Ocuparse de las tareas domésticas es agotador pero, por desgracia, hay que hacerlo. La higiene en el hogar es fundamental porque es una prerrogativa de la salud y el bienestar. Incluso cuando se trata de las tareas domésticas, cada uno tiene sus preferencias. Hay quienes prefieren estar en los fogones y quienes se inclinan más por la plancha. Por supuesto, muy pocas personas están desesperadas por limpiar las ventanas o el polvo por todas partes. Conocer algunos trucos para que estas tareas sean un poco menos agotadoras sería estupendo. En el caso de los cristales, existe un remedio natural para limpiarlos sin dejar rayas. En el caso del polvo, en cambio, que sangra bien ya se reforma al día siguiente en los lugares donde hemos limpiado, se pueden probar algunos trucos muy efectivos. En este artículo nos ocuparemos del baño. Una habitación en la que, más que en ninguna otra, debe reinar la higiene. Aquí, de hecho, nos ocupamos de la higiene personal.

Un elemento omnipresente en el baño es el agua. Siempre que utilicemos la ducha, el lavabo y el bidé, debemos secarlos con cuidado. A la larga, el agua deja antiestéticas marcas de cal. Son muy feas de ver porque transmiten una idea de suciedad. Las zonas en las que más a menudo se producen estas manchas son la cabina de ducha y los grifos. Hoy en día, el baño ya no se considera un simple cuarto de servicio. Podemos amueblarlo con cierta atención al diseño. Piense, por ejemplo, en los modernos sanitarios suspendidos o en las cabinas de ducha de cristal satinado o con algún gráfico especial. Por supuesto, toda esta belleza estética se desvanece cuando queda cubierta por las antiestéticas manchas de cal amarillentas.

Hay decenas de productos anticalcáreos en el mercado. Además de ser bastante caros, suelen estar basados en productos químicos, que son perjudiciales para el medio ambiente y bastante agresivos incluso para las propias superficies. Podemos limpiar las paredes de la cabina de ducha y la grifería con un detergente doméstico. Para prepararlo, necesitamos utilizar tres sencillos ingredientes que siempre tenemos en casa:

  • vinagre;
  • de limón;
  • bicarbonato de sodio.

Debemos mezclarlos para obtener una mezcla cremosa. Para las cantidades, por tanto, ajustar un poco a ojo, evaluando la consistencia y el tamaño de las superficies a limpiar. Una vez creado nuestro limpiador natural, lo aplicamos en las zonas a tratar y lo dejamos actuar durante 5-10 minutos. A continuación, con la ayuda de una esponja no abrasiva, límpialo. Notaremos de inmediato que hasta la suciedad más insidiosa será eliminada. Por último, aclare con agua tibia y seque bien con un paño suave. Aquí se explica cómo preparar y utilizar el económico limpiador natural para limpiar las cabinas de ducha y los accesorios. Si persisten algunos halos, rocíe una solución de vinagre y agua destilada en la zona afectada.

El sencillo movimiento para evitar demasiado esfuerzo con la limpieza a fondo

Cada vez que usamos la ducha, limpiamos el cristal con una escobilla. Bastan unas pocas pasadas para eliminar al instante todas las salpicaduras que hemos generado con nuestro lavado. Es una operación muy sencilla que sólo lleva unos segundos. Sin embargo, merece la pena hacerlo porque seca la superficie y evita la formación de las odiadas manchas de cal. Por supuesto, esta práctica no sustituye a la limpieza real. Sin embargo, nos permite retrasarlo y hacerlo con menos frecuencia.