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Opinión

La carne y el bucle ideológico

Las carnes son una fuente de nutrientes de buen precio y fácil disponibilidad, y lo otro son teorías sin contrastar

Carne roja en una carnicería de Madrid.

Carne roja en una carnicería de Madrid. David Castro

Puede que debamos acostumbrarnos a que los políticos intervengan cada vez más sobre nuestras creencias e ideologías; es decir, en contra de nuestra libertad. También a que los programas, “agendas” y “planes” oficiales quieran imponernos los hábitos de vida, incluidos los de alimentación. El consumo estará cada vez más planificado y forzado desde fuera, a veces mediante reglamentos y leyes. Esa es una de las perspectivas que tiene esta cuestión. Con gran poder de propaganda y demasiada inconsistencia científica se quiere reforzar una idea lanzada hace tiempo que vincula el consumo de carne roja con el cambio climático.

Además, para apoyar el discurso se apela otra vez “a la evidencia científica aportada por la Organización Mundial de la Salud”, una institución cada vez más desprestigiada, ineficiente y alarmista. Recordemos que su informe de 2015 sobre la carne “procesada” resultó en algo desenfocado y de enormes daños para cuya redacción se habían revisado estudios epidemiológicos que asocian un mayor consumo de carne con una mayor incidencia de cáncer de intestino, sin pruebas de relación causal. Pocos días después esta organización política comunicaba que “pedía disculpas”, y que “lo que quería decir” era que ¡“el consumo excesivo y en cantidades sin determinar “puede” asociarse al cáncer de colon”!

Aquello nos recordó lo ocurrido con otras de sus alarmas alimentarias y sanitarias periódicas que llegaban más allá de cualquier finalidad preventiva lógica. Lo que se ha probado respecto al consumo de carne y su efecto en el medio ambiente es poco y débil en su consistencia. Puede ser aceptado en el mejor de los casos como una hipótesis de trabajo, aunque los intereses que se esconden en su puesta en escena –de aspiraciones de poder y nicho de negocio– debieran ser tenidos en cuenta. Puedo decir que he oído a varios “expertos” hablar sobre este asunto en diferentes foros y esgrimir sentencias basadas en revisiones narrativas y artículos originales deslavazados y de escasa coherencia en su conjunto.

También en relación con este asunto, como pediatra estoy obligado a añadir otro comentario. Al igual que cualquier otro alimento, la carne se puede consumir de forma saludable. El problema nunca son los alimentos, sino las dietas. Y ese trasfondo esencial no se pone claro en los eslóganes populistas, en las notas de prensa ni en muchas publicaciones.

El caso es que según una investigación que iniciamos en 2014 (estudio ALSALMA), el 64% de los niños menores de tres años de nuestro país, y no digamos de otros, realizan una dieta deficiente en hierro, lo que representa un riesgo de enfermedad y puede afectar de forma irreversible a su crecimiento y desarrollo intelectual.

Las carnes son una fuente natural de este mineral, de fácil disponibilidad y precio asequible

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Aparte de otros nutrientes fundamentales para la salud de las personas las carnes son una fuente natural de este mineral, de fácil disponibilidad y precio asequible. En todas sus variantes y preparaciones, forman parte de modo muy arraigado de nuestra cultura nutricional, gastronómica y culinaria. Las guías alimentarias más prestigiosas y reconocidas recomiendan a los niños un consumo variable entre 3 y 6 veces a la semana, con raciones de 30 a 120 gramos según la edad.

Esa es la referencia a tener en cuenta y la información que debemos transmitir a las familias. Tendría que ser así estén de acuerdo o no la OMS con su “lobby” vegetariano y anticarne; y aunque puedan mentir, hacer pseudocencia o acusar gratuitamente para completar algunas de sus estrategias.

Finalmente, la prueba de lo innecesarias y superficiales que resultan las declaraciones que han encendido el debate de estos días es que mientras el Ministro del ramo nos pide que no consumamos carne –no dice lo que hará él–, para el Presidente –reventando una línea de trabajo de su propio Plan– un buen chuletón al punto es “imbatible”.

Es probable que rápidamente a Sánchez le hayan advertido del disparate en el que se podía enredar si ratificaba las declaraciones de Garzón. Lo desautorizó de forma risible, y a otra cosa. Y una gran mayoría de mis compañeros de profesión y los que viven de comercializar la carne, más tranquilos y contentos con el ágil sopapo. Los demás, pues eso; más libertad, más salud y más placer en la mesa. Y el planeta en marcha.

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