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Una mera colección de citas

Harry Styles y Florence Pugh.

La segunda película como directora de Olivia Wilde trata de denunciar el sometimiento actual de la mujer por las fuerzas del antifeminismo a través del retrato de un orden patriarcal ambientado en los años 50: una comunidad suburbana pretendidamente utópica en la que, sin embargo, la vida en apariencia perfecta de una ama de casa empieza a resquebrajarse. El secreto que ese hermético microcosmos alberga es tan profundo que algunos espectadores tardarán al menos 20 minutos de metraje en adivinarlo.

Hasta que lo desvela oficialmente, la película no se molesta en dotar su peripecia narrativa de lógica interna y reglas de funcionamiento coherentes, ni en ir generándonos una sensación de inquietud creciente -desde el principio se nos deja claro que el lugar es muy turbio-; durante buena parte de su metraje, de hecho, funciona a modo de mera sucesión de variaciones de una misma escena, cada una de ellas un poco menos interesante que la anterior. Pero quizá su característica más reprochable es que ninguna de sus ideas argumentales es original, y que todas se han tomado prestadas de películas mejores.

Su gran baza es Florence Pugh, que vuelve a demostrar su inmenso talento; más que protagonizar la película, carga con todo su peso, y a su lado Harry Styles no deja ver ni un ápice del carisma que sus fans le atribuyen. En conjunto, No te preocupes, querida no es el desastre que hacían presagiar las polémicas surgidas alrededor de su proceso de producción, pero tiene mucho menos interés que ellas.

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