya Luisma Murias

Su tejo de más de 400 años es el mejor ejemplo de que entrar en Espinaréu (o Espinaredo) es como viajar en el tiempo. Dicen que el fruto de este centenario árbol envenenó a numerosos celtas, pero no a los vecinos de esta pequeña localidad, que afirman haberlo probado como si de un ritual se tratase. En esta parroquia de Piloña, que cuenta oficialmente con 20 hórreos y 6 paneras, era común que las familias hiciesen cestos o madreñas y vendiesen la leche de sus vacas para la Central. En la actualidad, en invierno hay en torno a 50 casas habitadas y muchos de sus vecinos aún viven del campo, aunque el turismo rural cada vez coge más fuerza, acogiendo cada verano a visitantes de toda España, que buscan un lugar tranquilo para su retiro vacacional, pese a que luego se quejen de la mala cobertura.

Esto lo sabe José Luis Diego, que fue capataz de obras públicas y concejal en Infiesto, además de haber trabajado en la fábrica de Nestlé de Sevares. Ahora, regenta una casa rural en el pueblo y cree que “el futuro del hórreo está en su uso habitacional”. Las calles de Espinaréu le traen a José Luis muchos recuerdos de su infancia: “Sobre todo me acuerdo de pescar truchas en el río, uno de cada lado, y de las fiestas de agosto, donde venía muchísima gente. Había misa y luego se bailaba al son de la gaita y del tambor”. Además de un río truchero por excelencia, que paradójicamente se llama Infierno a la altura de la iglesia, Diego resalta la importancia que tenía el pueblo para los cazadores. “Ahora los cotos ya no existen, pero aquí venían las familias más pudientes de Asturias, como los Argüelles y los Tartiere. Todos tenían sus casetas donde dormían después de cazar”, dice.

También recuerda con especial cariño al cura Don Demetrio, famoso por sus “misas exprés”, a las que los vecinos acudían en masa dada su brevedad. “A mí me casó en 17 minutos de reloj”, relata entre risas.

Una de las personas que más sabe de Espinaréu es Mari Ángeles Cuyar, vecina del pueblo desde que era pequeña. Antes de empezar con su particular guía, matiza que Espinaréu no es en sí un conjunto, sino que está disperso en 15 barrios, siendo La Villa y El Sotu los más importantes. Por otro lado, puntualiza que no es cierto que el pueblo sea el que tiene más hórreos de España, pero sí en el que éstos están más concentrados en menos espacio. Otro de los símbolos del lugar es la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, del siglo XVII, aunque “se dice que podría ser anterior”.

Vistas de Espinaréu desde la parte alta del pueblo. Luisma Murias

Una de las tres reformas a las que fue sometida, la hizo el orfebre sevillano Manuel Román, que pintó el retablo con escenas de la Biblia. “Dormía en la iglesia y se despertaba para pintar cuando le venía la inspiración, muchas veces de madrugada. Era uno más del pueblo y años después volvió con sus hijos”, cuenta Cuyar del artista que “apadrinaron”.

Pero Manuel Román no fue el único artista que se inspiró en Espinaréu. Cuenta la leyenda que el pintor impresionista Nicanor Piñole sufrió un mareo mientras pintaba en el pueblo y fue rescatado por una vecina, que lo recogió, lo cuidó y tuvo su premio en forma de “un buen pellizco” de la herencia del pintor. Por otro lado, la concentración de hórreos no le fue suficiente al dibujante Alfonso Iglesias, que según él le echaba imaginación eliminando una de las casetas en sus dibujos para que se apreciasen nueve hórreos juntos –algo que a simple vista es imposible–. Como personaje ilustre, la piloñesa destaca a su propio tío –Manolo Cuyar– mutilado de guerra y “conocido por todas las esquinas de Asturias”.

La antigua escuela de Espinaréu es otro de los puntos de interés. El centro educativo –que estaba dividido por sexos en dos espacios– cerró hace más de 40 años, pero desde 2019, su parte baja ha sido reconvertida en la sede de la asociación vecinal “Amigos de Espinaredo”, que ya cuenta con cerca de 200 miembros. Además, Espinaréu cuenta con “La Molinera”, uno de los tres molinos que está en funcionamiento de todo el oriente asturiano y es también muy apreciado por los excursionistas, ya que según José Luis Diego “la zona es muy buena para caminar”.

En lo relativo a los hórreos, el mayor experto del pueblo es Javier Espina, un jubilado de la banca que se enorgullece de “haber arreglado la misma casa en la que nació”. A caballo entre Gijón y Espinaréu, tal es su pasión por el hórreo que hace maquetas a mano, usando tejas y barro cocido que tienen que moldearse al horno. Además de ser un “manitas”, Javier conoce todos los secretos de estas construcciones rurales. “El hórreo más antiguo es el de las pinturas, que data de 1548. Incluso la gente rezaba allí en una especie de humilladeros con la virgen en una esquina”, confirma. Otra de las curiosidades es una ley no escrita que no se cumple. “Siempre se dijo que hórreo con pegollo de piedra es igual a hórreo privado, pero aquí hay varios así que son públicos”, señala Espina. Él tal vez sea el más nostálgico de los vecinos y el que recuerda con más certeza las trastadas que hacían de pequeños: “Les robábamos las manzanas, las cerezas y las peras a aquellos que no lo soportaban, nos bajaban en burro a todos los monaguillos... Antes había guajes y veías gente, debajo de cada hórreo había mucha vida”.

Por otra parte, Piloña es uno de los rincones más avellaneros de Asturias y el primer domingo de octubre se celebra en Infiesto el Festival anual de la Avellana. Espinaréu destaca dentro del concejo por la calidad de sus avellanas y cuenta con una superestrella de su recogida. Isolina Lobeto –que vive en una de las casas más antiguas del pueblo– es la vigente campeona del concurso. De hecho, ha ganado tantas veces que dice “haber perdido la cuenta”. Cabe destacar que antes se recogían las avellanas “de clase Espinaréu” y se enviaban a sitios como Tarragona o Londres, donde eran muy apreciadas.

En la encuesta de LA NUEVA ESPAÑA –donde cien asturianos votaron el pueblo más bonito de Asturias– Espinaréu terminó en la posición 17, pero en el corazón de sus vecinos, merecía estar en el número uno. “Este conjunto metido en el valle es una preciosidad”, señala José Luis Diego. “Vienes aquí y con estas vistas te olvidas de todo”, afirma Javier Espina, para quién “lo mejor es la tranquilidad”. Por su parte, Mari Ángeles Cuyar concluye que “hórreos hay en todos lados, pero el de Espinaréu es un paisaje inigualable que no hay en otro lado”.

Espinaréu se encuentra en el concejo de Piloña, a 8 kilómetros de Infiesto, a 52 kilómetros de Oviedo y a 56 kilómetros de Gijón. Desde la capital asturiana en coche se va a por la A-64 para desviarse por la N-634. Desde Gijón, la opción más rápida es tomar la AS-I hasta Pola de Siero y después la N-634 hasta Infiesto, donde hay que buscar el enlace con la carretera local PI-4 que llega al pueblo.

Junto al tejo y a la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, hay un mapa que indica el lugar de cada hórreo y cada panera para poder verlos todos. También es imprescindible subir a alguna de las partes altas del pueblo para disfrutar de las vistas del valle.

Sin salirse de la orilla del río Infierno –que lejos de hacer honor a su nombre tiene el agua muy fría hasta en verano– está el área recreativa de La Pesanca. Se trata de un merendero que se ubica en un espectacular bosque de robles, castaños y avellanos, a 8 kilómetros de Espinaréu. Los vecinos del pueblo lo recomiendan por la variedad de la vegetación, la magnitud de las cascadas y la posibilidad de hacer rutas de senderismo.

Cómo llegar

Espinaréu se encuentra en el concejo de Piloña, a 8 kilómetros de Infiesto, a 52 kilómetros de Oviedo y a 56 kilómetros de Gijón. Desde la capital asturiana en coche se va a por la A-64 para desviarse por la N-634. Desde Gijón, la opción más rápida es tomar la AS-I hasta Pola de Siero y después la N-634 hasta Infiesto, donde hay que buscar el enlace con la carretera local PI-4 que llega al pueblo.


No perderse

Junto al tejo y a la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, hay un mapa que indica el lugar de cada hórreo y cada panera para poder verlos todos. También es imprescindible subir a alguna de las partes altas del pueblo para disfrutar de las vistas del valle.

Qué dicen

Sin salirse de la orilla del río Infierno –que lejos de hacer honor a su nombre tiene el agua muy fría hasta en verano– está el área recreativa de La Pesanca. Se trata de un merendero que se ubica en un espectacular bosque de robles, castaños y avellanos, a 8 kilómetros de Espinaréu. Los vecinos del pueblo lo recomiendan por la variedad de la vegetación, la magnitud de las cascadas y la posibilidad de hacer rutas de senderismo.

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