El aumento del nivel del mar y de los eventos meteorológicos extremos amenazan con colapsar en los próximos años zonas litorales de todo el mundo, también en España. Desaparición de playas, marismas y humedales, inundaciones costeras, erosión del litoral, temporales, intrusión de agua salobre… Son algunos de los efectos del cambio climático que amenazan a las costas españolas y que han sido recogidos en el informe ‘Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España’, que ha hecho público el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

El nivel del mar ya ha aumentado 20 centímetros desde finales del siglo XX. Pero va a más: ya se sitúa en hasta tres milímetros al año de media. Las últimas proyecciones globales de aumento del nivel del mar realizadas por los científicos apuntan a que podría alcanzar en 2100 entre 29 centímetros en el escenario más favorable y 110 centímetros en el más desfavorable, con 53 centímetros como media más probable, lo que afectaría a miles de localidades costeras en todo el mundo.

Hay notables diferencias entre las diferentes costas. Así, en el Delta del Ebro la velocidad de ascenso del mar alcanza entre 5 y 8 milímetros al año, la más alta de toda España.

El informe cuantifica también qué supondrá este fenómeno desde el punto de vista ecnómico. En Europa, los costes de las inundaciones costeras y la erosión podrían alcanzar en 2050 entre 6.500 millones y 40.000 millones de euros al año, en función del escenario de emisión y socioeconómico seleccionado. El número de personas afectadas podría variar entre 460.000 y 740.000 cada año.

Pero hacia finales de siglo los costes podrían dispararse, lo que, según Transición Ecológica, constata la importancia de impulsar estrategias de mitigación y de adaptación al cambio climático. Sin ellas, en 2100 los daños asociados a inundaciones costeras podrían alcanzar entre 93.000 millones y 961.000 millones de euros y el número de personas afectadas ascendería a entre 1,5 y 3,65 millones.

Riesgo de inundación

Los eventos extremos serán más frecuentes e intensos, alerta el informe ministerial. La costa mediterránea española presenta valores de vulnerabilidad y exposición «altos» o «muy altos» comparados con los de otras zonas del Mare Nostrum, donde las amenazas climáticas son mayores.

Los expertos sospechan que esta circunstancia tiene que ver con la elevada densidad de población, ya que presentan resultados similares la costa suroeste francesa y la costa norte del Adriático. La cota de inundación podría aumentar en España en 2040 un 8 por ciento respecto a la actual en las costas atlántica y cantábrica y en el mar de Alborán; alrededor del 6 por ciento en Canarias, y entre un 2 y un 3 por ciento en el resto de la costa Mediterránea y el Golfo de Cádiz.

En Bilbao, por ejemplo, la cota de inundación podría aumentar de los 3,85 metros de 2010 a 4 metros en 2040, y su frecuencia aumentará de una vez cada 50 años (2010) a una vez cada 15 años en 2040. En Barcelona, por el contrario, no se esperan cambios en intensidad y el aumento de la frecuencia será también menor (pasará de 50 a 40 años).

La erosión

Los procesos de urbanización ya están contribuyendo a la erosión de la costa, pero ésta se verá intensificada por los efectos del cambio climático. Canarias, Galicia y la costa cantábrica son las zonas donde puede haber un mayor retroceso de la costa, de hasta tres metros en 2040. En el Golfo de Cádiz y la costa mediterránea el retroceso podría ser de dos metros, mientras que será de 1,5 metros en el resto del litoral español.

En 2040 se espera un aumento de alrededor del 20 por ciento en la erosión, que será más acentuada en la costa cantábrica, algunos puntos de Cataluña y el Delta del Ebro. Por el contrario, en el levante, Canarias, Baleares y la zona del Mar de Alborán y Golfo de Cádiz la erosión será menor, de entre el 5 y el 10 por ciento.

Las playas

La confluencia de factores naturales, antropogénicos y el cambio climático amenazan con reducir la extensión de las playas, pudiendo incluso muchas de ellas desaparecer. En España se esperan retrocesos de playa importantes, sobre todo en el cantábrico, Galicia y Canarias, según alerta el informe. En la costa catalana la línea de costa retrocederá en torno a 20 metros en 2050, según las proyecciones en el escenario más favorable, pero podría alcanzar los 41 metros en el peor de los casos. Además, el ascenso del nivel del mar y la mayor frecuencia de mareas de tormenta afectarán también a la función de protección que ofrecen las playas frente a eventos costeros extremos.

Las marismas

La notable pérdida de hábitats de vegetación costera observada durante las últimas décadas ha generado una mayor vulnerabilidad de las costas ante procesos de erosión y de aumento del nivel del mar. Las marismas tienen la capacidad de adaptarse a los aumentos del nivel del mar, sirviendo así de protección de las costas. Pero solo hasta cierto punto y en función de que tengan espacio para «desplazarse» hacia el interior, algo que en muchos puntos del litoral español no sucede por la intensa urbanización de la costa.

Las marismas son, además, importantes reservas de carbono, por lo que su pérdida provocaría un «efecto de retroalimentación» que podría afectar a los objetivos de mitigación. Varios estudios señalan que las marismas podrían perder entre el 20 y el 90 por ciento de su superficie en los próximos años debido al ascenso del nivel del mar, lo que dará lugar a una pérdida importante de biodiversidad.

Los humedales

Las principales pérdidas en este apartado se esperan en los parajes ubicados en entornos urbanos, industriales o cuyos alrededores hayan sido antropizados, «como la ría de Avilés, Bilbao o Ferrol», apunta el informe. El estudio también cuantifica las pérdidas de humedales en toda la costa española y su impacto económico en término de pérdida de los servicios ecosistémicos que proveen. Así, por ejemplo, en 2040, los daños económicos por inundación permanente podrían alcanzar el 0,12 por ciento del PIB en Cantabria (sobre el del año 2008), la provincia más afectada de la costa cantábrica en este apartado.

La posidonia

«Las praderas submarinas se encuentran actualmente bajo estrés debido al cambio climático», recoge el informe. Y las olas de calor provocan mortalidad masiva en diferentes especies. De hecho, en las costas españolas uno de los impactos más relevantes sobre los ecosistemas del cambio climático es la pérdida de praderas de Posidonia oceanica, ecosistema endémico y emblemático del Mediterráneo. La densidad de este ecosistema podría reducirse al 10 por ciento de la actual. El uso de praderas de posidonia como ‘medida verde’ de adaptación al cambio climático en estuarios y zonas portuarias ha sido testado en Cataluña. Se ha comprobado que atenúan el oleaje y el rebosamiento de la lámina de agua, al menos para un aumento del nivel del mar intermedio.

Los puertos

Ya en 2014 varios estudios preveían una pérdida de operatividad y fiabilidad de las infraestructuras portuarias, especialmente en el Cantábrico, Canarias y Mallorca, como consecuencia de los impactos del cambio climático tanto sobre la propia infraestructura portuaria como sobre su funcionamiento. En Cataluña, incluso un ascenso moderado del nivel del mar afectaría a la vulnerabilidad de 47 puertos, y en varios de ellos la altura de las olas será en unos años un 20 por ciento mayor que en la actualidad. En algunos puertos españoles se registrará asimismo una «reducción drástica» en el tiempo de operatividad, cifrada en el 40 por ciento sobre el actual si el nivel del mar aumenta 26 centímetros en 2050 y 63 a final de siglo.

La biodiversidad

Hay más: «El cambio climático representa un gran riesgo para los ecosistemas y la biodiversidad terrestres, acuáticos y marinos, así como para los servicios de los ecosistemas que proveen al ser humano», indica el informe. Y generará «cambios en la distribución geográfica de especies, los patrones de migración, reproducción, abundancia e interacción entre especies, aumentando las tasas de extinción, especialmente en la segunda mitad del siglo XXI». En cuanto a los ecosistemas costeros, las principales amenazas son “el calentamiento del océano, la acidificación, la pérdida de oxígeno y el aumento del nivel del mar”, apunta el documento.

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