01 de mayo de 2019
01.05.2019

Sayonara, Akihito

El emperador se despide del pueblo japonés en una breve ceremonia de abdicación y cede el trono al príncipe Naruhito

01.05.2019 | 00:13
El emperador Akihito, acompañado por la emperatriz Michiko, durante la ceremonia.

Con una ceremonia de apenas quince minutos, el emperador Akihito puso punto final a los treinta años que ha estado al frente del trono de Japón, que abandona por su avanzada edad y achaques de salud, para dejarlo en manos de su hijo Naruhito. "Desde que ascendí al trono, hace treinta años, he desempeñado mis funciones como emperador con un profundo sentido de confianza y respeto por el pueblo", afirmó Akihito, de 85 años, en su último mensaje como emperador.

Akihito se despidió en una ceremonia que se llevó a cabo en el Salón Pino del Palacio Imperial, en Tokio. El acto, realizado con la formalidad de las ceremonias niponas, precede a la proclamación de Naruhito como emperador, programada para hoy. Un minuto después de la hora programada, el emperador Akihito y la emperatriz Michiko, acompañados de otros integrantes de la familia imperial y chambelanes, ingresaron en la sala, donde ya esperaban unas trescientas personas.

Ellos con frac y ellas con trajes occidentales o vistosos kimonos, todos siguieron con atención cómo Akihito y Michiko se colocaban en un estrado, teniendo a su lado dos de los tres tesoros imperiales (una espada y un cofre con una joya de jade). También estaban los sellos imperiales, utilizados por el emperador para promulgar las órdenes que emanan de los poderes políticos, una de las pocas responsabilidades cuasipolíticas que tiene el emperador tras la Constitución que entró en vigor en 1947. Teniendo en cuenta ese limitado papel político, fue el primer ministro japonés, Shinzo Abe, como representante del pueblo nipón, el que comunicó la abdicación de Akihito.

El primer ministro habló de pie, frente al emperador y la emperatriz, él con frac y corbata gris y ella con un traje largo color perla. Detrás de ellos dos sillones altos, adornados con los crisantemos dorados que marcan el trono nipón.

A la derecha de ambos se encontraban, entre otros, Naruhito y su esposa, la todavía princesa Masako. Y en los costados del estrado imperial, pequeñas mesas con los tesoros del imperio, que pasarán a manos de Naruhito cuando asuma el trono.

El mensaje de Abe fue breve, pero necesario para cumplir con el objeto de la ceremonia, porque el esquema legal impide incluso al emperador Akihito anunciar su propia abdicación, como sucedió en 2016, cuando solo avisó de que no podría cumplir sus funciones.

Al acto solo podían asistir japoneses adultos, lo que impidió la presencia del nieto de Akihito, el príncipe Hisahito, de 12 años, sobrino de Naruhito.

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