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Hablemos en serie

Los tristes amores del guardaespaldas

"Bodyguard" propone un entretenimiento adictivo de tensión creciente, sorpresas bien administradas y un final acongojante con un eficaz reparto

Richard Madden y Keeley Hawes.

Richard Madden y Keeley Hawes.

De Jed Mercurio conocíamos su estupendo libro sobre la voracidad sexual de John F. Kennedy ("Un adúltero americano") y la excelente serie "Line of duty", un thriller policiaco modélico que ha estrenado su última temporada con un éxito zumbador. Mercurio se aprovecha de la onda expansiva de calidad que suele acompañar a las producciones de la BBC. Cuando se lo proponen, son imbatibles. Con Bodyguard también ha batido récords de audiencia, aunque el molde es distinto: se trata de combinar en un manojo de episodios una trama que recuerda a la popular película de Kevin Costner y la malograda Whitney Houston (el guardaespaldas que se enrolla con su protegida, o viceversa) con la típica historia de conspiraciones en la trastienda del poder, en la que cualquiera puede estar moviendo los hilos, e incorporando elementos de actualidad terrorista y huidas desesperadas de un agente bueno que necesita demostrar su inocencia.

Desde luego, entre las bazas fuertes de Bodyguard no está la originalidad. El protagonista es un agente hosco de pasado tormentoso y atormentado con vida familiar sombría, su protegida es una política distante que poco a poco se va interesando por ese muchacho tan atractivo y misterioso (no sería lo mismo con Danny DeVito, nos tememos), hay polis que parecen buenos, pero vete tú a saber si no serán malos, y polis malos que quizás acaben siendo buenos. Y al final, como mandan los cánones (o los cañones, en este caso) hay un sorpresón que entronca con el arranque y que cierra el círculo de forma inquietante con la mejor escena de toda la serie, y eso que se limita a mostrar la metamorfosis de un personaje: un simple plano/contraplano para dejarte los ojos de punta.

No, lo que hace de Bodyguard una serie francamente entretenida y democráticamente adictiva es la quinta marcha con la que se mueve por carriles muy transitados sorteando pausas excesivas, reiteraciones innecesarias o acción gratuita. Incluso la seducción mutua y el posterior romance que lleva al guardaespaldas a ser también guardadelanteras está resuelto con soltura y sin deshacer muchas camas. Casi en cada capítulo hay un golpe de efecto tan bien administrado que le da un revolcón a todo lo visto con anterioridad. El más potente e inesperado sigue la estela de "Juego de tronos" y su afición a cargarse personajes que parecían intocables. Plaf, y te dan el tartazo en toda la cara. Y empieza otra serie distinta con un hombre contra (casi) todos, acelerando la tensión hasta alcanzar un momento narrativamente perfecto en el que nuestro protagonista está solo ante el peligro y...

Bodyguard no pasará a la historia de la televisión porque acepta sus limitaciones y se conforma con ser un producto de entretenimiento puro y duro hecho con inteligencia y respeto al espectador. Lo curioso es que a la BBC le sorprendió el éxito de la serie, lo que demuestra, una vez más, que los que mandan en las cadenas son a veces los que menos idea tienen del (neg)ocio. Dicen que Richard Madden ha escalado posiciones como candidato a ser James Bond, y lo cierto es que poner cara huraña se le da de miedo. Keeley Hawes está magnífica y el resto del reparto tiene esa calidad británica que tanto envidiamos.

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