Mercedes Barcha, fallecida el pasado sábado en Ciudad de México, fue una mujer esencial en la vida y en la obra del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, con quien estuvo casada 56 años, hasta la muerte del escritor en 2014. Su relación trascendió al plano literario. "Para Mercedes, por supuesto", se lee en la dedicatoria del escritor a su esposa en "El amor en los tiempos del cólera", una de las mejores novelas del autor colombiano, que algunos críticos equiparan a "Cien años de soledad", sin duda su obra cumbre.

Mercedes Barcha Pardo nació el 6 de noviembre de 1932 en Magangué, un tórrido pueblo del departamento de Bolívar, a orillas del río Magdalena. Ella y Gabriel García Márquez, Gabo, se conocieron en 1941 en un baile de estudiantes en Sucre, otro pueblo caribeño, adonde las dos familias habían llegado años antes. "Por aquellos días de buena fortuna me encontré por casualidad con Mercedes Barcha, la hija del boticario de Sucre a la que le había propuesto matrimonio desde sus 13 años. Y al contrario de las otras veces, me aceptó por fin una invitación para bailar el domingo siguiente en el hotel del Prado", recuerda el Nobel en sus memorias, "Vivir para contarla".

La suya no fue una historia de amor cualquiera, y no solo porque desde el principio el joven Gabriel García Márquez tuvo el arrojo de proponerle matrimonio siendo ella una adolescente, sino porque Mercedes se convirtió en la más devota admiradora del joven escritor y en fuente de su inspiración. "Incondicional y silenciosa, ella se mantuvo siempre al lado del escritor, viviendo con él todas las aventuras del oficio literario", recordaron desde la Fundación Gabo.

El hijo del telegrafista de Aracataca y la hija del boticario de Sucre se casaron el 21 de marzo de 1958 en Barranquilla. "El 'cocodrilo sagrado', como solía llamarla cariñosamente Gabo, fue indispensable para el desarrollo de la carrera literaria de su esposo, en especial para la escritura de 'Cien años de soledad' (novela en la que Mercedes aparece con nombre propio). Siempre que le preguntaban por ella, García Márquez no dudaba en decir que se trataba del personaje más sorprendente que había conocido jamás", añadieron desde la Fundación Gabo.

Más allá de lo que Mercedes representó para García Márquez como esposa y madre de sus dos hijos, Rodrigo y Gonzalo García Barcha, su contribución a la obra del Nobel fue fundamental, como ancla de la familia en los años en que el escritor se encerró en su casa en Ciudad de México a escribir "Cien años de soledad". "Sin Mercedes no habría llegado a escribir el libro. Ella se hizo cargo de la situación. Yo había comprado meses atrás un automóvil. Lo empeñé y le di a ella la plata calculando que nos alcanzaría para vivir unos seis meses. Pero yo duré año y medio escribiendo el libro. Cuando el dinero se acabó, ella no me dijo nada", relata Gabo en "El olor de la guayaba". "Logró, no sé cómo, que el carnicero le fiara la carne, el panadero el pan y que el dueño del apartamento nos esperara nueve meses para pagarle el alquiler. Se ocupó de todo sin que yo lo supiera: inclusive de traerme cada cierto tiempo quinientas hojas de papel. Nunca faltaron aquellas quinientas hojas. Fue ella la que, una vez terminado el libro, puso el manuscrito en el correo para enviárselo a la Editorial Sudamericana", contó.