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Manzano culmina el “año de Nacho” en Madrid, rendido a su cocina

El parragués dedica el Premio Nacional de Gastronomía a sus hermanas: “No es pose decirlo, sin ellas no estaría aquí”

Marta Campillo, Andrés Conde, Nacho Manzano, Ymelda Moreno, Lourdes Plana, Rafael Ansón, Oriol Castro, Jon Sarabia, Mateu Casañas y Eduar Xatruch Rage

Es el hombre al que todo el mundo quiere saludar. Y felicitar. Y abrazar. Y entrevistar. Despeinadamente peinado, con deportivas, pantalones negros, jersey y una chaqueta oscura, Nacho Manzano (La Salgar, Parres, 1971) triunfó este lunes en Madrid, donde recogió el Premio Nacional de Gastronomía como mejor jefe de cocina. En los corrillos, los mejores y más populares cocineros, como Dabiz Muñoz, Carmen Ruscalleda y Samantha Vallejo-Nájera –“presidenta de su club de fans”, según ella misma se declaró y encargada de presentar el acto de la Real Academia de Gastronomía de España–, fueron algunos de los que le aplaudieron a rabiar.

Sus méritos los resumió el archiconocido Ferran Adrià, presidente del jurado encargado de elegir a Manzano y que mandó un mensaje grabado: “Lo tiene todo: una calidad gastronómica brutal, visión internacional, grandes dotes empresariales y una trayectoria impecable. Ha habido unanimidad en el jurado de que era el ganador”.

Manzano no pudo otra cosa que sentirse abrumado en Madrid. “Que una autoridad como Ferran diga eso sobre ti es algo que me guardaré para el recuerdo, para siempre. Me llena de orgullo y reconocimiento”, dijo a LA NUEVA ESPAÑA durante la ceremonia, en la que estuvo arropado por el sector hostelero y empresarial asturiano, como el presidente de Otea, José Luis Almeida, y el presidente y vicepresidente de la Cámara de Comercio de Oviedo, Carlos Paniceres y José Manuel Ferreira, respectivamente.

Nico D. Menéndez Por la izquierda, José Manuel Ferreira, Carlos Paniceres, Nacho Manzano y José Luis Almeida, este lunes, en Madrid

Además del galardón al cocinero asturiano, la Real Academia de Gastronomía (que preside Lourdes Plana) entregó los siguientes premios: mejor directora de sala, Marta Campillo, de Diverxo; mejor sumiller, Andrés Conde Laya, de Bodega Cigalena; mejor investigación e innovación gastronómica, el proyecto Zostera Marina, de Ángel León y el biólogo Juan Martín; mejor comunicación gastronómica, el libro “Disfrutar Vol. I”, de Oriol Castro, Mateu Casañas y Eduard Xatruch, de la editorial Abalon Books, y el premio a “Toda una Vida”, ex aequo a Ymelda Moreno de Arteaga y Rafael Ansón Oliart.

En el escenario y tras recoger el galardón, Nacho Manzano no pudo obviar a su familia. “Lo dedico a mis hermanas, sin ellas yo no estaría aquí. Y no es pose decirlo, sino realidad. Si no hay gente detrás que te siga, es imposible esto”. Nacho Manzano tuvo tiempo a bromear al declararse contento de que el resto de premiados prescindieran del discurso –“mejor, así yo no lo saco”– y reconoció que no le obsesionan los premios, aunque el que acababa de recibir “lo miraba de reojo”. Begoña Villacís, vicealcaldesa de Madrid, fue la encargada de entregarle el galardón junto a Ignacio Freire, director de Mahou-San Miguel.

Al margen de la ceremonia, Nacho Manzano recordó con este periódico una figura muy especial para él: “La felicitación más especial es la de mi padre. Un hombre de 85 años que siente que haber convertido su casa, donde nosotros nacimos, en el restaurante que es hoy en día es muy emotivo. Cuando se enteró del premio, me dio un abrazo. No me dijo nada, pero hay imágenes que son más que las palabras. Ver la emoción que irradiaban sus ojos fue lo más especial que me pasó desde que me dieron el premio. Los ojos brillaban más de lo normal”.

No olvidó el dueño de Casa Marcial –único restaurante de Asturias con dos estrellas Michelin– a sus predecesores: “Cuando ves quién lo ha ganado, te das cuenta de la dimensión del reconocimiento. No quiero anteponer unos premios a otros, pero sí que tiene una especial importancia para mí. Ahora me acuerdo de los comienzos con muchísima nostalgia, pero buena. La ilusión de un chaval muy joven que decide montar un restaurante en casa de sus padres. Esos sentimientos del trayecto, que fue precioso. Me vienen de manera muy nítida y también lo que queda por hacer”.

Nacho Manzano posa para LA NUEVA ESPAÑA con su premio. N. D. M.

¿Y qué queda por hacer? Es la pregunta que surge inmediatamente en la conversación con Manzano. “No tenemos estrategias, aunque miraba de reojo a este premio. Tenemos dos estrellas Michelin, ¿por qué no la tercera? Cuando haces las cosas bien y cada día quieres ser un poquito mejor, los reconocimientos llegan. A lo mejor, puede que la consiga, pero no asumo mi profesión con objetivos claros de conseguir premios, de corazón te lo digo, y la gente que me conoce bien sabe que es así. Es una sucesión de tu vida y de lo que haces”, reflexiona. Con esa sencillez que muestra, hay pocas dudas de que lo dice de corazón.

“Si hace 20 años me dicen que en noviembre de 2021 iba a estar recibiendo hoy aquí este premio no me lo hubiese creído. Pero noviembre es un mes especial para mí. Inauguré el restaurante, me dieron las estrellas Michelin y ahora me dan el Premio Nacional de Gastronomía”, piensa en alto el parragués.

Ferran Adrià dijo que para el jurado estaba claro que este es “el año de Nacho”. Y va a ser también que noviembre es su mes, como él mismo describe: “Noviembre con N de Nacho Manzano. Y con N de niebla en Asturias”.

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