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Las montañas de Dios huelen a galleta en Aguilar de Campoo

La exposición "Mons Dei", que aborda el significado de las cumbres en las grandes religiones del mundo, abre hasta noviembre en la villa palentina, ubicada en las estribaciones de los Picos de Europa

La iglesia de Santa Cecilia, una de las dos sedes de "Mons Dei" en Aguilar de Campoo.

La iglesia de Santa Cecilia, una de las dos sedes de "Mons Dei" en Aguilar de Campoo.

No ha sido casual la elección de Aguilar de Campoo para acoger la exposición de Las Edades del Hombre de este año. "Mons Dei" es el título de la muestra, la número 23 de las impulsadas por la fundación para acercar al gran público la ingente cantidad de obras de arte sacro repartidas por las majestuosas catedrales de Castilla y León y sus museos, pero también guardadas en las más pequeñas ermitas de los numerosos y recónditos pueblos (algunos deshabitados) castellanos.

La villa palentina se ubica a orillas del río Pisuerga, y además en las estribaciones de los Picos de Europa, por lo que es uno de los mejores escenarios para "Mons Dei", que pretende explicar el significado de la montaña en las grandes religiones del mundo, con especial atención a la cristiana, en "un empeño en convertir cada edición de Las Edades en un diálogo entre fe y cultura".

El montaje se reparte entre dos sedes, la iglesia de Santa Cecilia, primera parada, y la colegiata de San Miguel. Ambos escenarios están separados por un agradable paseo de unos veinte minutos. Santa Cecilia se levanta a las afueras de la villa, a los pies de las ruinas del castillo del siglo XI asentado sobre un antiguo castro celtíbero. Dos de los siete capítulos de la muestra se ubican aquí. Es una visita que tranquilamente se puede realizar en menos de una hora y destinada a profundizar en la simbología de la montaña en la tradición cristiana, así como en el hinduismo, el budismo, la Grecia clásica, las civilizaciones precolombinas o el Islam. Para ello se reúnen curiosas piezas, como un altar de Buda del siglo XVII procedente de China o una montaña taoísta del XVIII de Hong-Kong, entre muchas otras.

No se puede ir uno de Santa Cecilia sin subir hasta las ruinas del castillo y disfrutar de sus impresionantes vistas, tanto de Aguilar como de los campos que la rodean. En ellos se levantan Las Loras, un llamativo paraje dominado por caprichosas formaciones geológicas esculpidas hace millones de años. Destaca el Monte Bernorio, que acoge los restos de un castro prerromano, uno de los mayores asentamientos de este tipo de Europa. El monasterio de Santa María la Real, en la carretera de Cervera del Pisuerga también se divisa desde el castillo, al igual que el embalse, considerado la "playa" de la comarca durante el caluroso y seco verano castellano.

Toca desplazarse hasta el centro de Aguilar, a la plaza Mayor, donde se levanta la colegiata, para completar la visita a la exposición "Mons Dei". En esta sede se exhiben algunas de las obras más valiosas de destacados artistas como Gregorio Fernández, Juan de Juni, El Greco, Goya o Berruguete. Este templo gótico guarda el Museo de Arte Sacro y los sepulcros de los marqueses de Aguilar y del arcipreste García González, perfectamente integrados en la muestra a lo largo de un recorrido que llevará una hora larga.

Al salir merece la pena darse un paseo por la plaza mayor y su bonito conjunto arquitectónico con edificios blasonados. Sobresale la Casa de los VII Linajes, de estilo mudéjar, o la de los citados marqueses. Detrás de la colegiata se ubica la puerta del Hospital, un agradable rincón donde descansar unos minutos a orillas del Pisuerga sentado sobre el bonito puente de piedra. Hacia el este, en la plaza Ursi, se ubica el museo que alberga las obras del escultor de Aguilar Ursicinio Martínez (1932-2007).

Y todo esto en una visita que sabe o mejor dicho huele a gloria, sobre todo, para los más golosos. Aguilar de Campoo es conocido como el "pueblo de las galletas" y hace honor a su nombre con un rico olor que impregna todos y cada uno de sus rincones procedente de las fábricas que se ubican a las afueras. En los años 60 se asentó una industria galletera que a día de hoy ha logrado sobrevivir no sin esfuerzo y grandes disgustos (nadie olvida el cierre de Fontaneda en 2002) y que es símbolo y motor económico de una villa entregada al dulce.

Porque si su fama galletera trasciende fronteras (Siro, la principal fábrica, tiene abierta una gran tienda con todos y cada uno de sus productos), no menos es su buen hacer con el dulce gracias a las monjas del monasterio de Santa Clara y a la tradición de destacadas familias de reposteros. Es por tanto un buen lugar Aguilar para irse con un rico recuerdo en forma de pastas, cajas de galletas o pasteles. Pero también se pueden comprar embutidos, quesos o pan, un producto éste último que cuenta también con gran fama como se afanan en recordar en las fachadas de los añejos comercios que sobreviven al paso del tiempo y tienen gran encanto en su interior.

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