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Llega con respaldo oficial la mascarilla transparente, una vieja demanda del colectivo de sordos

El Gobierno regula el uso de la prenda de protección frente al virus | Las asociaciones asturianas de sordos piden incorporarlas al sistema educativo

Modelo de mascarilla transparente.

Modelo de mascarilla transparente.

Las mascarillas transparentes que permiten a las personas con problemas de audición leer los labios ya son una realidad y cuentan con el aval del Gobierno nacional para ser distribuidas a gran escala. Hasta ahora eran poco menos que una rareza. “En la asociación ya tenemos unas cuantas, y en las farmacias comienzan a tener también”, señala Irene González, psicóloga de la Asociación de Padres y Amigos de Personas con Discapacidad Auditiva (APADA), que aplaude esta nueva regulación, muy demandada por el colectivo. Ahora el objetivo es que su uso en determinados ámbitos, como el educativo –en aulas para personas con trastornos auditivos– se generalice. Así se lo ha pedido ya, de hecho, esta entidad asturiana a la Consejería de Educación.

Mientras tanto, y, por si esta regulación no llegaba, esta asociación se guardaba una bala en la recámara. Había publicado y difundido varios vídeos, en colaboración con la Consejería de Salud, subtitulados y con lenguaje de signos, sobre los diferentes tipos de mascarillas que hay en el mercado. Las de tela, las quirúrgicas y las FFP2. Ahora a esta familia se les une también las transparentes. El objetivo de los vídeos era que las personas sordas pudieran diferenciar los distintos tipos que existen, ya que no siempre les resulta sencillo llegar a este tipo de información.

Mascarilla transparente.

Mascarilla transparente.

Hechas para leer los labios

El Gobierno acaba de dar luz verde a la regulación que permite el uso y la distribución de mascarillas transparentes que permiten leer los labios. Todo un avance para el colectivo de personas con problemas de audición que llevaban ya bastante tiempo reclamando una normativa que ampare su uso. Ya es una realidad. El texto publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) subraya que estas mascarillas deberán cumplir con otros requisitos adicionales como permitir una visión nítida y sin empañamiento, que aseguren que el producto no obstruye la respiración y deberá indicarse en la etiqueta si hay efecto distorsionador del habla.

El Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó hace solo unos días la regulación de las mascarillas transparentes que vienen a suplir un grave problema para el colectivo de personas con problemas de sordera. Bastante nutrido. Solo en España hay más de un millón de habitantes con discapacidad por pérdida de audición y se estima que el 8 por ciento de la población, es decir, más de tres millones y medio de personas, tiene problemas auditivos de distinto tipo y grado, que les plantean dificultades para entender una conversación en un tono normal.

Con esta regulación, el Ministerio de Consumo amplía las exigencias para la venta de las mascarillas higiénicas y acota determinados conceptos como el propio de mascarilla higiénica. Solo podrán ser comercializadas como mascarillas higiénicas las testadas por un laboratorio acreditado. En el caso de las mascarillas higiénicas transparentes, el texto señala que los materiales deberán ser suficientemente transparentes y diseñarse de forma que garanticen la lectura labial, evitando efectos como el empañamiento continuado de la zona transparente o la distorsión o reducción significativa del volumen de voz.

Mascarilla FPP2.

Mascarilla FPP2.

La doble protección

Los expertos aseguran que las mascarillas FFP2 son ideales para protegerse a quien las porta y a los demás que le rodean. Tal es así, que hace unas semanas se llegó a especular con que el Gobierno nacional hiciera obligatorio su uso, lo que disparó considerablemente su demanda en las farmacias. Tienen una gran capacidad de filtrado: contienen una doble protección ya que su grado de filtración suele ser muy elevado (dependerá también del modelo) y se sitúa en un 95% de media. El porcentaje de fuga máximo está, a su vez, en el 8%. La recomendación dada por el Ministerio de Sanidad es no utilizarlas durante más de cuatro horas seguidas.

Además, prevé que, en caso de estar compuestas por materiales que no permitan el paso del aire, deberá realizarse una evaluación de riesgos para asegurar que el producto no obstruye indebidamente la respiración, provocando algún riesgo tras su uso prolongado, debiendo hacer constar la información resultante de tal evaluación en el etiquetado.

Sobre los vídeos editados por APADA y el Principado en los que se explica a través de subtítulos y lenguaje de signos los diferentes tipos de mascarillas que existen, Irene González apunta que se trata de un material “divulgativo”, dado que “incluso entre la población general hay dudas y no se conoce cuáles son las diferencias entre los tipos de mascarillas”. El objetivo final consiste en conseguir que las personas sordas puedan acceder a la información en igualdad de condiciones que el resto de la población.

La situación actual, en la que conviven tres tipos de mascarillas (las de tela, las quirúrgicas y las FFP2), supone un problema, una barrera más en su ya complicada vida diaria. “Aunque la lengua de signos utilice las manos también necesitan fijarse en la cara para intentar captar más detalles que les aportan información adicional”, asegura González.

Mascarilla higiénica.

Las que nacieron en el quirófano

Las conocidas como mascarillas quirúrgicas son las que se acostumbran a ver en los entornos médicos. El objetivo principal de esta prenda se centra en evitar que el personal sanitario y los pacientes infectados (o aquellos que sean sospechosos de estarlo) puedan transmitir agentes infecciosos. Están diseñadas para filtrar el aire exhalado. Más en concreto, su misión es la de proteger a quienes están alrededor, evitando la dispersión del virus cuando se estornuda, se tose o se habla. Según el Ministerio de Sanidad, deben tener un mecanismo que permita a quienes la lleven puesta ceñirla estrechamente sobre la nariz, la boca y la barbilla.

Con las trasparentes, sostiene González, se solucionan muchos de esos problemas. Hasta ahora, su uso no se había popularizado por varios problemas, entre ellos, el de la fabricación. Hubo un tapón en muchas fábricas, como ocurrió también con las vacunas, sostiene González. Luego, ocurrió que había bastante confusión. No había ninguna norma legal que respaldara su uso, con lo que estaban como en un limbo. Sucedió, sin embargo, que en muchas comunidades sus consejerías de Educación decidieron apostar por esta prenda y la distribuyeron entre los profesores que dan clase en centros especiales, en los que hubiera estudiantes con problemas auditivos. No ocurrió así en Asturias, relata González, ya que el Gobierno regional prefirió ser más prudente y esperar a que estas mascarillas tuvieran un respaldo legislativo.

Para la población con discapacidad auditiva, esta pandemia está siendo una auténtica tortura. “Tuvieron que enfrentarse a situaciones estresante con la dificultad de no oír con claridad debido a la opacidad de las mascarillas, tener que seguir clases online con mala calidad de sonido en muchos medios virtuales, la privación de apoyos escolares, todo ello sumado al aislamiento que imponen las dificultades auditivas y que desembocan en muchos casos en soledad, tristeza y apatía”, sostiene.

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