Memoria de la disidencia democrática

En 1974 se revolvía el café con democracia en Quintes: así fueron los encuentros clandestinos que plantaron cara al franquismo

Hace más de medio siglo la oposición asturiana fue, con la catalana, pionera en articular un ente plural y transversal que reunió a democristianos, curas comprometidos, carlistas, socialistas, comunistas e independientes para plantar cara al franquismo y prepararse para la convivencia en libertad

Pedro de Silva, Paz Fernández-Felgueroso y Benito Fernández, en la finca de Quintes, medio siglo después de crear en ella la Mesa Democrática de Asturias

Pedro de Silva, Paz Fernández-Felgueroso y Benito Fernández, en la finca de Quintes, medio siglo después de crear en ella la Mesa Democrática de Asturias / Marcos León

Julio César Iglesias

"Unos amigos catalanes vendrán a tomar café". Esa fue la frase que el abogado José Ramón Herrero Merediz (1931-2016) y el farmacéutico Daniel Palacio (1923-1997) usaron para convocar a un grupo de asturianos indóciles e inquietos que encontraban cobijo a su malestar democrático en los diferentes grupos ilegales de la oposición a la dictadura.

Burgueses irreverentes, ambos eran miembros del Partido Comunista de España (PCE) y fueron los encargados de que aquella merienda de principios de 1973 aunase voluntades diversas y se diese el paso para articular el primer ente plural y transversal frente al franquismo: la Mesa Democrática de Asturias (MDA), de eso hace medio siglo largo. Dejada de lado la nostalgia y sus melancolías aquel acontecimiento colocó los cimientos para que los demócratas asturianos se pusieran cara y nombre e impulsasen fórmulas de colaboración y entendimiento para moldear un porvenir de libertades y derechos sociales.

LA NUEVA ESPAÑA reunió en la finca de Quintes, en la Mariña de Villaviciosa, donde se celebraron durante casi dos años los encuentros clandestinos, a tres de los protagonistas de aquel capítulo de la memoria democrática asturiana: Paz Fernández-Felgueroso, abogada con una larga trayectoria política como consejera de Industria, secretaria general de Instituciones Penitenciarias y alcaldesa de Gijón, entre otras responsabilidades públicas; Benito Fernández, sacerdote secularizado, profesor y candidato independiente en la lista del PCE gijonés en las primeras elecciones municipales de 1979, y Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos, diputado en Cortes, primer presidente de Asturias elegido en las urnas, escritor y también abogado.

La biografía de la MDA es una parte velada de la memoria democrática de una región que siempre supo hacer historia con mayúsculas, pero también aprendió que ésta sólo se puede escribir con los renglones de las historias mínimas de los hombres y mujeres que convierten la decencia en una actitud ante la vida.

Daniel Palacio y Paz Fernández-Felgueroso con dos de sus hijas.

Daniel Palacio y Paz Fernández-Felgueroso con dos de sus hijas. / .

En esta ocasión Asturias no estaba sola. Antoni Gutiérrez Díaz, un pediatra con perilla bien recortada que por entonces formaba parte de la dirección del comunista Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), y Josep Andréu Abelló, un jurista millonario, entrado en carnes y fumador de habanos, que había participado en la fundación de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), eran los dos amigos catalanes invitados a tomar café en la casa que Paz Fernández-Felgueroso y su marido Daniel Palacio tenían en la gijonesa Avenida de Las Mestas, detrás del colegio de La Asunción. Representaban a la Asamblea de Cataluña, el organismo que en España más acertadamente había logrado concertar a las fuerzas sociales, no sólo políticas, que buscaban orear aquel país con olor a moho autoritario.

Ese primer café lo tomaron el ingeniero agrícola Sergio Álvarez Requejo (1929-2007), director de la Pomológica de Villaviciosa (actual Serida) y cuñado del periodista Francisco Carantoña, en representación de la democristiana Izquierda Democrática (ID); el abogado Emilio Barbón (1930-2003), en nombre del PSOE y la UGT, aunque su sabiduría táctica le llevó a precisar que lo hacía en condición de oyente; el soldador y gladiador sindical en tantas arenas Luis Redondo (1932-2013), por CC OO, y Herrero Merediz y Palacio como portavoces del comunismo astur.

A ellos se sumaron, en calidad de independientes, entre otros, el médico de tradición republicana Félix Prieto Palacio (1919-1992), cuñado de Torcuato Fernández-Miranda y concejal revoltoso por el tercio sindical en el Ayuntamiento de Gijón; el por entonces joven abogado y directivo del Ateneo Jovellanos, Pedro de Silva, y el matemático Estrada, profesor del Instituto Jovellanos.

Algunos de ellos eran "compañeros de viaje", título del primer libro del poeta Jaime Gil de Biedma que se convirtió en el socorrido eufemismo para denominar a quienes estaban en la órbita del "Partido" y que procede de una expresión clásica de los que no emprenden la ruta para llegar a la stazione termini, pero si están dispuestos a ir en el mismo vagón hasta un apeadero intermedio.

La Mesa Democrática era entonces una prioridad para el PCE, fórmula que desarrollaba el "Pacto para la Libertad", directriz surgida un año después de romper con la Unión Soviética por el aplastamiento de la "Primavera de Praga" y abrazar el eurocomunismo, donde se fijaba la apuesta por llegar a pactos con todos los sectores políticos y sociales dispuestos a trabajar por un cambio democrático. Derribar la dictadura dejó de ser sólo asunto de los comunistas y pasó a ser de todos los demócratas. Los cálculos interesados de algunos y los dogmatismos de otros alimentaban la frustración por la incapacidad de materializar operaciones unitarias. En Cataluña residía la esperanza. El primer organismo que unió las fuerzas democráticas catalanas se abrió a toda la sociedad, desde grupos de montaña a agrupaciones corales, y ese modelo empezó a dar resultados y arrinconar recelos.

¿Cuál era el siguiente objetivo? Asturias, sin duda. Con el prestigio internacional acuñado por una clase trabajadora que había logrado torcer con sacrificio el brazo al régimen en varias ocasiones y era la bestia negra para el propio Franco, incapaz de dominarla ni con cárcel ni destierros, tampoco con prebendas paternalistas y siderúrgicas. Si la fuerza obrera era necesaria, no lo eran menos otros sectores de la sociedad asturiana alérgicos a las camisas viejas y al color gris de las pesadillas.

De aquella merienda en la vivienda gijonesa del matrimonio Palacio Fernández-Felgueroso salió una invitación a que una delegación asturiana se entrevistase con la cúpula de la mitificada Asamblea de Cataluña. Como responsable de la política de alianzas del comunismo hispano, Antoni Gutiérrez, que acabaría siendo líder del PSUC y eurodiputado, abrió las puertas a que una delegación asturiana conociese su forma de trabajo e intercambiasen opiniones. Especial empeño puso en que fuese el joven De Silva, pero éste se excusó con cierta ironía: "necesito algo más de tiempo; no sería lógico llegar a esta casa a tomar un café y salir para representar a las fuerzas democráticas de Asturias"; sin embargo, a partir de ese momento se convertiría en un activista próximo al PCE.

Al final acudieron a Barcelona Herrero Merediz, "El Mere", y Barbón, dos abogados que conocieron la cárcel. Allí descubrieron las fórmulas de trabajo de la Asamblea de Cataluña y cómo acomodarlas a la realidad asturiana. También fueron a Barcelona por su cuenta los sacerdotes y profesores Jesús Santaeufemia (1927-2014), consiliario de la Hermandad de Obreros de Acción Católica (HOAC) y de las Juventudes Obreras Cristianas (JOC), y Benito Fernández, párroco de El Cerillero, en representación del clero liberal y progresista, que no sólo daba amparo a la oposición, también se implicaba cuerpo a cuerpo en la protesta civil.

La mesa se amplía en Quintes

Al regreso de aquel viaje, el matrimonio Palacio Fernández-Felgueroso ofreció la casa de una finca familiar en Quintes, suficientemente esquinada para pasar desapercibida a los anteojos negros de la Brigada Político-Social, la policía de la dictadura.

Asentadas las patas de la MDA, era necesario desplegar el abanico ideológico. Todos tiraron de agenda y teléfono, especialmente los hiperactivos Daniel Palacio y José Ramón Herrero Merediz. El farmacéutico comunista gijonés tenía su santo y seña para identificar a aquellas personas con la que se podía contar, recuerda Pedro de Silva: "Si te decía ‘esti ye liberal’ es que se trataba de un demócrata con algún grado de implicación opositora; si te guiñaba el ojo y añadía ‘esti ye amigu tuyu” es que era un miembro del PCE".

Con esas dos claves se logró sentar a la mesa, ya no sólo para tomar café, a delegados de distintos colectivos. A las reuniones de Quintes que se celebraron durante ese año y medio largo se sumaron el profesor Miguel Virgós Ortiz, fundador de la Asamblea de Padres de Alumnos Universitarios que colideraba el Partido Carlista de Asturias con el último canónigo magistral de la catedral de Oviedo, Emilio Olávarri Goicoechea; el miembro de la cúpula de la socialcristiana Unión Sindical Obrera (USO) e impulsor de Reconstrucción Socialista Asturiana (RSA), el metalúrgico José Luis Iglesias Álvarez (1939-2012), y los curas Jesús Santaeufemia y Benito Fernández, en representación del clero progresista.

El abogado Ramón Carrera Díaz (1929-2004), que a partir de 1978 ocuparía la delegación de la Confederación Hidrográfica del Norte de España y sería diputado de centroderecha en la Junta General del Principado, se sumó en alguna reunión a la representación democristiana que ejercía Álvarez Requejo. Hasta Quintes se acercó en alguna ocasión el ingeniero agrónomo Miguel Ángel García Dory (1939-1994), fundador de la asociación Amigos de la Naturaleza de Asturias (ANA) y uno de los pioneros del ecologismo en España.

La MDA se convirtió en el único espacio capaz de aglutinar al espectro más amplio de la oposición al franquismo. Fuera se quedaron los anarcoizquierdistas de las Comunas Revolucionarias de Acción Socialista (CRAS), aglutinadas en torno al filósofo libertario gijonés José Luis García Rúa; las facciones prosoviéticas o maoístas, a las que aún les tiraba el monte de los dogmatismos leninistas, y ciertos grupos de la izquierda revoltosa, empeñados en encontrar las playas bajo los adoquines levantados en mayo del 68.

Comunistas, cristianos y desclasados con clase

El PCE fue el agente germinador y activo en la Mesa Democrática de Asturias. Lo hizo con dos de sus figuras principales en Asturias, pero con cierta singularidad en sus orígenes: se trataba de un abogado y un farmacéutico procedentes de familias burguesas, republicana liberal en el caso de José Ramón Herrero Merediz, “El Mere”, y con acné franquista en su juventud. Había otros miembros que con el marbete de “independientes” se situaban en la orilla de los comunistas. Entre ellos destacaba un abogado de 28 años, con barba de Gregory Peck en la película Moby Dick, hijo de un abogado procedente del franquismo y de una patricia con apellido con ecos ilustrados. En Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos se fijaron Palacio y Herrero Merediz y se convirtió en colaborador de la causa. Un día, en una conversación entre amigos y en la que no eran ajenas las bromas, “El Mere” ofreció el carnet de militante a De Silva, quien tiró de humor para rechazarlo: “Me puse irónico y un poco estupendo y le respondí que estaba cómodo como tonto útil consciente al servicio de la clase que tiene la razón histórica”, apunta. El caso de Paz Fernández-Felgueroso vino en parte por vía conyugal. Procedente de una de las familias patronas que capitaneó la industrialización de Asturias, su matrimonio con Daniel Palacio, los trabajos en el voluntariado social y el contacto con los compañeros de Derecho le hizo ser una presencia constante y el cupo femenino de los círculos clandestinos que no se escapaban a la masculinación ambiental. “Estaba al lado de Daniel y ayudaba, pero nunca fui del PCE, mi sensibilidad política me llevaba al socialismo”, evoca la que fuera miembro de DSA y PSPA y con un sinfín de responsabilidades públicos en diferentes gobiernos del PSOE. El componente cristiano era el segundo elemento con mayor presencia en la MDA, tras los comunistas. El catolicismo social tenía una tradición muy sólida en la región, con el sacerdote Maximiliano Arboleya (1870-1951) como principal referente y enterrados ciertos episodios del llamado “amarillismo” sindical. Los curas comprometidos fueron los primeros en dar un paso adelante, con nombres tan destacados como el vicario general José Manuel Álvarez, “Pepe el comunista” (1921-1918), Nicanor López Brugos (1929-2018), en la mierense iglesia de San Juan, o José Luis Martínez (1928-2005), “el cura buenu” de las parroquias gijonesas de Santa Bárbara, Fátima (La Calzada) y San José. “Ellos eran nuestros guías y quienes daban la cara”, precisa Benito Fernández, también con un origen acomodado: su padre, Eduardo Fernández Guerra, fue alcalde de Avilés entre 1953 y 1956 y el Gobierno lo destituyó cuando exigió a Ensidesa el pago de tasas municipales como cualquier otra empresa. La llegada Asturias de Vicente Enrique y Tarancón (1907-1994) como arzobispo trajo los aires renovadores del Concilio Vaticano II y la propagación del compromiso social de la Iglesia, al que dio continuidad Gabino Díaz Merchán (1926-2022). “Él nos dejó claro que estaba con nosotros”, subraya Benito Fernández, al que no se le ha olvidado la valentía de aquellos curas que convocaron la huelga de misas del 25 de enero de 1970 en apoyo a los mineros castigados por reclamar trabajo y salarios dignos: “Don Gabino nos ofreció su amparo” observa este profesor jubilado, que destaca el papel del Seminario Metropolitano de Oviedo: “fue un polo importantísimo, donde aprendimos teología y filosofía, con profesores de la categoría de Aurelio Fernández (1926-2019), Javier Fernández Conde o José Luis González Novalín (1929-2020), pero también se nos educó en el servicio a los más desfavorecidos y a los perseguidos”. Aquel clima favoreció el activismo de organizaciones como la Hermandad de Obreros de Acción Católica (HOAC), las Juventudes Obreras Cristianas, de las que surgiría la USO liderada por el combativo Severino Arias, y las Juventudes de Estudiantes Cristianos (JEC), germen de algunos grupos de izquierda revolucionaria como el Frente de Liberación Popular o, posteriormente, el Movimiento Comunista de Asturias (MCA), También el cristianismo social predicaba entre la burguesía. En Oviedo un grupo de profesionales vinculado a Acción Católica empezaron a organizarse políticamente, con su vinculación a Izquierda Democrática, el partido que impulsó el ex ministro franquista Joaquín Ruiz-Jiménez. Un piso de la calle Uría acogía las reuniones de aquella célula democristiana integrada principalmente por juristas como José María Alonso Vega (1931-2007), Luis Vega Escandón (1928-2014) o Alfredo Prieto Valiente (1934-2023), entre otros, que empezaron a vincularse con diferentes colectivos de la oposición y, de forma más activa, en la defensa de presos políticos. Años después se integrarían en la Unión de Centro Democrático (UCD) y alguno en las filas del Partido Popular. EL PSOE se sumó a la MDA a su manera. Los viejos socialistas invocaban que no estaban dispuestos a compartir mesa y mantel con los “representantes de la burguesía”, pero sus reticencias procedían de su desconfianza hacia el PCE y un larvado e histórico anticomunismo. Agustín González (1929-1977), socialista luchador e intuitivo y con mando en plaza, aceptó que Emilio Barbón acudiese a tomar café, pero poco más. El sabio Barbón, menos aferrado a las viejas ortodoxias, convenció a la dirección de la Federación Socialista Asturiana (FSA) “de que, aunque los partidos de fútbol se juegan en el campo, también se podía jugar al futbolín”, según explica Pedro de Silva. “El símil no era muy respetuoso con los demás asistentes, pero al hombre de mérito y ejemplaridad de Emilio se le toleraba todo”, precisa.

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