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Regreso al pasado de Villaviciosa: palacetes, restos arqueológicos y alguna historia oscura

La Fundación Cardín organizó este martes un recorrido guiado a través del casco histórico maliayés, que sorprendió a los participantes por su riqueza histórica

Rebeca Meana guía al grupo por las calles de Villaviciosa.

Rebeca Meana guía al grupo por las calles de Villaviciosa. / Alicia García-Ovies

Villaviciosa

Tras la antigua muralla de Villaviciosa llegaron a resguardarse hasta su caída tres hospitales, un sinfín de palacetes y un mercado que a día de hoy, más de siete siglos después, sigue en activo. La ruta organizada este martes por la Fundación Cardín con motivo del Día internacional de los monumentos y los sitios supuso un viaje al pasado. Durante más de una hora, la historiadora Rebeca Meana desgranó los entresijos de un casco histórico que, si bien ha ido evolucionando con el paso de los años, aún esconde retazos de una época de nobleza, escaramuzas y poder.

El recorrido comenzó en la iglesia de La Oliva, puerta de entrada a la Villaviciosa de 1270, fecha en la que Alfonso X concede a la denominada por entonces Pola de Maliayo su Carta Puebla. Este fue el nacimiento de una población que se convertiría en “zona de paso y puerto de entrada”. Poco a poco, las grandes familias se fueron asentando en la calle principal, por donde discurrió esta ruta al pasado.

Uno de los primeros palacetes es el de la familia Valdés. El edificio destaca por su torre, una de las más altas del casco histórico, aunque no sea la original. La primera fue derribada por orden judicial después de que el entonces propietario de la vivienda, Diego de Valdés, saliese mal parado de una escaramuza en torno a 1490. "La actual se construyó sesenta años después, aunque muchos vecinos protestaron y estuvieron en contra de que se volviese a construir", apuntó Meana.

A tan solo unos metros se levantan los palacetes de Peón, Caveda y Nava y la conocida Casa de los Hevia. Todas las edificaciones constan de dos alturas y de destacadas medianeras que servían de cortafuegos en caso de incendio. Delante, la Casa del Arcediano, que acogió una fábrica de chocolate.

El recorrido continuó por la plaza de los Balbín, "donde se dice que hubo una corrida de toros", hasta los restos de la antigua muralla, cuyo estado fue criticado por alguno de los participantes. "Me da la sensación de que está un poco abandonada, creo que estaría mucho mejor más aseada”, comentó una visitante de Gijón, a quien, no obstante, la ruta le "gustó mucho, es muy interesante".

La iniciativa de la Fundación Cardín atrajo a numerosos vecinos del concejo, pero también de municipios cercanos que se interesaron, además, por actividades como los buses etnográficos y del Románico que circulan cada verano.

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