Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El coronavirus y el médico que quiere salir corriendo: así están los facultativos tras un año de lucha

El catedrático José Antonio Flórez Lozano ausculta el estado anímico de los facultativos a consecuencia de la pandemia: “No hay enfermedad más deshumanizadora que el covid-19”

Profesionales sanitarios en el HUCA.

Profesionales sanitarios en el HUCA.

“Lo primero que pensé fue en salir corriendo, tenía ganas de llorar”, manifestó un médico de una unidad de cuidados intensivos (UCI) al relatar el impacto emocional que le causó una escena que la pandemia de covid-19 ha convertido casi en cotidiana. “La crisis del coronavirus ha venido a complicar mucho la vocación médica”, explica José Antonio Flórez Lozano, catedrático de Ciencias de la Conducta de la Universidad de Oviedo, en su libro “Covid-19 y el burnout del médico”. El profesor Flórez Lozano ausculta y diagnostica en estas líneas las nuevas líneas de fuerza del estado de “queme” de los profesionales de la medicina a consecuencia del coronavirus.

Situación emocional de los médicos tras un año de pandemia

“Los médicos están tratando a pacientes con covid-19 pero, al mismo tiempo, están muy preocupados por sus propias familias y seres queridos. Se sienten impotentes, hundidos, a los pies de los caballos. Escalada de contagios, presión hospitalaria, fuego pandémico, variantes con más carga viral, un 38 por ciento de camas de UCI ocupadas... Así, con un sistema de salud desbordado, les invade una sensación de desprotección y desolación. Desde el primer segundo del inicio de la explosión de la pandemia, en las trincheras frente al covid-19, el miedo, la ansiedad y la angustia se dispararon de tal manera que el médico se encontraba paralizado”.

Miedo y errores

“El miedo puede contribuir a que el médico esté expuesto a cometer errores al realizar su labor profesional, lo que favorece condiciones de estrés, ansiedad y deterioro en la salud mental y física, con reducción en el rendimiento y la productividad laboral. El miedo es el gran disparador de todas las emociones negativas: incertidumbre, ansiedad, tristeza, preocupación, apatía, anergia, anhedonia, desmotivación, impotencia, histeria, pánico. El miedo desbocado ocasiona histeria masiva, ansiedad y angustia, debido a factores como la sensación de estar encerrado y la pérdida de control emocional”.

Bajas laborales y malestar general

“En algunos estudios se habla de un 20 por ciento de bajas laborales por estrés, ansiedad y depresión. Este porcentaje está aumentando debido al cansancio crónico acumulado y debería ser mucho mayor, porque muchos médicos, a pesar de la explosión emocional sufrida, han decidido seguir en las trincheras del covid-19. Hablan de agotamiento emocional, de cansancio”.

Síntomas

“Entre los médicos que atienden a enfermos de covid-19 graves en primera línea se ha puesto de manifiesto que un 50 por ciento sufre trastornos depresivos, casi un 45 por ciento ansiedad y, aproximadamente, un 36 por ciento insomnio. Un 73 por ciento de las mujeres encuestadas mostraron ansiedad o depresión. De ellas, el 10 por ciento presentaba síntomas graves. Las amenazas son constantes; hablamos de una cuarta ola, cuando no se ha acabado la tercera y las resistencias psicológicas son exiguas; las fuerzas psíquicas y la resiliencia se agotan”.

Factores que más factura pasan

“1) La deshumanización: no hay enfermedad más deshumanizadora que el covid-19. Les preocupa propagar el coronavirus a quienes aman, su propia salud, su capacidad futura de estar ahí para sus hijos, un miedo que, afortunadamente, casi ninguno ha tenido que enfrentar antes. 2) Los pacientes que, a veces, vienen irascibles, tratándoles cada vez peor, a veces de forma agresiva y displicente. 3) Errores de planificación y logística para resolver los problemas de protección contra el contagio del coronavirus. 4) Mucho estrés en las redes sociales y por la difusión de “fake news” o noticias falsas, que no sólo desinforman, sino que también generan miedos, ansiedades y opiniones basadas en datos y hechos poco veraces”.

¿Diferencias relacionadas con una mayor o menor exposición al covid?

“La curva de patología emocional se dispara de forma exponencial en los médicos de las UCI, donde la presión del estrés es continua y donde asisten de forma directa al reguero de defunciones. Un montón de pérdidas que se relacionan con la sintomatología depresiva, la impotencia y la culpabilidad. Un médico que tenía que subir a la UCI manifiesta: ‘Lo primero que pensé fue en salir corriendo, tenía ganas de llorar’. Y cuando el miedo es demasiado excesivo, esto puede tener efectos perjudiciales tanto a nivel individual (neurosis de angustia, fobias, crisis de ansiedad, ataques de pánico, insomnio pertinaz, tristeza implosiva) como a nivel social (síndrome de compras, xenofobia, ansiedad social, conductas de evitación, abuso del alcohol y sustancias tóxicas, aumento de la agresividad y/o hostilidad...)”.

¿Temor por la salud propia o de la familia más cercana?

“El médico está envuelto en la tormenta del ‘burnout huracanado’ y no encuentra la calma y la paz. Por el contrario, su pensamiento está centrado en su familia, en la posibilidad real de contagiar a sus seres más queridos; en fin, una marea de pensamientos negativos, uno tras otro, que despiertan una ansiedad y/o angustia insoportable. Un 50 por ciento de los médicos han considerado renunciar a su trabajo por proteger a su familia. El médico se enfrenta a un trabajo gigantesco con un virus desconocido y con múltiples pacientes que aumentan sin cesar y con su propio confinamiento y aislamiento de su familia, lo cual le hace mucho más débil para enfrentarse a este seísmo”.

Espectador de muchas muertes con absoluta impotencia

“La atención de pacientes críticos con covid-19 que, con frecuencia, desarrollan cuadros de insuficiencia respiratoria de manera muy rápida, por lo cual requieren una revaloración frecuente y monitoreo constante, genera un rápido desgaste psíquico del médico que lucha desesperadamente en la trinchera del dolor y de la muerte. Un estudio sobre los efectos psicológicos de asistir y contemplar la muerte de tantos pacientes covid-19 ha puesto de manifiesto una alta prevalencia de angustia psicológica: síntomas de Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) (28,9 por ciento) y grave sintomatología depresiva (31,2 por ciento). Asimismo, muchos médicos sufren depresión, trauma emocional y ansiedad: silencio, aislamiento, ensimismamiento, mutismo...”.

Angustia por haber tenido que “elegir” entre unos y otros al dar cuidados críticos

“La sobreexposición del médico a dar malas noticias puede ser un reto de gran estrés; una variable de gran peso en la aparición del megaestrés, pues implica un desgaste emocional mastodóntico. El nivel de angustia aumenta en relación a la elección de los pacientes covid-19 que han de tener un respirador o una cama en la UCI. Los síntomas de estrés y ansiedad son muy severos, y la intensidad de los mismos, también se ven influenciada por el tipo de actividad y la proximidad a pacientes graves. Los médicos también se enfrentan a un mayor riesgo de lesiones morales y problemas de salud mental (distrés moral), una angustia psicológica que resulta de las acciones clínicas, o la falta de ellas, que violan su código moral o ético en un entorno de limitación y restricción”.

La soledad del paciente, aislado de sus seres queridos

“La soledad del paciente de covid-19 va a condicionar en gran parte la calidad de vida, la autonomía, la fuerza del yo, las relaciones familiares y sociales. Detrás de la mascarilla se han instalado el miedo, la inseguridad y, tal vez, la resignación. Una especie de ‘muerte social’, antesala de la muerte biológica. El ingreso en la UCI puede convertirse en un páramo de soledad, incertidumbre, silencio sepulcral y confinamiento”.

Consecuencias de la frialdad

“En esta pandemia ha desaparecido el calor humano en nuestras interacciones sociales, convertidas ahora en gélidas conversaciones; en puras conexiones digitales. Miradas perdidas, gestos esquivos, soledad gigantesca, caras de pánico, enfermos y médicos sin aliento, pacientes que agonizan, profundas simas en la comunicación humana que impiden el contacto y la relación médico-enfermo. Además, el sufrimiento provocado por la soledad dolorosa que percibe el paciente, sin duda, se va acompañar frecuentemente de un estado ansioso-depresivo, así como de otras manifestaciones conductuales (hipoactividad, hipotimia, inhibición, etc.)”.

El sobresfuerzo en la UCI

“Este desierto afectivo es bastante común en los pacientes críticos en la UCI. Los lazos afectivos han disminuido drásticamente y por ello, el médico, deberá primar esta auténtica necesidad humana para tratar de moderar la sintomatología depresiva y mejorar, en su conjunto, el pronóstico del enfermo covid-19. La soledad, compromete muy seriamente la competencia del sistema inmunológico, ya de por sí, muy deteriorado por el ataque del coronavirus”.

¿Crisis vocacionales entre los médicos?

“La crisis del coronavirus ha venido a complicar mucho la vocación médica. La profesión médica es humanista por naturaleza y, en ese contexto, el médico con su vocación está en la obligación de prestar su mejor praxis clínica, aun cuando la salud propia esté comprometida, como ha ocurrido con el coronavirus. Pero el panorama de frustración, desencanto, malestar e infelicidad en los profesionales de la medicina ante el tsunami del covid-19 ha resquebrajado la vocación médica. Las instituciones sanitarias y las facultades de Medicina deberán plantearse muy seriamente el mantenimiento y potenciación de la vocación médica en aras de conseguir la mejor praxis clínica y, también, la satisfacción del médico. Una crisis vocacional que comienza ya en estudiantado de Medicina que presenta síntomas de depresión (un 25 por ciento, moderada o grave), uno de cada cuatro alta ansiedad, el 36,8 por ciento trazas de burnout (estar quemado) y un 11 por ciento ideas suicidas, según un estudio llevado a cabo en las 43 facultades de Medicina de España por el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) y la Sociedad Española de Educación Médica (SEDEM)”.

Riesgos de deshumanizar la medicina

“La pendiente deshumanizante que caracteriza a la medicina moderna, inundada de tecnología y de variables económicas en su práctica, ha generado un fuerte movimiento bioético y de ética profesional que clama por la recuperación de la vigencia del acto médico y el fortalecimiento de la relación médico-enfermo. La explosión volcánica del coronavirus, ha generado en muchos médicos, una conciencia creciente de mala praxis médica, debido a que en poco tiempo hay que escuchar al paciente, introducir información en el ordenador, estudiar y valorar las pruebas y, además, hablar de manera humanitaria, empática y persuasiva para ayudar al enfermo”.

Fórmulas de superación

“Urge recuperar lo más genuino del ser humano: el lenguaje, las emociones, su capacidad social y su sensibilidad empática, por supuesto, si queremos seguir siendo personas y huir de espacios lúgubres que ha creado esta oleada del covid-19. Es necesario redescubrir el auténtico valor de las relaciones y los valores humanos (amistad, humanidad, espiritualidad, altruismo, afectividad, generosidad, agradecimiento, compasión, empatía), sustraídos por esta catástrofe. ¡No podríamos vivir sin ellos! Tenemos grandes dificultades para manejar toda la explosión emocional generada por el covid-19. Necesitamos una cura de humildad. Y, tal vez, la tabla de salvación sea la esperanza. La esperanza es la medicina idónea para el alma. En la lucha contra el covid-19 un fármaco imprescindible para el paciente y el propio médico es inspirar esperanza, y ello supone nuestra presencia y una aceptación incondicional, al mismo tiempo que tolerancia, paciencia y conocimiento de la enfermedad”.

Una propuesta concreta

“Realizar una inmersión consciente en los bosques (baños de bosques) es una experiencia psicológica integral renovadora (una psicoterapia intensiva) que activa mentalmente y produce un bloqueo del estrés acumulativo del covid-19. Observar una flor, su perfecta armonía, una mariposa, es regresar a momentos únicos; es potenciar la atención disfrutando de ese instante irrepetible que nos genera un momento de calma, relajación y desconexión emocional. Momentos exquisitos, que son auténticas píldoras eficientes contra el estrés y las secuelas del covid-19 y que, al mismo, tiempo, no tienen ningún efecto secundario. La naturaleza es una gran medicina”.

Compartir el artículo

stats