"El humor es un capricho, un lujo, una pluma de perdiz que se pone uno en el sombrero; un modo de pasar el tiempo". Más que el propio humor, las palabras de Miguel Mihura definen un modo de afrontarlo en un tiempo, el de la posguerra, en el que todo era grave y frío. En esa larga noche de la autarquía, que dijera Román Gubern, en esos años oscuros en los que todo era solemne, grave, el humor era realmente un lujo. Pero uno que se podía adquirir, por apenas unas pesetas, en cualquier quiosco de toda España. Porque hablar de humor en la posguerra es hablar de la llamada "otra generación del 27" y hablar de "La Codorniz".

La emblemática revista, fundada por Mihura en 1941, suponía una ruptura con lo establecido ya desde sus inconfundibles portadas, marcadas a fuego por el talento de un ilustrador de pulso firme y vocación vanguardista: Enrique Herreros. Un artista cuyos diseños forman parte, desde ayer, de los fondos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

El hijo del artista, también llamado Enrique Herreros, ha legado al Reina Sofía los diseños de su padre para treinta portadas originales de "La Codorniz", así como quince aguafuertes de la serie "Tauromaquia". Una donación que se firmó ayer en la sede del museo que dirige Manuel Borja-Villel.

"'La Codorniz' fue, sin duda alguna, la gran publicación de humor de la dictadura, y en el plano artístico, el trabajo de Herreros destaca en calidad vanguardista y audacia sobre el resto de colaboradores", se reivindica desde el museo, donde destacan la "práctica inexistencia en el mercado de los materiales originales de las portadas de la revista".

El trabajo de Enrique Herreros, en todo caso, es conocido y apreciado en Asturias. En Carreña, capital de Cabrales, se inauguró en 2014 el Museo de Enrique Herreros en los Picos de Europa. Una entidad que reúne sesenta cuadros del artista sobre la montaña y los Picos de Europa.

Su conexión con Cabrales es tal que Enrique Herreros fue distinguido como hijo adoptivo del concejo a título póstumo. Y es que Herreros, consumado montañero, no perdía la oportunidad de viajar a los Picos de Europa. De hecho, entre sus logros está el de haber sido el primer escalador que pernoctó en la cima del Naranjo de Bulnes, en la noche del 8 de agosto de 1933.

Además de su vertiente como paisajista y de su valiosa obra gráfica, Enrique Herreros es una figura destacada del mundo paracinematográfico de la posguerra por su talento como cartelista. Sus diseños para los cines de la Gran Vía marcaron época, y el propio Herreros acabaría dando el paso a la dirección de películas, al igual que habían hecho sus compañeros en "La Codorniz", especialmente Edgar Neville y José López Rubio. En el caso de Herreros, su filmografía se compone de dos largometrajes: "María Fernanda, la jerezana" (1947) y "La muralla feliz" (1948).