La Nueva España

El arraigo del azabache en Villaviciosa, un legado de sagas familiares

La extracción y tallado del mineral ha ido pasando de generación en generación desde hace siglos, siendo un referente en la historia del concejo

Alicia García-Ovies

Dice el arqueólogo Rogelio Estrada que “la minería del azabache localizada en la marina de Villaviciosa es, sin duda, uno de los rasgos definitorios o referentes históricos claves para entender el desarrollo de esa área del concejo”. Es por tanto comprensible el arraigo que el municipio tiene con este material desde tiempos inmemorables y su interés por que salga adelante el expediente que la Consejería de Cultura acaba de iniciar para declarar la cultura azabachera Bien de Interés Cultural (BIC) inmaterial.

Este procedimiento es el primer paso para lograr la protección del azabache jurásico asturiano tan deseada por los artesanos. Un sector que lleva años en crisis por el cierre de las minas, la falta de material y la expansión cada vez más común de materiales similares.

El azabache asturiano es único

El estudio elaborado por la historiadora del arte María Fernanda Fernández Gutiérrez para el Principado señala que “la presencia de hidrocarburos en el proceso diagenético de definición (específico del área de Oles) le confiere condiciones singulares ya definidas de manera objetiva”. Tiene, por ejemplo, una excepcional estabilidad, por lo que “la degradación a largo plazo es prácticamente desdeñable (lo que lo convierte en un material tan sumamente apreciado para la elaboración de diversos aderezos, amuletos o joyas)”.

Todas estas razones lo convierten en una pieza única desde el paleolítico. Las piezas más antiguas fueron localizadas en la cueva de Las Caldas (San Juan de Priorio). En el Archivo de Simancas la primera referencia al azabache de Villaviciosa es una concesión para una explotación minera en 1675. A mediados del siglo XVII se reducen las peregrinaciones y decae la llamada industria azabachera, en 1753 sólo había cuatro minas en la parroquia de Oles, habiéndose abandonado otras muchas. En 1873 llegó a haber tres minas activas con veintiocho operarios, la cual producía un total de 509 quintales de mineral.

En la imagen superior izquierda, Tomás Noval, extrayendo azabache; en la derecha, Néstor Costales, artesano fallecido; en la tercera imagen, las manos de un artesano trabajando el azabache

En la imagen superior izquierda, Tomás Noval, extrayendo azabache; en la derecha, Néstor Costales, artesano fallecido; en la tercera imagen, las manos de un artesano trabajando el azabache

Estos avatares, indica Fernández, “hicieron del último cuarto del siglo XIX y del primero del XX una etapa en la que, con altibajos, hubo una producción constante y notable a la que se puso punto final en 1924 (es la fecha que se asume como fin del laboreo minero sistemático)”.

A lo largo de todos estos años, el sector azabachero estuvo intrínsecamente ligado a la saga de los Noval. Comienza con Bartolomé Noval Montes, que procedía de Siero (como otros mineros del sector). Le sucede su hijo Tomás Noval Solar y cierra la saga su hijo, nieto del primero, Tomás Noval Barredo (1921-2008). Este último comenzó a trabajar con 17 años, en 1938, y aunque aún frecuentó ocasionalmente las galerías de la concesión familiar, también se aprovisionó en las escombreras a pie de bocamina hasta prácticamente su muerte a los 87 años.

La artesana azabachera con más historia

Si Tomás Noval Barredo es conocido como el último minero, Marina Morís es actualmente memoria viva de la artesanía azabachera. Comenzó a trabajar el mineral con tan solo 12 años, tras aprender el trabajo de un vecino. Junto a su marido formaron un equipo especializado en elaborar bolas de tres, cuatro y cinco milímetros con 24 facetas, y otras grandes para collar, de 48 facetas. “Él tallaba muy bien; yo pulía en tres fases, por la mañana la piedra, por la tarde el sobón y el rojo. Hacíamos un ciento al día”, recuerda.

Marina Morís, la artesana de más edad

Marina Morís, la artesana de más edad

Morís defiende la protección del azabache por su valor y calidad. Una opinión que comparte su hija, María Luisa, quien también trabajó el mineral y que lamenta que con el paso de los años los artesanos azabacheros hayan ido desapareciendo, quedando cada vez un número menor. “El azabache se tiene que dar a conocer y estudiar el por qué es diferente. Tiene que reconocerse cómo es y dársele valor”, insisten.

Morís actualmente tienen 91 años y aunque los achaques de la edad ya le limitan la actividad, sigue trabajando pequeñas piezas “para entretenerse”.

El arraigo del azabache en Villaviciosa, un legado de sagas familiares

El arraigo del azabache en Villaviciosa, un legado de sagas familiares Amor Domínguez

El azabache es un mineral compuesto principalmente de carbono y hierro que se caracteriza por su color negro intenso y su brillo mate. Se ha utilizado desde la antigüedad como material para la fabricación de joyas y amuletos, debido a su supuesta capacidad para proteger contra el mal de ojo y otros peligros. En algunas culturas, se le da a los bebés recién nacidos como un talismán de protección. El azabache también se utiliza en la industria para la fabricación de lápices y tintas.

Una de las que todavía quedan en Villaviciosa es María Pérez, presidenta de la Asociación Azabache Jurásico, quien lleva años peleando por la protección del material. “La declaración de Bien de Interés Cultural de la cultura azabachera es el primer paso, lo que tenemos que lograr es proteger y definir correctamente el azabache asturiano. Es único, solo se da en Villaviciosa”, insiste.

María Pérez, presidenta de la Asociación Azabache Jurásico

María Pérez, presidenta de la Asociación Azabache Jurásico

La entrada en el mercado de materiales similares ha complicado su identificación, por lo que la asociación apuesta por el uso de la triboelectricidad para esclarecer si es o no azabache de Villaviciosa. La carga del mineral, además de demostrar su autenticidad, podría ser, en opinión de Pérez, lo que en su día hizo a las gentes creer que podía tener un carácter mágico.

Ahora el sector espera que el inicio del trámite para su declaración como Bien de Interés Cultural inmaterial sea un paso fundamental no solo de su protección sino de su futuro como una joya única de la costa de Villaviciosa.

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