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Una historia que se queda fuera de foco

Eugene Smith es uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX y merecería una película mejor que esta.

El fotógrafo de Minamata recrea el viaje a Japón que Smith hizo en 1971, cuando el alcohol y la depresión ya habían puesto fin a sus días de gloria, y que resultó en la publicación de un reportaje fotográfico en la revista “Life” que denunciaba un caso atroz de polución industrial y sus terribles efectos sobre la gente.

El director Andrew Levitas convierte esa premisa en una narración genérica sobre la lucha del hombre contra las corporaciones y en defensa del periodismo de investigación, y para ello echa mano de diálogos toscos, villanos caricaturescos y una búsqueda del sentimentalismo, a la que contribuye la partitura de Ryuichi Sakamoto que suena en la banda sonora.

En la piel de Smith, Johnny Depp ofrece una de sus interpretaciones más matizadas en mucho tiempo.

En cambio, ninguno del resto de personajes llega a cobrar verdadera vida, y en ese sentido resulta problemático el caso de Aileen Mioko, una activista pionera a la que la película convierte en poco más que un accesorio.

El fotógrafo de Minamata acaba usando una tragedia japonesa como una mera excusa para retratar a un héroe norteamericano que salva al pueblo nipón y logra una redención personal en el proceso.

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