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¿Sientes miedo o ansiedad?: un psicólogo avilesino da las claves para detectar y solucionar el estrés mental

Rubén Fernández advierte de las consecuencias de la hiperactividad cerebral: “Querer controlar sensaciones y emociones para evitar pasarlo mal es la peor estrategia; generamos el efecto contrario”

La solución al estrés mental interno: observación, aceptación y rendición

La solución al estrés mental interno: observación, aceptación y rendición

Un dato llamativo: el desarrollo de una tarea concreta solo le supone a nuestro cerebro un 5 por ciento de gasto metabólico. Lo que significa, dice el psicólogo avilesino y profesor de la Universidad de Almería Rubén Fernández García, que lo que agota realmente a nuestra mente es la actividad neuronal interna. Sobre todo, añade, cuando se trata de “pensamientos que generan miedo y ansiedad”, por ejemplo al imaginarnos el futuro. Y eso “puede terminar favoreciendo la aparición de problemas de salud físicos y psicológicos”, advierte el experto.

¿Hay solución? Fernández, que ha publicado el libro “A grandes males, grandes remedios: borrón y mente nueva”, tiene su propia técnica terapéutica. Lo llama “el protocolo de tres pasos”; o lo que es lo mismo: observación, aceptación y rendición.

El primer paso, explica el avilesino, consiste en observar sin reaccionar. Observar –ahonda– “los estado internos que aparecen, ya sean pensamientos y/o sensaciones en el cuerpo, sin establecer juicios”. El segundo es “aceptar todo lo que está pasando en ese momento, sin querer cambiar nada”. “Y si has conseguido –añade– no reaccionar y no actuar desde la ira, has practicado el estado de rendición, que es el tercer paso”.

Si esta estrategia se usa todo los días, “el perdón surgirá por sí mismo”. “No debes hacer nada especial, solo practicar los tres pasos indicados. Perdonar es la última palabra del puzzle, la que realmente te libera de tus cargos, de tus emociones negativas, de la tensión interior”, puntualiza Fernández, que ha aplicado esta técnica con gran éxito entre sus pacientes.

El libro “A grandes males, grandes remedios” explica en detalle este método y guía al lector “en la identificación y observación de los factores que pueden generar tensión interna en la vida”. “Este libro, fundamentado en mi experiencia profesional, investigadora y, por supuesto, personal, intenta humildemente ayudar y apoyar en la búsqueda del equilibrio físico-emocional”, resume el doctor en Psicología por la Universidad de Oviedo, además de sexólogo por la Universidad de Almería, fisioterapeuta por la Universidad Europea de Madrid y osteópata.

Rubén Fernández afirma que darle vueltas a la cabeza –pero no demasiadas– no es en sí negativo, pues es la “la forma que tiene nuestro cerebro de quitarle hierro al asunto y disminuir nuestro estrés interno”. El problema llega cuando la cabeza se pone como una centrifugadora, provocando lo que se conoce como una “hiperactividad mental”, que consiste en un bombardeo constante de pensamientos, lo cual puede desencadenar problemas de salud.

El avilesino alerta de que podemos llegar a desarrollar “una gran capacidad para generar problemas mentales estresantes: una hormiga moviéndose por nuestro brazo, un mal partido de nuestro equipo favorito, un plato de sopa demasiado caliente, el vestido que ya no hay en nuestra tienda preferida...”. El profesor de la Universidad de Almería asegura que “está bien llevar una vida coherente y ordenada”, pero añade que el mundo de los estados internos –sensaciones, pensamientos y emociones– “no funciona así”. “Querer controlarlos para evitar pasarlo mal o sufrir es la peor estrategia de todas las posibles: generamos el efecto contrario. El control genera estrés, y el cerebro lo sabe. Nuestra tensión y estrés internos, por extraño que resulte decirlo, en la mayoría de los casos nos los generamos nosotros mismos y están muy relacionados con la necesidad de control”, remata.

¿Y por qué los humanos de antes no sufrían estos estados internos estresantes? “La diferencia fundamental entre antes y ahora –explica Rubén Fernández– es el acceso a la cantidad desmesurada de información con la que convivimos, favoreciendo la hiperactivación mental. Por otro lado, nuestra sociedad de consumo tiene tendencia a la ‘problematización de la vida’; es decir, un problema puede ser no tener un coche o una casa más grande, no tener un trabajo que nos gusta, no tener más tiempo libre, no tener un móvil rápido y eficiente... En cambio, las sociedades que no tienen cubiertas sus necesidades básicas primarias no les dan tantas vueltas a las cosas”. Si a todo ello se suma que “vivimos en la sociedad de las prisas, donde todo tiene que estar a nuestra disposición lo antes posible, el resultado es un coctel explosivo”, concluye.

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