08 de octubre de 2013
08.10.2013

Patatas a la bicicleta, los jueves en la tienda bar La Nava. | ana paz paredes 

Los jueves toca pedalear

Gonzalo Ardisana y Violeta Rivero regentan el bar tienda La Nava, en Libardón, un local entrañable que tiene como especialidad las patatas a la bicicleta

08.10.2013 | 01:55
Gonzalo Ardisana Suárez, en el exterior de su establecimiento, con algunas casas de Libardón al fondo. | ana paz paredes

No dejan de sorprender estos primeros días de otoño, llenos de sol y aire caliente, como si Asturias no quisiera despedirse definitivamente de un verano que, nos guste o no, ya nos dijo adiós. Sin embargo y como esta tierra nuestra se ofrece siempre atractiva e interesante durante las cuatro estaciones del año, el paisaje, la gente y la buena comida nos siguen esperando en muchos rincones del Principado. Así, por ejemplo, el concejo de Colunga, en el oriente asturiano, tan conocido por su costa y por sus playas, presume de la misma forma -y con razón- de un paisaje interior de gran belleza donde también cobran protagonismo sus pueblos. Tal es el caso de Libardón, cuyo nombre hizo famoso uno de los grandes gaiteros de nuestra tierra: Ramón García Tuero.

Esta aldea asturiana dista unos diez kilómetros de Colunga, la capital del concejo. Allí, al borde de la carretera, sin llegar a entrar en Libardón y continuando apenas unos metros más adelante en dirección a Infiesto, se encuentra uno de los locales señeros de la zona: comercio tienda bar La Nava, que desde hace veinticinco años regenta el matrimonio formado por Gonzalo Ardisana Suárez y Violeta Rivero Redondo.

Bar sencillo, de pueblo de toda la vida, no ha perdido su identidad con los años. Su autenticidad se mantiene no sólo en sus sobrias mesas de madera o en las zapatillas y madreñas apiladas en una esquina; también en sus dueños, que aquí y allá, en las paredes del establecimiento, guardan numerosos recuerdos de las fiestas, de grupos de cazadores o de esos turistas que, desde Valencia, les enviaron una entrañable foto dedicada.

Mientras el olfato percibe que Violeta está terminando de cocinar algo rico en sus fogones, la vista se pierde por sus casi históricas botellas o se posa en esos chorizos caseros que cuelgan del techo, pues no hay que olvidar que este bar sigue ejerciendo como tienda, algo ya muy poco usual en los pueblos de Asturias.

Además de las mesas del chigre y otras tres en el exterior, el local cuenta con un comedor pequeño y acogedor donde, sin duda, el hambre se olvida mirando al Sueve, protagonista absoluto en sus ventanas. Desde allí también se pueden ver el mar, Carrandi y La Zorea como comenta Gonzalo, quien al tiempo recuerda lo que sirven durante el fin de semana: fabada, carne guisada, costillas, pollo al ajillo, codillo, merluza, chipirones, calamares y el plato de la abuela con dos variantes donde los huevos fritos con patatas se pueden acompañar, bien con lomo, bien con chorizo y jamón frito. De postre, arroz con leche o flan de la casa. Luego, por semana, cada día tiene su menú. Así, el lunes hay pote; el martes, garbanzos; el miércoles, fabes pintes con arroz, y los jueves patatas a la bicicleta, curiosa definición que nada tiene que ver con el contenido de tan suculento guiso. Inútil buscar una manillar entre las patatas ni un maillot amarillo escondido por las costillas. "El nombre se lo puso un paisano cuando las vio. "Mira, patatas a la bicicleta", dijo, y así le quedó", explica Gonzalo.

Abren todos los días y también preparan comidas por encargo.

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