El dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo murió asesinado en 1961. En el año 2000, el escritor Mario Vargas Llosa narró los últimos días del tirano en “La fiesta del chivo”. Y ahora en 2020 Juan Echanove protagoniza la adaptación teatral que el asturiano Natalio Grueso, exdirector general del Centro Niemeyer, ha hecho de esa novela, una obra teatral dirigida por Carlos Saura que se centra en una de las tramas concebidas por el Nobel peruano: la de la exitosa abogada Urania Cabral (interpretada por Lucía Quintana), hija del senador Agustín “Cerebrito” Cabral (Gabriel Garbisu), que abandonó la República Dominicana cuando era una niña y que regresa tres décadas después para reencontrarse con su padre.

“La historia que contamos es el ajuste de cuentas entre una hija y su padre. Y la razón de esta venganza es lo que le ocurrió con Trujillo, que la violó y la humilló. Cuando ella le pregunta a su padre ‘¿cómo pudiste permitir eso?’ los cuadros del dictador toman vida”. Así relata Echanove el desencadenante de este relato terrible. El actor madrileño encarna a un personaje “cruel, despreciable y genocida” pero se siente “muy feliz” por hacerlo. “En los últimos 15 años he encarnado a una galería de monstruitos similares –indica–. El trabajo extremo nunca me ha echado atrás, me siento muy cómodo cuando tienes que agonizar”.

Pese a las dificultades y las trabas impuestas por la pandemia, pese a que no le gusta ver “plateas con gente enmascarada” (aunque sabe que es necesario), Echanove está en un estado de “enorme optimismo” ante el futuro del teatro. “No voy a volver a repetir que los teatros son seguros. Quiero que me obliguen a salir de mi casa, viajar por todas las comunidades y ponerme en cierto riesgo de contagio, como cualquiera, para seguir haciendo una actividad esencial para la gente”, asegura. Echanove parece tener marcada a fuego esa responsabilidad con la gente. “Mi público es mi país, y hasta que me lo prohiban tendré que estar en el escenario porque sé que es importante”. “La cultura, pese a lo que digan algunas mentes de la carcundia de este país, es importante, necesaria y de cara a la reconstrucción del país, si colabora en un 3 %, debería recibir las ayudas a la reconstrucción en ese mismo porcentaje”.

El protagonista de «La fiesta del chivo» reconoció al menos cosas buenas generadas por la covid-19. “Los españoles han aprendido ya a apagar los móviles” en el teatro y que “la gente ahora ya no tose de esa manera exagerada”.