Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Un masaje a la masculinidad

No es agradable, y menos en el aniversario de un bonito recuerdo, colgar con el papel de aguafiestas. Pero allá vamos. Reconozcámoslo de entrada y sin rodeos: en el 30.º aniversario de su estreno, "Pretty woman" difícilmente pasa el examen de los tiempos. Lo dice incluso Julia Roberts, que tiempo atrás aseguró que hoy no la rodaría. Probablemente no sea el cuento de hadas en el que querría que creyeran sus hijos.

Y aquí ya empieza la cuesta abajo. Porque más que un cuento de hadas en el que una joven ve cumplido su sueño -¿qué sabemos en realidad de los deseos de ella más allá de que siempre fantaseó con el rescate de un príncipe azul?-, la película no deja de ser un masaje a la masculinidad tradicional, sección clase alta.

Ya saben. Un tiburón de las finanzas conoce a una joven bella y burbujeante que se dedica a la prostitución callejera tras romper con su último novio. Y al tiempo que él le compra ropa, mucha ropa, la va domesticando hasta hacer de ella una dama de Park Avenue que queda estupenda en el polo y, en las cenas de negocios, está absolutamente segura de qué tenedor es el adecuado. A cambio, ella escucha sus traumas, lo divierte, lo baña y, sobre todo, humaniza su pétreo y herido corazón.

En el guion original no había ni rastro de esas dos fantasías masculinas que son el rescate de mujeres y el mito del Pigmalión. Titulado "3.000" -en alusión a los dólares que pactan por la semana que él la contrata como escort-, en aquel primer texto, Edward echaba a patadas a Vivian del coche al expirar el contrato.

Pero Disney se cruzó por el camino y acabó alumbrando a este personaje de carcajada hechizante que, a diferencia de sus colegas yonquis que pueden acabar muertas en un contenedor, nunca encajó ni se mereció "la calle". Sobra decir que el amor Disney no suele redimir a nadie y que las relaciones en las que el poder y el dinero caen de un lado y la vulnerabilidad y el estigma del otro no pintan demasiado bien 10 minutos después del "fin". Quizá, solo quizá, a Vivian y sus amigas les iría mejor si, como las antiheroínas de Virginie Despentes, se organizaran entre ellas para llevar las vidas deseadas, lejos de las visas de titanio y del arrullo condescendiente de los señores que van por la vida creyéndose los príncipes del mundo.

Compartir el artículo

stats