José Manuel Ovín de la Vega dirigió durante dieciocho años la Coral Capilla de la Torre. Con él al frente, la agrupación maliaya interpretó 163 obras distintas, muchas de ellas estrenos. Un legado del que se manifiesta "orgulloso". Asegura que "“para un coro modesto hemos conseguido hacer una cantidad de repertorio por encima de lo normal". Ahora, tras casi dos décadas, ha decidido dar un paso al lado, aunque asegura que seguirá ligado a la agrupación. El pasado sábado, los coralistas lo despidieron con un sentido homenaje en Villaviciosa, en el que le entregaron la insignia de oro. Además recibió la Manzana de Plata del Ayuntamiento.

–¿Cómo vivió la despedida de la Capilla de la Torre?

–Un homenaje tan sentido y auténtico no lo tiene todo el mundo. Estoy muy contento.

–Hacía un par de años que había comunicado su decisión de dejar la dirección.

–Sí, estoy bien física y musicalmente, pero ni siquiera vivo en Villaviciosa, tenía que desplazarme en autobús, y me parecía hora que hubiese una renovación, un cambio. El coro queda en muy buenas manos. Toño, que también es director de la banda de Villaviciosa, es un buen músico, muy trabajador y entusiasta.

–¿Cuál cree que debería ser la prioridad del nuevo director?

–El coro lo primero que necesita es una renovación, tiene que entrar gente nueva y más joven. Con los años el coro se fue haciendo más adulto de la cuenta. En eso creo que Toño va a tener más posibilidades que yo.

–¿Cuesta atraer juventud a los coros?

–Cuesta que se comprometan, que se sometan a la disciplina. Cuando nacen coros jóvenes no suelen durar mucho. Al final la gran mayoría de las agrupaciones corales están cercanas a la edad de jubilación.

–¿Cree que falta educación musical?

–Por desgracia sí, cada vez estamos más lejos de ser una nación con educación musical. Además el trabajo que hay detrás de un músico es mucho, pero lamentablemente la sociedad no lo valora.

–¿Cómo calificaría su trayectoria al frente de la coral?

–Estoy muy orgulloso de lo que hicimos. Siendo como es, un coro modesto integrado por gente con ninguna o muy poca preparación musical, creo que hemos conseguido hacer una cantidad de repertorio por encima de lo normal. Hemos hecho 163 obras en estas casi dos décadas, de las cuales muchas fueron estrenos, incluso absolutos. Además, los coralistas siempre fueron muy responsable y hubo muy buen ambiente.

–Sin duda los estrenos son característicos de su trabajo como director.

–Soy un obseso, incapaz de estar repitiendo repertorio. Ni siquiera de un coro a otro. Por suerte hemos tenido la oportunidad de contar con el apoyo de quien fuera mi maestro, Alfonso Sánchez Peña, que nos entregó muchas partituras. En el mundo de los coros modestos lo normal es una repetición del repertorio.

–¿Qué debe ser lo prioritario a la hora de preparar un estreno?

–Sin duda es ver el tope de dificultad a la que llega el coro. Yo me niego a hacer una cosa que sea vulgar. Será sencillo pero tiene que estar bien hecho, y si es obra de arte, aunque sea arte con minúsculas, mejor.

–¿Le quedó alguna composición pendiente?

–La última pieza que estrenamos fue en el propio homenaje, en la sobremesa. Pero quedó otra que no tuvimos tiempo. Durante la pandemia se hizo muy popular el tema "Veinte años" para el que Alfonso hizo una versión coral. Esa está pendiente.

–De todas las obras que ha dirigido ¿por cuál siente predilección?

–"Mi pequeño amor", del argentino Ramón Ayala. Es una delicatessen, por eso me gusta. También tuvimos una colaboración con Elena Pérez Herrero, de la academia Haragei, con la que hicimos bastantes obras. De esas me quedaría con el "Magnificat" de Frisina, donde ella fue lógicamente la solista.

–¿Cómo comenzó su andadura en la música?

–En los años ochenta había una gran efervescencia coral, pero no de nuevas agrupaciones sino de directores. Había mucha gente queriendo aprender. Recuerdo que nos juntábamos en Pola de Siero y al final nos enseñábamos unos a otros. Era todo gente válida y me empape de lo que otros sabían. Al poco comencé en el coro de la Caja de Ahorros. También estuve en la Coral Avilesina y en el coro San Ignacio. También un año en la Capilla de la Torre, pero lo dejé y con el paso del tiempo me volvieron a llamar. Hasta ahora.

–¿Seguirá ligado a la Capilla de la Torre?

–Por supuesto, los quiero mucho y ellos a mí también. No voy a estar como un asesor, pero sí que me gustaría mantener contacto hasta donde me dejen.

–¿Qué le recomendaría a un joven que quiera dedicarse a la dirección coral?

–Que trabaje el control auditivo. Para un director es la primera asignatura. El coro debe cantar lo que hay en la partitura, pero el director también debe enterarse de que todo está funcionando bien.