Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Una incompetente intriga rural

Un escritor en crisis creativa se traslada a un pueblo en el que solo encuentra hostilidad a su alrededor. Todo es así como raro, los aldeanos esconden secretos, tienen encerrado en una choza a un pobre chico deformado, son supersticiosos y hay mitos y leyendas sobre una criatura maligna que se come a los niños (y a las mujeres). En el bosque se escuchan ruidos. Al escritor le gusta el mezcal, bebe un montón de mezcal. ¿Realidad o delirio? Qué más da.

La debutante Macarena Astorga intenta crear una atmósfera enrarecida e inquietante, pero todo es un marco de mentirijilla. Hay cabezas de animales en las paredes, un perro que aparece y desaparece, y caracoles para hacer honor al título, aunque su presencia no sirva para nada. En realidad, ninguno de los elementos de esta película tiene ningún sentido. Porque, lo que podría haber sido una estimable muestra de terror rural, acaba convirtiéndose en un ejercicio de thriller incompetente y arbitrario.

En La casa del caracol, una vez que se han acumulado todos estos ingredientes supuestamente sugestivos que sirven como marco decorativo, se desmonta el dispositivo de una manera tan estrepitosa que incluso provoca sonrojo. Todo ese misterio que se había intentado crear se arruina por la nula capacidad para articular una narración que termina derivando en un delirio impostado y cochambroso. Quizá, la culpa sea del mezcal.

Compartir el artículo

stats