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Diez años de la muerte de Elizabeth Taylor, la belleza empoderada

La actriz londinense fue la personificación de un nuevo rol de mujer independiente

Elizabeth Taylor.

Elizabeth Taylor.

Hace diez años fallecía uno de los tótems más poderosos de Hollywood. Sus centelleantes e hipnóticos ojos color violeta y su menuda aunque turbadora anatomía convirtieron a Elizabeth Taylor (Londres, 1932-Los Ángeles, 2011), desde su tardoadolescencia, en la personificación de un nuevo erotismo, que prosperó abundantemente en el cine hollywoodiense durante la década de los cincuenta y los sesenta, donde la mujer, además de su empoderamiento sexual y su potente fuerza presencial en las pantallas asumía abiertamente su propia independencia, alejándose del rol subsidiario que se le asignó desde los albores del cine, como queda claramente de relieve en muchas de sus más rutilantes interpretaciones bajo batutas de los mejores directores.

Taylor, que durante la última etapa de su vida combatió con firmeza la devastadora epidemia del sida y otras causas solidarias, recogió el testigo de otro erotismo: el que surgiría durante los años más duros de la posguerra, más objetual que liberador, más carnal que sinuoso, que ya barruntaba el extendido fenómeno de la femme fatale en las pantallas. Un testigo que enarboló durante toda su vida con un poder de fascinación transversal entre el público y que la transformaría en uno de los grandes objetos de culto del ancho firmamento hollywoodiense.

Pese a su brillante carrera profesional, es un hecho fácilmente constatable que la protagonista de “Cleopatra” y de tantos filmes memorables del Hollywood clásico se la ha asociado popularmente con sus aspectos biográficos más triviales y anecdóticos, opacando, de alguna manera, una larga trayectoria artística.

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