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Nacho Vegas | Cantante asturiano, publica “Oro, salitre y carbón”

“Es muy difícil hacer canciones sin un mundo afuera que esté vivo”

“Que Unidas Podemos haya pasado a formar parte del Gobierno hace que en el Parlamento no haya contrapoder a la izquierda”

Nacho Vegas

Nacho Vegas

Después de exhibir fertilidad compositiva en el aplaudido “Violética” (2018), el cantautor asturiano Nacho Vegas hace un alto en el camino y pone luz en los márgenes en “Oro, salitre y carbón. Diez años de marxophonismo (2011-2020)”. Una doble antología en la que rescata sustanciosas canciones de publicación dispersa (epés,

–¿Las canciones nuevas tendrán que esperar?

–Mi idea para este año era publicar “Oro, salitre y carbón” en primavera, y empezar entonces a componer para el próximo álbum, pero este año ha sido un poco de bloqueo creativo. Pensaba que el confinamiento me vendría bien para escribir en la intimidad, pero es muy difícil hacer canciones sin que haya un mundo afuera que esté vivo, y habiendo toda esa inquietud en el ambiente.

–“Fabulación” está entre lo más duro y explícito que ha hecho: “Xusticia n’Altasu / Estamos en guerra / Es plana la tierra / El mercado libre”.

–No quería hacer una canción sobre todo lo que está pasando, pero al final se coló esta, la única terminada este año. Porque de cara al repertorio nuevo quiero huir de esta locura y poder hablar de las pasiones y de las emociones de la vida sin recurrir al monotema. Ahora, todo el mundo habla de lo mismo. Y no estamos asistiendo a una película de ciencia ficción, es el mundo real. Es verdad que el ruido político, que parece de sables, y el empoderamiento que ha cogido la ultraderecha, ya son cosas diferentes, pero lo que ha pasado tiene que ver con lo frágiles que somos. Me gustó cuando al principio de la pandemia se puso en valor lo interdependientes que somos, pero al final el discurso ha cambiado y han ganado las lógicas de consumo e intentar buscar el rédito político y la bronca, y es una pena.

–Un rasgo distintivo de su obra es la recuperación de la lengua asturiana.

–No tuve educación en asturiano como me hubiera gustado, y lo aprendí leyendo y oyendo sobre todo a gente mayor, en los pueblos. Luego, en la facultad, me metí en el activismo por la normalización. Desde 1994 he ido a todas las manifestaciones. Parecía que la oficialidad estaba muy lejos, pero ahora estamos más cerca que nunca. Este nuevo PSOE del gobierno del Principado de Asturias al menos en el programa llevaba la oficialidad. Una oficialidad blanda, dicen ellos, porque tienen mucho miedo de que pase como con los catalanes y se cree un movimiento independentista de izquierdas, pero es importante. Hay que tener una mirada larga.

"Ahora, con la pandemia, al faltar la calle, parece que todo se desmoviliza, y en la izquierda extraparlamentaria es donde estamos más perdidos"

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–El 15-M le inspiró a hacer canciones. ¿Ve ahora condiciones para una nueva versión?

–Hablando con compañeros de militancia, y yo milito en Anticapitalistas, veo bastante pesimismo. Últimamente, aun observando que el espíritu del 15-M había ido agonizando, vi las manifestaciones del 8-M, con chicas muy jóvenes que seguramente no habían vivido el 15-M, con su perspectiva feminista y anticapitalista. Y luego, las manifestaciones ecologistas. Estos eran los dos ejes movilizadores que nos daban esperanza: un eco-feminismo que pudiera dar pie a movilizaciones con un horizonte de cambio. Pero ahora, con la pandemia, al faltar la calle, parece que todo se desmoviliza, y en la izquierda extraparlamentaria es donde estamos más perdidos. Que Unidas Podemos haya pasado a formar parte del gobierno hace que en el Parlamento no haya ningún contrapoder a la izquierda, porque quien lo ejerce es la derecha y la ultraderecha, que incluso ganan las batallas culturales.

–¿A qué batallas se refiere?

–Batallas simbólicas. Cosas tan siniestras como plantar 50.000 banderines de España, aunque nos parezca casi esperpéntico. Eso ocupó portadas de todos los medios, así que algo han ganado con esto.

–¿Cómo debe manifestarse la cultura?

–Cuando el confinamiento, el “apagón cultural” tuvo muchas críticas. “Con la que está cayendo...” Yo no estaba muy convencido, porque no porque haya una pandemia no se va a poder hablar de otras cosas. La cultura, y la música en particular, son un mundo complicado, con poca tradición de asociacionismo y de sindicalismo, y es difícil que se perciba a su gente como trabajadores porque ni ellos mismos se sienten así. Y se escamotean derechos, se contrata a falsos autónomos... Solo pedimos que se restituyan derechos que ya se habían conquistado, antes de que el liberalismo desmovilizara a la clase trabajadora. Ahora hay una crisis sanitaria, pero también una crisis social que afecta a toda la clase trabajadora, y ahí tenemos que estar unidos. Por eso creo que falta perspectiva de clase en el movimiento de la cultura, en Alerta Roja y ese entorno, aunque espero que pueda salir algo de ahí. Falta esa perspectiva que le daría al movimiento esa condición que debe tener la clase trabajadora de solidarizarse con otros sectores, que es necesaria y que siempre se critica.

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