Adiós a un rito centenario en los chigres: los asturianos dejan de compartir los vasos de sidra
La forma de consumo tradicional, implantada a partir de 1880 por la escasez y el elevado precio de los recipientes, desaparece ante las exigencias higiénicas surgidas tras la pandemia del coronavirus

Un escanciador, echando sidra para los clientes, ayer, en la sidrería La Pumarada de la calle Gascona (Oviedo). | MARIO CANTELI

Cambio histórico en la sidra. Su cultura, reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco desde 2024, pierde el que ha sido uno de sus grandes ritos de consumo, símbolo del carácter socializador de la bebida más asturiana. La tradición de que los grupos de amigos compartan un mismo vaso para beber en los chigres salió muy tocada de la pandemia del coronavirus y, a día de hoy, puede darse prácticamente por extinguida, aunque todavía haya algún irreductible de lo comunitario en ámbitos cada vez más íntimos.
Queda claro, y así se puede comprobar con solo darse una vuelta por las sidrerías de la región, que se impone el vaso individual. Uno para cada parroquiano, por mucho que al tercer o cuarto culete ya reine cierta confusión y se oiga de forma recurrente aquello de "¿cuál ye´l míu?". La medida higiénica tradicional de limpiar la parte del vaso por la que se ha bebido con el líquido final de cada culete ni se acerca a los exigentes estándares sanitarios que se han impuesto a partir de la crisis del coronavirus.
Modos de consumo
El antropólogo Xuan de Con confirma que, aunque era algo que ya estaba implantado "a demanda", tras la pandemia se ha generalizado la práctica de beber cada cual de su vaso. "Los modos de consumo son cambiantes y no compartir era una tendencia que ya se venía notando antes del coronavirus por la conciencia de higiene en las prácticas alimentarias", expone De Con, quien destaca "la inmunidad de grupo" como "beneficio" de beber todos del mismo recipiente "con confianza y un cierto riesgo".
El etnógrafo Ignacio Hevia Llavona confirma que la tradición de beber sidra del mismo vaso puede darse por perdida tras la pandemia: "Hay gente que se resiste, pero está casi desaparecida". Según explica, se trata de una práctica que se implantó en Asturias hace casi 150 años por motivos eminentemente prácticos. "Cuando se empezaron a fabricar allá por 1880, los vasos de sidra eran caros y escasos, y en los chigres y tabernas había muy pocos, así que empezaron a compartirse a la vista de que las existencias no daban para todos", detalla.
También relata Hevia Llavona, autor del estudio de referencia sobre "la botella de Xixón", que aquellos vasos que empezaron a reemplazar a les xarres (jarras) con las que hasta entonces se bebía la sidra eran de cristal prensado y muy pesados, algunos incluso de hasta medio kilo. Los modelos más finos son de alrededor de 1920 y su origen es curioso.
"La fresca"
Resulta que los trabajadores de la fábrica de vidrio La Industria (Gijón) disfrutaban de lo que se conocía como "la fresca", periodo de descanso de unos quince minutos en cada jornada laboral. Durante ese tiempo, los vidrieros tenían permiso de la dirección para utilizar la maquinaria de la empresa para fabricar artículos que luego sacaban a la venta por su cuenta a fin de completar el sueldo. Además de bebederos para pájaros, atrapamoscas o figuras de peces o cerdos, de aquellas "frescas" empezaron a salir vasos finos soplados para sidra que obtuvieron un instantáneo éxito. Tanto es así que la compañía decidió fabricarlos a mayor escala y venderlos a los chigres.
Los vasos de La Industria, al igual que los de La Bohemia, otra de las grandes vidrieras con sede en Gijón, fueron muy apreciados por los bebedores. Ambas firmas sacaban al mercado modelos cada vez más adecuados para el consumo de sidra. Eso sí, seguían siendo caros y, en consecuencia, los chigres no disponían de grandes remesas, con lo que el uso comunal de los mismos se fue institucionalizando. Recuerda Hevia como hasta hace relativamente poco tiempo los chigreros veían como una pequeña tragedia económica que se rompiera uno de esos apreciados recipientes de cristal fino.
Los propios consumidores fueron quienes, con el tiempo, implantaron la medida higiénica de dejar una pequeña porción de líquido del culete para tirarla por el sitio por el que habían bebido y limpiar así el vaso. Por tanto, ni ofrendas a los dioses celtas ni un afán por saciar la sed de "les formigues" (hormigas) están detrás de un gesto que también se está abandonando. Carece de sentido limpiar, aunque sea con sidra, un vaso de uso individual entre culete y culete.
Antes de la pandemia, el rito comunitario del consumo de sidra ya había estado en la picota en 2009, cuando el Ministerio de Sanidad recomendó no compartir vasos para evitar contagios de Gripe A. Una década después, el coronavirus dio el golpe de gracia, imponiendo esos recipientes marcados con colores o con símbolos asignados a cada bebedor. Tal rigor se ha rebajado, pero la tradición de compartir vaso para beber sidra pasa a la historia, como también lo hizo en su momento, hace ya un cuarto de siglo, la botella "en pelota" sin etiqueta.
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