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Las almas las carga el diablo

Tang Wei y Park Hae-Il, en «Decision to leave».

Está claro que un cineasta tan oscuro (incluso en sus puntapiés de humor) como Park Chan-wook no va a acercarse al territorio negro de las pasiones y prisiones humanas con moldes previsibles y tradicionales. Sin la brutalidad de "Old boy", lacerante a más no poder, pero con pespuntes de crueldad sutil –ese inolvidable final que es poético en su radical fatalismo, la belleza del paisaje amortajando la desesperación del paisanaje–, Decision to leave se aferra con clavos ardiendo a dos seres malheridos hasta extremos perturbadores, ahogados por una marea de aguas turbulentas que no coge prisioneros. El amor saca los ojos a la razón. La perdición, el instinto básico, el fuego en el cuerpo, el cartero que siempre llama dos veces. La lista de películas con alma de telaraña sentimental y venenosa es larga. Las almas las carga el diablo. Miradas apesadumbradas, gestos desolados, ambigüedad al por mayor. Sonrisas inesperadas. La muerte no coge vacaciones. Parece que sabemos la historia: el policía que se enamora de la viuda sospechosa de haber matado a su marido. Ah, vale, esto ya lo vi.

Pues no. Nada de eso. Él está muy lejos de otros personajes similares y ella no tiene nada que ver con la típica femme fatale. Y a Park Chan-wook le importan un pepino las reglas del género negro, los moldes rotos de tanto usarlos, las soluciones de manual. Lo que busca es confundir con una narrativa engañosa, una sucesión de vueltas de tuerca que ponen en solfa la realidad y los estereotipos: lleva a la audiencia al interior de un laberinto y lo abandona allí. Seguir adelante o escapar es decisión personal: los 138 minutos no dan tregua con su desdén por la trama y, dentro de un armazón visual cargado de inventiva, desgarra las costuras más románticas para morder cuando menos te lo esperas.

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