Comidas y bebidas

No show, la reserva fantasma

Desde la pandemia, entre los clientes más desconsiderados, se ha extendido la moda de llamar a media docena de establecimientos para reservar mesas a una misma hora y después descartarlas en el último momento por cambio de planes

No show, la reserva fantasma

No show, la reserva fantasma / LNE

Luis M. Alonso

Luis M. Alonso

El origen de las reservas para comer o cenar es más oscuro que el del mismísimo restaurante. Rebecca L. Spang escribe en su libro sobre la cultura gastronómica moderna que, en el siglo XVIII, cenar en París o Londres significaba ir a una taberna donde la comida se servía en una mesa común, hasta que no había nada más que servir o que comer. El primero en llegar era también el primero en ser atendido. En Estados Unidos, las reservas comenzaron a generalizarse poco después del cambio de siglo, cuando se hizo popular salir a cenar en ocasiones especiales: Navidad, Nochevieja, noche electoral, etcétera. Comúnmente, los ricos reservaban comedores privados en los restaurantes para entretener a sus invitados. Adam Iscoe recordaba no hace mucho en el "New Yorker" que en Nueva York se competía por organizar las cenas privadas más elaboradas: en una de ellas, el centro de una enorme mesa en Delmonico’s fue retirado y reemplazado por un tanque de agua, para una pieza central de cuatro cisnes prestados por Prospect Park.

En el siglo XX, el crecimiento de la clase media, la suburbanización y la novedad de las reseñas de restaurantes en los periódicos hicieron que las reservas telefónicas fueran la norma, hasta que Internet lo cambió todo. A finales de los noventa, después de que las películas, los coches de alquiler, los hoteles y las aerolíneas trasladaran sus peticiones anticipadas a la red, algunos sitios web comenzaron a intermediar las de los restaurantes más solicitados. Algunos restaurantistas se mostraron entonces escépticos. Pagaban tarifas de un dólar por cada comensal. Cuenta Iscoe que cuando un periodista le preguntó al director de operaciones del Union Square Café qué pensaba sobre las reservas online, el ejecutivo respondió: "No hay sustituto para una voz amable y humana en el teléfono". Más tarde este operador se convertiría en uno de los primeros inversores de Open Table, la web más seguida del sector. He leído también que entre los nuevos métodos de fraude que han surgido en los últimos tiempos se encuentra copiar las páginas web de restaurantes conocidos y pedir a los clientes que paguen un depósito por una reserva falsa. Los estafadores utilizan sistemas de inteligencia artificial para copiar las webs de locales famosos y compartir toda la información como si fuera real. Los que quieren hacer una reserva en el restaurante piensan que estos sitios falsos son reales y se ponen en contacto con los estafadores a través del número de teléfono especificado en la propia web. Quienes pagan a estos estafadores bajo el señuelo de una reserva solo se dan cuenta de que han sido estafados cuando llegan al restaurante y allí no consta la mesa a su nombre.

Los propios restaurantes también son víctimas de la picaresca en las reservas que aceptan de clientes que después deciden no presentarse y tampoco tienen la decencia de cancelar con la debida antelación. Desde la pandemia, entre los más desconsiderados, se ha extendido la moda de llamar a media docena de establecimientos para reservar mesas a una misma hora y después descartarlas en el último momento por cambio de planes. En ese cambio de planes no se incluye, por supuesto, avisar para que el restaurante pueda disponer de la mesa. Sucedió no hace mucho en Oviedo cuando un hostelero llamó a la titular de una reserva para recordársela y no pudo contactar con ella. Tras haberlo intentado más de una vez y transcurrido el tiempo, recibió la contestación por WhatsApp de que la persona requerida se encontraba en una reunión. Admitía que había reservado en varios restaurantes para celebrar el aniversario de su pareja y que esta finalmente decidió ir a otro lugar. "Sintiéndolo mucho voy a tener que cancelar la reserva", escribía la susodicha, supongo que sin caérsele la cara de vergüenza.

Cuando desde el restaurante o la web de reservas se le recuerda al cliente el compromiso adquirido mediante una llamada o un correo electrónico, normalmente se le da la opción de cancelar y con ello se minimiza el riesgo de la reserva fantasma. No obstante, poco se puede hacer cuando el que reservó se desentiende totalmente del asunto sin preocuparse del engorro que causa y el daño que está haciendo. Los desaprensivos seguidores del no show, como se dice en inglés, solo sienten y padecen en el momento en que el restaurante o la terminal de reservas le exigen para guardar la mesa, además del nombre y el número de teléfono, un depósito de dinero o la tarjeta de crédito. Un método que retrae, además, a los que sin merecerlo se ven señalados como víctimas de una sospecha generalizada.

Las dudas sobre si es legal o no exigir ese tipo de datos bancarios para evitar las reservas fantasmas se van disipando poco a poco. Hace aproximadamente un año, un juez de San Sebastián le dio la razón al restaurante Amelia que, en julio de 2021, esperaba a tres comensales que no aparecieron. El restaurante cargó en la tarjeta de la persona que había hecho la reserva 510 euros, la cantidad estipulada en su política de cancelación que había sido aceptada por el cliente cuando efectuó el trámite online, correspondiente al importe de los tres menús de la cena. De nada sirvió que el cliente tratase de aclararlo explicando que había dado por sentado que sería el propio hotel donde pensaba alojarse, y al que tampoco pudo llegar, el que se encargaría de cancelar las reservas, consciente de que había cancelado ya las habitaciones. En ese caso, se daba la circunstancia de que el restaurante y el hotel compartían un mismo edificio en la Concha siendo de distintos propietarios.

Vinos

Viña Lidón Chardonnay 2022 Fermentado en Barrica

Viña Lidón fue el primer vino fermentado en barrica de la D.O Utiel Requena, ahora calificado como vino de pago con denominación de origen propia Vera de Estenas. Monovarietal de chardonnay, se trata de un blanco interesante color amarillo pajizo, con reflejos brillantes. Aroma de madera nueva, son elegante y complejo, trae a la nariz recuerdos de frutas tropicales, vainilla y miel. En la boca guarda buena estructura, frescura y un trago ligero por la acidez. Sabroso y persistente. El precio de la botella ronda los 12 euros.

Château de la Plaisance Ronceray 2021

Esta cuvée de chenin blanc proviene de viñas en colinas en Anjou, Loira. Ronceray es el nombre que reciben los blancos secos creados en la denominación Chaume Premier cru y Quarts de Chaume grand cru, en homenaje a las abadesas propietarias de unas viñas que se remontan al siglo XI. Se trata de un blanco envejecido parcialmente en barricas de roble durante doce meses y elaborado por la joven enóloga Vanessa Cherruau. Elegante y aireado, seco, mineral con una profundidad penetrante. Amarillo, con reflejos dorados, en la nariz transmite las notas características de la variedad, melocotón y frutas tropicales, y ese fondo tan sugestivo de mineralidad. Muy rico. La botella cuesta alrededor de 30 euros.

Viña Abad Do Castro Godello

Blanco joven, elaborado con uva godello en Valdeorras por la bodega Vinos Barco, fundada como cooperativa en la década de los cincuenta del siglo pasado. Color amarillo pajizo apagado. En la nariz asoman los aromas de la manzana y el melocotón, junto con frutas exóticas. En la boca se caracteriza por la frescura y la amplitud del trago y también, atención, por una rara complejidad pese a lo que podría sugerir su humilde juventud. La botella cuesta en torno a los 9 euros

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