13 de noviembre de 2018
13.11.2018
MARTA ROBLES | Periodista y escritora, publica la novela negra "La mala suerte"

"Villarejo es un malo en toda regla"

"Las mujeres no somos porcelanas, nos gusta que nos traten de igual a igual, y eso no implica aparcar la seducción o la galantería y mucho menos el respeto"

13.11.2018 | 01:06
Marta Robles.

MartaRobles (Madrid, 1963) vuelve a encargar un caso en La mala suerte al detective Tony Roures, a quien tuvimos la buena suerte de conocer en su anterior novela A menos cinco centímetros. Abrimos fuego:

- ¿Por qué vuelve Tony Roures?

-Porque le han contratado para resolver otro caso. O lo que es lo mismo, porque su creadora, o sea yo, se encontró con una historia perfecta para él. La historia de la desaparición de una joven de 18 años de la que, dos años después no se sabe nada y que va a conducir al detective a un mundo de oscuras turbiedades, malos tratos y abusos que, finalmente, le harán plantearse dos cuestiones inevitables ¿qué estamos dispuestos a hacer para ser padres o madres? ¿Ser padre o madre es un acto de generosidad o de egoísmo?

- ¿Sabía desde el principio quién era el culpable?

-Sí, desde luego. Si no lo hubiera sabido hubiese sido muy complicado ir encajando las piezas del puzzle sin hacer trampas. Además en esta novela he jugado mucho con la complicidad del lector: quería que se diera cuenta de quién era el culpable en un momento determinado, pero sorprenderle por completo con el móvil y el desenlace al final.

- ¿Se prepara de alguna manera antes de escribir las escenas más crudas?

-No. Y lo cierto es que a veces lo paso muy mal. Escribir escenas es meterse en ellas hasta el fondo y vivirlas. Y no siempre es fácil. No, cuando son muy duras. Y me cuestan, pero no las evito si creo que la narración lo requiere.

- ¿Qué se puede reprochar al tratamiento mediático de algunos casos terribles?

-Siempre deberíamos hacer autocrítica y saber hasta donde es necesario contar y desmenuzar para proporcionar la información debida y no pasar la frontera del morbo; pero lo cierto es que ahora hay unos grandísimos profesionales en la crónica negra, capaces de contar con detalle todo lo que pueden contar y de callar cuando hay que hacerlo. La prueba es el silencio que guardaron en el caso de Gabriel, cuando conocieron que todo apuntaba a que la pareja del padre fuera la culpable, para no entorpecer la investigación ni hacer que ella sospechara de que se la estaba investigando.

- ¿Qué tácticas emplea para atrapar al lector?

-Supongo que mi táctica es la de elegir un buen tema y apuntalarlo con una buena estructura y mi estrategia olvidarme de todo y buscar que la propia historia me emocione a mí misma tanto como para emocionar después a mis lectores. Con todo, nunca olvido que las novelas no tienen que ser verdad, pero sí verosímiles. Si no, difícilmente pueden provocar emoción.

- ¿Qué le gusta y qué detestas de Roures?

-Me gusta que sea un hombre adicto a la lealtad, que escuche, que elija bien la música y que le guste leer. Y me fastidia (detestar no detesto nada), que fume tanto y tosa tanto, que a veces se quede anclado en los recuerdos y los remordimientos y que cite tantas frases de otros.

- ¿Un hombre como Roures está algo per dido en los tiempos del #meToo?

-En absoluto. Roures no tiene ni miajita de machismo en su ADN es un hombre que sabe escuchar a las mujeres, que le gustan y las considera. Otra cosa es que no siempre las trate con guantes de seda..., pero es lo que ellas quieren. Lo que queremos nosotras. No somos porcelanas, nos gusta que nos traten de igual a igual. Eso no implica aparcar la seducción o la galantería y mucho menos el respeto. Todo lo contrario: siempre he pensado que entre iguales se seduce mejor.

- ¿La paternidad es un acto de generosidad o de egoísmo para Marta Robles?

-La paternidad/maternidad es un deseo, no un derecho. El derecho es el que tiene el hijo a una vida digna, que incluye conocer su procedencia y que no siempre se plantean todos padres. El deseo de ser padre es egoísta, porque el hijo aún no ha nacido y el padre solo piensa en él. Otra cosa es que para criar bien a un hijo, para ser un buen padre o madre se requiera una enorme generosidad.

- ¿Su adolescencia fue dolorosa e insegura?

-Creo que, en general, todas las adolescencias son dolorosas e inseguras, incluso las más privilegiadas. Pero la mía, por motivos que no vienen al caso, fue especialmente dolorosa e insegura. Creo que por eso he querido incidir especialmente en ese asunto dentro de la trama de la novela.

- ¿Toda familia esconde un secreto?

-Todos escondemos algún secreto. Grande, mediano, pequeño... Y ese secreto del que nadie sabe nada o solamente conocen esas personas elegidas por nosotros o que forman parte del propio secreto, puede condicionar nuestro comportamiento en algún momento. Pero, en realidad, creo que es necesario que los seres humanos tengan apartados reservados.

- ¿Prefiere tener al enemigo cerca?

-No, en absoluto. Me aterra pensar que aquellos en los que confío pueden sacarse un cuchillo de la manga y clavármelo en el corazón.

- ¿El comisario Villarejo da para una novela?

-Sin ninguna duda. Es un malo en toda regla. Con estrategia de maldad. Y sin escrúpulos.

- ¿De qué está desengañada?

-De tener que seguir demostrándolo todo una y mil veces.

- ¿Ha aprendido a detectar los engaños pronto?

-No, en absoluto. Soy bastante näif, aunque parezca lo contrario.

- ¿Qué le preguntaría Roures a Cospedal?

-¿Quién le puso en contacto con Villarejo? ¿O fue usted misma la que se empeñó en localizarlo para indagar sobre diversas cuestiones y hacerle oscuros encargos? ¿Le impusieron que hablara con Villarejo? ¿O se le ocurrió a usted hacerlo?

- ¿El sexo es terreno resbaladizo en literatura?

-Diría que hasta en la vida. Pero desde luego en la literatura lo es. De hecho hay un certamen en Reino Unido donde se premian las peores escenas de sexo del año y han estado nominados escritores tan prestigiosos como Philip Roth o Murakami, así que... Es complicado escribir de sexo y no pasarse de soez o quedarse en ñoño. Y también es difícil repartir los papeles con verosimilitud. Yo creo que a mí no se me dan mal las escenas de sexo. Diría que casi he disfrutado más las de La mala suerte, que las de A menos de cinco centímetros. No sé si es cuestión de práctica o que las de La mala suerte las pilota una mujer poderosa...

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