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Atrapados

Joel Kinnaman y Noomi Rapace.

Joel Kinnaman y Noomi Rapace.

¿Cuántas probabilidades hay de que una víctima de crímenes de guerra se tope con su verdugo años más tarde y lo tenga de vecino Muy pocas, desde luego, pero concedamos a “Los secretos” que ocultamos el beneficio de la duda. Los designios del destino son extraños. Concedamos, incluso, el beneficio de la deuda: esta historia ya la hemos visto (y mucho mejor hecha) en La muerte y la doncella (1994), de Polanski. Nada que objetar a repetir un punto de partida si es para llegar a un buen puerto. No es el caso. Los secretos que ocultamos es sumamente torpe en casi todos sus aspectos, y solo el esfuerzo de Noomi Rapace rescata a su personaje (y no siempre) de la superficialidad y el lugar común. No la acompañan en el empeño sus dos compañeros de reparto, muy poco convincentes como carcelero y prisionero a la fuerza, ni está arropada por un guión que desarrolle con suficiente inteligencia y sensibilidad un drama tan cargado de dilemas de todo tipo y rendición. La venganza como camino a la liberación, la duda corrosiva, el delgado hilo que une mentira y verdad, las falsas apariencias, la comprensión y los orígenes del horror. Yuval Adler rueda tan mal algunos momentos fundamentales (sobre todo el secuestro y un intento de fuga) que anula cualquier posibilidad de tomarse en serio una propuesta muy solemne que solo muestra una pizca de audacia en su cenagosa ambigüedad final.

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