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"Azucre", la inocencia de la esclavitud

La escritora Bibiana Candia presenta su última novela, que relata el maltrato a los gallegos que migraron a los campos de azúcar de Cuba: "Hay que dejar constancia de lo que ocurrió"

La escritora Bibiana Candia, junto a Verónica García, ayer, durante su intervención en la Semana Negra.

Dice la escritora gallega Bibiana Candia que su última novela "huele a mar y sabe a pan". Y lo explica: "A mar por su relación con Galicia y a pan porque nuestro protagonistas sueñan con él, con un pan blanco". La obra se titula "Azucre" y cuenta la historia, real, de 1.700 jóvenes gallegos, "rapaces", que en 1853 viajaron a Cuba para trabajar y ganar dinero, pero que terminaron vendidos como esclavos a una plantación de azúcar. "Cuando descubrí la historia pensé: cómo es posible que no esté apegada a la conciencia gallega, que no se hable de ello", señaló Candia, presente ayer en Gijón en el marco de la Semana Negra: "Por eso quise recuperar las voces de estos protagonistas, para dejar constancia de lo que les ocurrió".

La gallega, que en la presentación de ayer estuvo acompañada por la periodista Verónica García-Peña –moderadora del acto–, explicó que para retratar esta historia se documentó con archivos históricos para conocer el contexto social y político de la época y con "las pocas cartas que habían dejado los rapaces". A la hora de plasmar en el papel estos hechos, Candia rompe con la estructura tradicional, porque no hay diálogos en el libro, aunque en él sí se recogen los pensamientos de los protagonistas. "La literatura, tal y como la entiendo, tiene que buscar la belleza. Sobre todo en una historia tan cruel como esta. Era necesario contrarrestar esto, y para ello juego con la imaginación del lector. Él continúa lo que no está escrito", aclaró Candia.

A lo largo de la novela, la autora juega también con la inocencia de los niños y los hechos que conoce el lector. La narradora sabe todo lo que sucede, tiene un contexto político de la época, conoce lo que dicen las Cortes de Cádiz y Urbano Feijoó Sotomayor, el empresario que promovió la marcha de los protagonistas a Cuba. "Los niños no entienden por qué los trasladan en un barco como si fueran animales", concretó la gallega. No obstante, esta inocencia no prevalece: "Tísico (uno de los protagonistas) representa el proceso mental más adulto, él desde el principio sabe que morirán en ese campo de esclavos", expuso la autora.

Además, entre los personajes también hay dilemas e hipocresía. A su llegada a Cuba, por ejemplo, son recibidos por un antiguo esclavo, aunque él ya no se considera como tal. "Él es el fruto de su propia desgracia. No es consciente de que continúa como esclavo. Cuando cierra la plantación, él se queda dentro", explicó Candia.

Y como en esta historia su autora quiere otorgarle el protagonismo a los 1.700 jóvenes esclavizados, el título de la obra es también una alusión a su vivencia. "Los niños llamaban ‘azucre’ al azúcar de la plantación, aunque nunca lo llegaron a probar, y ya que la historia de este libro es suya y la narran ellos, lo justo era dejar que el título lo pusieran ellos también", desveló la autora.

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