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Villaviciosa cataloga más de 1.400 hórreos y paneras repartidos por el concejo con el nuevo Plan General de Ordenación

El documento incluye Peña Castiello como nuevo yacimiento arqueológico

Hórreos y paneras en Sietes.

Hórreos y paneras en Sietes. / LNE

José A. Ordóñez

José A. Ordóñez

Villaviciosa

El concejo de Villaviciosa da un paso decisivo en la protección de su patrimonio con la inclusión de 1.089 hórreos y 332 paneras dentro del nuevo Catálogo Urbanístico del Plan General de Ordenación (PGO), actualmente en fase de aprobación. Además,, el documento incorpora un exhaustivo Catálogo Arqueológico con 109 yacimientos y enclaves, una cifra que refleja la riqueza histórica del territorio y su ocupación continuada desde la prehistoria hasta épocas más recientes. Este inventario se basa en la Carta Arqueológica del concejo y amplía la información existente con nuevos criterios de protección y clasificación.

El catálogo distingue tres grandes categorías. Por un lado, los 70 yacimientos arqueológicos, que constituyen los enclaves de mayor entidad. En este grupo se integran los 69 ya reconocidos en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias (IPCA), a los que se suma uno adicional: La Peña Castiello, un enclave conocido desde antiguo pero que hasta ahora no había sido formalmente incorporado al registro oficial. Estos yacimientos incluyen principalmente estructuras castreñas, restos de ocupación romana, áreas funerarias tumulares y otras evidencias de asentamientos históricos.

En segundo lugar, el documento recoge 38 hallazgos arqueológicos. Se trata de localizaciones donde se han documentado restos materiales —como fragmentos cerámicos, útiles líticos u otros vestigios— pero que aparecen de forma aislada o en pequeñas concentraciones. Aunque no alcanzan la entidad suficiente para ser considerados yacimientos completos, su inclusión en el catálogo responde a la necesidad de preservar cualquier indicio del pasado que pueda contribuir a futuras investigaciones.

El tercer nivel de protección lo constituyen las 70 áreas de cautela arqueológica, espacios definidos por su potencial para albergar restos aún no documentados. Este apartado adquiere especial relevancia desde el punto de vista urbanístico, ya que introduce limitaciones preventivas en el uso del suelo. Entre estas áreas destacan los conjuntos históricos de la Villa y Tazones, donde la superposición de distintas épocas históricas hace probable la aparición de restos en el subsuelo.

Asimismo, se incluyen como áreas de cautela los entornos de 67 edificaciones singulares, tanto de carácter religioso como civil, donde cualquier intervención podría sacar a la luz estructuras o materiales de interés arqueológico. En estos casos, el planeamiento establece la obligación de realizar controles o seguimientos arqueológicos antes de ejecutar obras que afecten al terreno.

Este enfoque preventivo supone un cambio significativo en la gestión del patrimonio, al pasar de una protección centrada únicamente en los yacimientos conocidos a un modelo que también contempla el potencial arqueológico del territorio. De este modo, el catálogo no solo protege lo ya identificado, sino que anticipa posibles hallazgos futuros.

El documento también realiza un esfuerzo destacado en la catalogación del patrimonio arquitectónico, incorporando una amplia variedad de tipologías constructivas tradicionales.

Dentro de este apartado, el catálogo distingue en primer lugar los conjuntos de edificios, entre los que destacan las quintanas y caseríos tradicionales, configuraciones rurales que agrupan vivienda, dependencias agrícolas y espacios productivos, representando la base histórica de la organización del territorio.

En cuanto a los edificios residenciales, se identifican varias tipologías propias de la arquitectura popular asturiana. Entre ellas figuran las casas mariñanas, características de zonas costeras, adaptadas a las condiciones climáticas del litoral; las casas corredor, reconocibles por sus galerías exteriores de madera que articulan la fachada; y las casas mirador. A estas se suman otros edificios residenciales que, sin responder a una tipología concreta, presentan valores arquitectónicos, históricos o ambientales que justifican su protección.

El catálogo incluye además los edificios religiosos, como iglesias, capillas y otros inmuebles vinculados al culto, que constituyen hitos fundamentales del paisaje y de la identidad cultural del concejo. Estas construcciones no solo destacan por su valor arquitectónico, sino también por su relevancia histórica y social como centros de la vida comunitaria.

Otro grupo significativo es el de las escuelas rurales, reflejo de la evolución educativa y social del municipio. Muchas de estas edificaciones, hoy en desuso o con funciones transformadas, conservan un notable interés como testimonio de las políticas educativas y de la vertebración del territorio en épocas pasadas.

En conjunto, tanto el catálogo urbanístico como el arqueológico suman 2.330 elementos protegidos, consolidando un documento de gran alcance que busca compatibilizar el crecimiento urbanístico con la conservación del patrimonio.

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