La iglesia de San Juan de Amandi tiene un lugar destacado en el patrimonio de Villaviciosa, pero también en las paredes del Museo de Bellas Artes. De ellas cuelga una obra de Genaro Pérez Villaamil (El Ferrol, 1807- Madrid, 1854), el gran paisajista romántico del siglo XIX en España, que realizó cientos de dibujos en Asturias y al menos 24 cuadros. Y entre ellos está este que toma como referencia el templo maliayés para un óleo sobre lienzo que el artista realizó en 1846 durante una de sus visitas al Principado.

Sobre el cuadro, que lleva por título “San Juan de Amandi”, el museo explica a través de un vídeo que  el autor “toma en esta ocasión como referencia un templo moderno y sobrio que convierte, una vez que pasa por su taller, en un templo repleto de color y de unas dimensiones que nada tienen que ver con la realidad pero que beben de ese espíritu romántico que caracteriza tan bien su pintura”. “El espacio está protagonizado sobre todo por esta doble columnata que es, por otro lado, característica de la iglesia que se encuentra en Villaviciosa, pero que vemos en la obra con presencia de color y con la conversión de los fustes de estas columnas en auténticos expositores con mármoles maravillosos”, se detalla en la grabación.

Detalle del cuadro expuesto en el Museo de Bellas Artes de Asturias, en Oviedo. P. T.

Se destaca asimismo que otra de las características de Villaamil es la inclusión de personajes ataviados con la ropa típica de una zona concreta del país y, en este caso, lo hace con el traje regional. En la obra estas figuras cumplen también otra función, “la de marcar las dimensiones del templo donde se ubican”, añade el Museo. “La escena representa una celebración cristiana, una misa en la que esos personajes acuden al templo y participan del rito. Esa atmósfera dorada, tan característica de Villaamil, deja una imagen maravillosa de ese espíritu romántico con el que Genaro Pérez Villamil alcanzó el éxito”, se precisa acerca de una obra que se adquirió en su momento, en 2017, en una galería de Bilbao por cien mil euros.

Sobre el autor, el Museo señala que se inscribe dentro de aquella generación de “pintores-viajeros” que, desde mediados del siglo XIX, recorrieron buena parte de la geografía española “intentando capturar en sus lienzos la realidad social y cultural del país”. “En el retrato de sus gentes y de sus pueblos, de sus paisajes y de sus monumentos, la obra de Villaamil refleja la preocupación típica del artista romántico, bajo cuya fantasía pintoresca y exaltación patriótica subyacía un interés aún más profundo, relacionado también con los ideales de la Ilustración española: documentar y salvaguardar las ruinas del deteriorado patrimonio histórico nacional”.

Interior de la iglesia. FERNANDO RODRIGUEZ

De hecho, una de sus grandes obras, también el Museo de Bellas Artes se realizó tras el viaje a Covadonga en 1850. No solo pintó la cueva, explican en la web del centro, sino que se preocupó de mostrar algo más. “Su interés por la cueva no se redujo exclusivamente al hecho de inmortalizar el legendario símbolo de una supuesta identidad nacional, sino en constatar a su vez el estado de abandono en el que se encontraba sumido el monumento desde que, el 17 de octubre de 1777, un incendio fortuito destruyera parcialmente el camarín de la gruta que conservaba la imagen de la Virgen”, se explica.

Vista exterior del templo FERNANDO RODRIGUEZ