En Sietes (Villaviciosa), donde hay casi tantos hórreos como habitantes, aplauden su protección: “Esto es un privilegio”
Los vecinos aplauden la protección de las construcciones singulares, que en muchos casos consideran “un elemento más y a la vez muy necesario de cada casa”

Los hórreos de Sietes, la parroquia de Villaviciosa donde abundan estas construcciones singulares / P. A.

En la parroquia de Sietes, en Villaviciosa, prácticamente existe un hórreo por habitante. Son aproximadamente medio centenar los vecinos censados y cerca de 40 las construcciones de hórreos y paneras existentes repartidas por las diferentes aldeas que integran la parroquia. En lo que es la parte central, el propio núcleo de Sietes, es donde se concentran en pocos metros una decena de ellas. Aparecen siete de ellas casi en línea recta, unas pegada a otras, como si fuesen un bloque de viviendas más. Lo que antaño eran un lugar para recoger y almacenar las cosechas, hoy en día han pasado a ser una especie de almacén, y en algunos casos “un trastero”, de los utensilios de la casa. Pero la estampa, llamativa, hace que sus vecinos “sea un lujo y un privilegio”, y para los turistas que la visitan, un enclave casi excepcional y parada obligada para conocer.
“En los últimos años se han caído aquí cerca de una decena de hórreos y paneras. Se dejaron mucho tiempo sin atender para ellos, y es lo que pasa cuando algo no se mantiene. Espero que el reconocimiento del Ministerio de Cultura sirva para ponerlos en valor, se protejan, se reciban ayudas para cuidarlos y no se deje morir este patrimonio”, cuenta Ramón Díaz, vecino de Sietes, y que se encuentra además al frente del Bar Casa Prida, centro neurálgico y social de la parroquia.
Los hórreos y paneras, centenarios, han ido pasando en Sietes de generación en generación. Y tienen también una peculiaridad. La gran mayoría están compartidos. Algunos se dividen hasta en ocho partes. “En muchos casos ya no se sabe ni de quién es. Y es un problema a la hora de ponerse de acuerdo para arreglarlo”, comenta Isabel García, otra vecina, que presume de poder vivir en un enclave único. “Somos unos afortunados, esto es un privilegio, no lo tiene todo el mundo”, detalla, antes de transmitir también su preocupación por el futuro de estas construcciones singulares: “La cosa es que han perdido la utilidad, el campo ya no se trabaja como antes. Si no hay patatas o cebollas para guardar, pues lo que colocamos son los trastos. Al final si no se actúa, pues los hórreos serán como el meñique, lo que no se usa se extingue”.
Para guardar las cosechas de la tierra
Construcciones centenarias, que forman parte del día a día, para los más jóvenes de la parroquia, o descendientes de los que habitan en Sietes y vienen de visita, los hórreos son también como una especie de zona de juegos, y que forman parte de un paisaje natural. “Para mí es algo normal y que llevo viendo siempre, pero algunos compañeros de clase no saben ni lo que son los hórreos y paneras, más allá de lo que puedan descubrir por fotos”, comentan Sira Sánchez y Miguel Alonso.
En los caminos principales de Sietes hay alguna panera en mal estado, con mucha vegetación en el tejado, sin limpiar y en un estado peligroso. Por debajo de una de ellas incluso pasan los coches y la gente, porque está justo en medio de una zona de tránsito. “El problema muchas veces es la burocracia, se necesitan demasiados papeles para poder hacer algo”, cuenta Juan García. “Y que a veces es como una comunidad de vecinos, con muchos propietarios, que para ponerse de acuerdo es un gran problema”, añade.
Y también aparecen construcciones dentro de las propias fincas, como un elemento más de la casa. Es lo que les sucede a Maruja Iglesias y Ricardo Sánchez. “El hórreo en una aldea es un elemento principal. Un elemento más y necesario de cada casa. No concibo un pueblo sin hórreos”, reflexionan. En su caso aún guardan las patatas en su interior, pero reconocen que las cosechas han menguado muchísimo, al igual que la vida de los pueblos. Pero confían en que la decisión del Ministerio de Cultura, de preservarlos como “manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial", sirva para su cuidado, y más en un núcleo que también es un reclamo turístico: “Igual que vienen mucha gente a vernos, y que se organizan visitas guiadas, pues estaría bien que con esta medida se cuiden, arreglen y mantengan los que tenemos, que existan ayudas para conseguirlo”.
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