28 de mayo de 2012
28.05.2012
 

El día en que King salvó a Kennedy

El «rey del terror» fabula en su novela más aclamada, «22/11/63», sobre un viaje en el tiempo con la misión de impedir el asesinato de JFK en Dallas

28.03.2012 | 02:00
El día en que King salvó a Kennedy

Supongamos que aquel fatídico día las balas de Lee Harvey Oswald no hubieran alcanzado al presidente John F. Kennedy mientras circulaba con su esposa Jackie por las calles de Dallas. El mundo sería muy distinto del actual. Quizá la guerra de Vietnam no hubiera desangrado el corazón norteamericano, quizá Martin Luther King seguiría vivo. Quizá Robert Kennedy no hubiera caído asesinado como su hermano. Y el «caso Watergate» no hubiera visto la luz porque Nixon no hubiera llegado a la Casa Blanca. Quizá.


De esa idea parte Stephen King para escribir su novela 22/11/63. No es una obra más en la prolífica carrera del llamado «rey del terror» durante décadas (empezó en los 70 con «Carrie» a agolpar títulos en las listas de «best sellers»), aquí no sólo ha logrado vender mucho, sino que ha encandilado a la crítica estadounidense, habitualmente hostil hacia un escritor que ha publicado novelas tan excelentes como «El resplandor» o «Cementerio de animales». Aquí, el autor de Maine se evade de su género favorito, se aparta del escalofrío y se lanza a escribir «la gran novela americana», porque 22/11/63 es más que una historia de ciencia ficción anclada al pasado, es una obra total en la que King, pertrechado con un arsenal abrumador de documentación, no sólo rastrea en la vida del asesino de Kennedy (el protagonista lo espía antes de que llegue el día del atentado para averiguar si actuó solo o formaba parte de un complot), sino que ofrece un retrato apasionante (y apasionado, cargado de nostalgia) de una América aún inocente e idílica en muchos aspectos.


Al protagonista de la historia le descubren un túnel en el tiempo por el que puede viajar a un momento exacto de la historia de su país en un rincón concreto. Lo que en principio parecía un juego movido por el azar y la curiosidad se convierte de repente en una misión aparentemente imposible: localizar a Lee Harvey Oswald e impedir que dispare las balas que pusieron el mundo patas arriba. Pero las ochocientas y pico páginas que dedica King a la obra de su vida (quiso escribirla en 1974, pero se dio cuenta de que no estaba preparado, y las heridas del magnicidio estaban abiertas aún) dan mucho para mucho más. Por ejemplo, para que el protagonista, por la vía del error/rectificación, intervenga para evitar el asesinato de una familia. O para que se enamore de una mujer acosada por su marido psicópata. O para que sea perseguido por los matones que no se creen su fortuna cuando gana en las apuestas de boxeo. O para...


Ese cruce de argumentos permite a King moverse por distintos géneros con su maestría narrativa habitual. La novela no sólo no cansa en ningún momento, sino que se permite el lujo de ofrecer constantes alternativas al flujo de la historia, con finales que se ramifican y se convierten, en algunos casos, en novelas dentro de la novela. Lejos de mostrarse amable con sus personajes, King somete a sus «héroes» a todo tipo de crueldades en un avance imparable hacia un clímax que pone los ojos de punta. Y, como telón de fondo, un dilema que recorre la novela para hacer al lector partícipe activo a la hora de valorar las decisiones que el protagonista debe tomar en momentos cruciales: ¿se debe alterar el pasado para evitar una tragedia o es mejor dejarlo tal como está para que el desastre no sea aún mayor? King, que rechaza las teorías sobre una conspiración para matar a Kennedy, lo tiene muy claro. Y su novelón se cierra con su inquietante respuesta.

El director James Cameron ha definido la Fosa de las Marianas, el punto más profundo del océano, como «un mundo alienígena», «desierto» y «aislado» en donde se sintió en «total soledad». Cameron ha realizado estas declaraciones en el vídeo hecho público por «National Geographic», en el que se pueden ver las imágenes captadas por el cineasta. Cameron asegura que la Fosa es como «la Luna». «Es muy lunar, un lugar desierto y aislado», ha señalado el director, quien se sintió «aislado del resto de la Humanidad, me sentí como si en un solo día hubiera viajado a otro planeta y regresado». Las criaturas «están adaptadas a la presión extrema que existe en esas profundidades» y también «a la oscuridad total», de ahí que «en su mayoría sean blancas o sin pigmentación». Además, algunas «ni siquiera tienen ojos». El minisubmarino «se comprimió unos 8 centímetros» por la presión durante las dos horas que estuvo sumergido.

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