La pasión de la reina Victoria de Inglaterra por el oro negro de Villaviciosa: cuando el azabache de Les Mariñes triunfaba en Gran Bretaña
Los joyeros de Yorkshire importaron grandes cantidades de mineral del concejo en la segunda mitad del siglo XIX ante la enorme demanda de abalorios negros, puestos de moda por la monarca

Un artesano del azabache. / LNE

¿Pudo haber lucido la reina Victoria de Inglaterra (1819-1901) alguna joya elaborada con azabache de Villaviciosa? La hipótesis no es descabellada, ya que buena parte del lignito que se trabajaba en la isla en la segunda mitad del siglo XIX procedía de Les Mariñes maliayesas. La producción local de Whitby (Yorkshire), cuna del azabache británico, no era capaz de atender la enorme demanda de piezas de joyería elaboradas con este material que se produjo después de que Victoria -abuela de María Eugenia de Battemberg, la esposa de Alfonso XIII- las pusiera de moda en toda Europa. Fue tras decidir, al enviudar en 1861 de Alberto de Sajonia, que desde entonces solo iba a utilizar joyas negras. La solución para afrontar el déficit de materia prima en Whitby y hacer frente al aluvión de pedidos fue recurrir a la importación. Cientos y cientos de kilos de azabache jurásico villaviciosino se embarcaron en el puerto gijonés de El Musel rumbo a Inglaterra y se convirtieron en piezas claves para definir el estilo y la moda victoriana.
Los británicos Mars Ross y H. Stonewhewer-Cooper viajaron por Asturias en el tramo final del siglo XIX y plasmaron su experiencia en un curioso libro titulado “Las tierras altas del Cantábrico”, publicado en Londres en 1885 y que ha sido traducido al castellano. En su periplo desde Gijón, a la que definen como “el Cardiff español”, relatan su llegada a “una zona denominada las Marinas”. Allí comprueban que “el azabache de Whitby es importado a Whitby y después, como puro Whitby y nada más que Whitby, es posteriormente vendido”. En otras palabras, que el afamado azabache de Yorkshire, el que definen como “verdadero”, procedía de los yacimientos que se extendían “desde Villianosa (sic) hasta dos millas de Gijón”.

Una fotografía antigua de la extracción del mineral.
Es más, Ross y Stonewhewer-Cooper apuntan que “hasta una fecha reciente”, tres años atrás, el mercado del azabache había sido “monopolio de un inglés afincado en Gijón y que, como cabía esperar, ha hecho una gran cantidad de dinero con el negocio del lignito, que tal es el nombre con el que el producto era exportado a Inglaterra”.
Además, los viajeros británicos dejaron anotado que “el precio de producción de 112 libras (una libra son 0,45 kilos) del mejor azabache es de 25 chelines y como quiera que el señor Wright, de Whitby, paga la libra a un precio de dos chelines y seis peniques, es obvio que el negocio iba mucho más allá de obtener beneficios”.
“Unas 1.600 cajas de 112 libras cada una van anualmente de Gijón a Londres”, añaden los viajeros británicos, que se sorprenden de que los ornamentos del azabache “no puedan ser realizados en Gijón en lugar de en Yorkshire”. En el libro hasta esbozan un plan empresarial, que no se llevó a cabo, que resumen así: “Nos haríamos con los mejores hombres de Whitby, aseguraríamos una o dos minas de las Marinas, estableceríamos talleres en Gijón y, si no pagáramos un buen dividendo y, al mismo tiempo, desafiáramos toda competencia honesta, ello se debería únicamente a una mala dirección”. Por cierto, esta multinacional llevaría el jocoso nombre de “Compañía Limitada del Verdadero Azabache de Whitby”.

Piezas de azabache.
Finalmente, los ingleses dejan una visión de “las Marinas” como “rincón encantador para todo el que ame la naturaleza”. Puede entenderse como uno de las primeras campañas de promoción turística de Villaviciosa: “Las extrañas granjas asturianas con sus vetustos interiores abundan en este distrito, y el viajero puede gozar de los despreocupantes paseos sobre unas tierras ondulantes que le recordarán lo mejor de Sussex. Si el sol calienta de vez en cuando, el viento marino de la bahía azul amainará el sopor, y para combinar los negocios científicos con los placeres del cuerpo, una visita a las minas de azabache de las Marinas es altamente recomendable”.
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