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Entre Disney y Prada

Emma Stone.

Emma Stone.

La película vendría a ser una precuela, por lo que se refiere al personaje de Cruella de Vil, de 101 dálmatas, ya que se cuenta cómo esta villana, de las más selectas del imaginario Disney, se convirtió en lo que siempre habíamos visto, incluida la versión en imagen real con Glenn Close. Ahora le da vida Emma Stone en edad juvenil, aspirante a diseñadora de moda que se enfrenta a su némesis, la egocéntrica estrella de la alta costura que encarna una Emma Thompson tan histriónica como en su momento fue Close haciendo de Cruella. Más allá de la convincente labor de Stone en un papel mejor interpretado que escrito, Cruella funciona bien por su libre mezcla de estilos, géneros e influencias, en un punto medio entre el relato original de Disney y una película como El diablo viste de Prada.

Otro elemento jugoso su ambientación en el Londres de los 60 y 70, la cuna de la moda más revolucionaria, el lugar perfecto para la colisión de egos y estéticas en el diseño de alta costura emprendido por las dos protagonistas hasta que irrumpe el punk. La trama general, con su particular dosis de venganza, acaba siendo lo de menos. Otra cosa es saber para qué tipo de espectador está ideada la película.

Siendo coherente en la revisión del temario Disney que propone, le sobran, eso sí, unas cuantas canciones: durante la primera mitad, cada secuencia empieza con un tema rock o pop, hasta el punto de que las imágenes parecen estar al servicio de las canciones y no al revés.

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