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La razón por la que cada vez más gente deja la puerta de la lavadora abierta durante días para evitar averías

Una tendencia que se ha vuelto viral

Una lavadora

Una lavadora

R. P.

Cuando acaba el programa de la lavadora, muchas personas se hacen la misma pregunta: ¿hay que dejar la puerta abierta o cerrarla nada más sacar la ropa? A simple vista puede parecer un gesto menor, pero este detalle influye más de lo que parece en el estado del electrodoméstico y en el resultado de cada lavado.

Los aparatos eléctricos forman parte esencial de la vida diaria y han cambiado por completo la forma en la que organizamos las tareas del hogar. Hoy cuesta imaginar una vivienda sin frigorífico, lavavajillas o sistemas de climatización. Sin embargo, entre todos ellos, la lavadora ocupa un lugar especialmente importante, ya que se utiliza con frecuencia y resulta básica para mantener la ropa limpia.

Como ocurre con cualquier electrodoméstico, su buen funcionamiento depende tanto de la calidad del aparato como del uso que se haga de él. Una lavadora necesita ciertos cuidados para rendir bien durante más tiempo y evitar fallos prematuros. También conviene recordar que consume agua y electricidad, por lo que utilizarla de manera correcta puede ayudar a reducir gastos innecesarios. El problema es que algunos hábitos muy cotidianos, aunque parezcan inofensivos, pueden acabar afectando al rendimiento del equipo. Uno de los más habituales aparece justo después de terminar el ciclo de lavado.

Cuando el programa finaliza y se retira la colada del tambor, muchas personas cierran la puerta de forma automática. Lo hacen por comodidad, por estética o para evitar que quede abierta en medio del baño, la cocina o el lavadero. Sin embargo, esa costumbre puede jugar en contra del mantenimiento de la lavadora.

Aunque la ropa ya esté fuera y el lavado haya terminado, el interior del tambor no queda completamente seco. Si la puerta se cierra al instante, la humedad queda atrapada dentro del aparato y se crea un entorno perfecto para que proliferen bacterias, moho y malos olores. Con el paso del tiempo, ese olor a humedad puede instalarse en la lavadora y terminar pasando también a las prendas, incluso cuando acaban de salir limpias.

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Una lavadora / LNE

Además del problema del olor, la falta de ventilación puede favorecer la acumulación de residuos en el interior. Restos de detergente, suciedad y humedad pueden mezclarse y afectar al funcionamiento del electrodoméstico. Esto puede hacer que la lavadora pierda eficacia y que, en algunos casos, sea necesario repetir lavados porque la ropa no queda con la sensación de frescor esperada, lo que supone más consumo de agua, electricidad y detergente.

Las piezas de goma también son especialmente sensibles a este hábito. La junta de la puerta suele retener pequeñas cantidades de agua y, si permanece mojada durante mucho tiempo, puede deteriorarse antes. Esa zona es una de las más propensas a acumular suciedad y moho, por lo que conviene prestarle atención si se quiere evitar un desgaste prematuro.

La recomendación más sencilla es dejar la puerta abierta durante un rato después de cada lavado. De esta manera, el aire circula por el interior del tambor y ayuda a que la humedad desaparezca. Cuando ya se ha ventilado, no es necesario dejarla completamente abierta, pero sí conviene mantenerla un poco entornada para impedir que se concentren olores desagradables en el interior.

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Ropa en una lavadora / LNE

Para reforzar este cuidado, también puede pasarse un paño seco por el tambor y por la goma de la puerta después de retirar la ropa. Este gesto resulta especialmente útil en las zonas donde suelen quedar gotas o pequeños charcos. No requiere apenas tiempo y ayuda a mantener la lavadora más limpia entre un uso y otro.

Son detalles muy simples, pero pueden marcar una gran diferencia en la vida útil del aparato. Cuidar la lavadora, igual que ocurre con la nevera, el lavavajillas u otros electrodomésticos de uso frecuente, permite prevenir averías, mejorar su rendimiento y evitar gastos de reparación. A largo plazo, dejar la puerta entreabierta y eliminar la humedad puede convertirse en un pequeño hábito con un ahorro importante.

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