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Un camino entre pucheros

Tradición chigrera desde 1931

Rafael Rodríguez y Natalia Menéndez regentan Casa Chuchu, en La Veguina (Turón), bautizada con el apodo del abuelo del primero

Tradición chigrera desde 1931

Rafael Rodríguez Gutiérrez es un gran conversador y al tiempo un buen informante sobre lo que se sirve en el local que regenta junto a su mujer, Natalia Menéndez Ruiz, en La Veguina, en el valle de Turón (Mieres). Se trata de la sidrería restaurante Casa Chuchu, nombre que se debe al apodo del abuelo del primero, Sabino Jesús, a quien todos conocían por "Chuchu". "En 1931 puso un bar. Durante la guerra aquello paró y tras acabar la contienda abrió el bar bajo la casa donde vivía, y era mi abuela, Iluminada, quien cocinaba y quien también probaba los vinos y elegía", recuerda Rafael al tiempo que atiende a su clientela fiel.

De sus diez hijos, el continuador fue Rafael Rodríguez, padre de Rafael, quien además de ser también transportista compró un bodegón en La Veguina donde daban vinos y cuatro cosinas para picar que su mujer, Guillermina, cocinaba como nadie: callos, mejillones y almejas a la marinera. "En 1985 mis padres cogieron el bar Toli, antiguamente éste, y en 2007 lo compramos mi mujer y yo y le llamamos Casa Chuchu. Lo remodelamos y le dimos nuestro toque personal", añade Rafa.

Natalia, a quien siempre le gustó la sidra, ya escanciaba de cine con 20 años y obtuvo varios premios en diferentes concursos de escanciado. "La sidra me tiró desde siempre, me metí mucho en este mundo y ahora también en el de la cocina", dice sonriente. Y es que ella, que tuvo como grandes maestras a su suegra y a su madre, está desde 2014 al frente de los fogones de la sidrería restaurante. "Siempre me gustó cocinar tanto como comer. Soy muy curiosa, y teniendo como base la tradición también me gusta mucho innovar, darles a los platos mi toque".

En Casa Chuchu no hay menú, excepto los que hacen concertados para grupos, pero sí una carta singular donde platos tradicionales se muestran renovados. Junto con la fama que tienen en la zona tanto el pote como la fabada, entre otras tentaciones están las croquetas, ensalada del pulpo a la plancha con queso de cabra, zamburiñas, arroz con boletus, magret de pato y tres leches de Pría o el negro con calamares y alioli tostado, manos de cerdo con langostinos, carrilleras ibéricas glaseadas con parmentier de patata, pluma ibérica con puré de apio-nabo, manzana asada y mojo picón, pixín con pulpo y salsa de centollo o bacalao. Entre los postres, impresionante su milhojas, aunque la tarta Tatín y la de queso no se quedan atrás.

Justo en su frontal, donde también tiene una terraza, hay un parque con espacio de juego para los más pequeños. Hay sitio para aparcar muy cerca del local. Los martes cierra por descanso. El fin de semana es necesario llamar y reservar en el 985430226.

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