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Entrevista | Juan José Ferreira Investigador del Serida

Juan José Ferreira, investigador del Serida: "Recomiendo a los productores de faba que incorporen innovaciones y que usen semillas de calidad"

"No podemos luchar contra el cambio climático, pero sí adaptarnos", destaca sobre las enfermedades que afectan a las cosechas

José Manuel Ferreira en las instalaciones del Serida.

José Manuel Ferreira en las instalaciones del Serida.

Pablo Antuña

Pablo Antuña

Villaviciosa

Juan José Ferreira, responsable del programa de genética vegetal del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida), ofreció el pasado viernes a las 13.15 horas una charla en el Ateneo Obrero de Villaviciosa, enmarcada en el programa de XXXII Xornaes de les Fabes y bajo el título "Sembrar calidad para recoger producción". Ferreira analiza la situación de la faba asturiana, los avances en investigación y cómo afecta el cambio climático a su producción.

-La cosecha de faba asturiana de 2025 mejoró a la de 2024. Usted decía en una charla reciente que no vamos a ver una Asturias sin faba, pero ¿qué riesgos existen?

-Venimos de una situación dramática en 2024, con las terribles lluvias que hubo en septiembre y octubre de ese año. La producción se manchó mucho. Entonces casi el 80% de la semilla cosechada estaba deteriorada y, por tanto, hubo unas pérdidas enormes, sobre todo por una enfermedad como la antracnosis. El problema que tenemos encima es el cambio climático, que está suponiendo que las condiciones climáticas que ya de por sí son variables se hagan ya normalmente variables. El caso contrario se dio en 2025, cuando las dos primeras semanas de agosto hubo un calorón enorme, con lo que el polen se vuelve estéril, la flor no cuaja y no se producen vainas. Todo eso son incidencias relacionadas con el cambio climático muy difíciles de manejar, pero que sí se pueden afrontar de alguna medida mediante la investigación. No podemos luchar contra el cambio climático, pero podemos adaptarnos.

-¿Qué medidas recomienda a los agricultores?

-Para empezar que incorporen innovaciones y se animen a probar cosas nuevas. Y en segundo lugar que usen semillas de siembra de calidad. Si siembras porquería, recoges porquería. Si siembras calidad, probablemente recojas más cosecha que si no lo haces. Los horticultores profesionales compran la semilla. Sin embargo, aquí lo que nos encontramos es que la mayor parte de los productores crean sus propias semillas. Es decir, producen para consumo y parte de la que usan para ese consumo la tienen como siembra. Existen riesgos como que pueden arrastrar patógenos que incidan en la sanidad del cultivo dramáticamente. Por eso me gustaría invitarles a que probasen las variedades nuevas que hemos desarrollado, que van ligadas a la utilización del material de calidad.

-¿Qué ventajas tienen?

-Por poner algunos ejemplos, garantías de germinación y vigor, sanitarias, de porcentaje, de identificación varietal, de homogeneidad y uniformidad o de trazabilidad. Poder saber que tenemos una semilla que conocemos de dónde viene, que tiene unas características morfológicas y de calidad reconocidas. Porque hay una trazabilidad, sabemos qué empresa ha producido eso, o en qué lote, y que hay una responsabilidad. Si tú compras a un paisano pues puede salir bien o puede salir mal.

-¿Es difícil cambiar la mentalidad tradicional de los productores?

-Lo que pasó en 2024 fue dramático y se dieron cuenta, por ejemplo, que las variedades que eran resistentes a la antracnosis tenían menos daño que las que eran de toda la vida de casa, que son altamente susceptibles. Entonces, entre que un vecino coseche el 60% bien y el otro coseche el 80% bien, pues entre ellos se sabe. Eso les invita a cambiar o, al menos, a probar.

-¿La parte económica es una barrera considerable?

-La semilla es cara. Pero uno de los cuellos de botella que tenemos aquí es que no hay semilla de calidad suficiente para que los productores la usen. Hasta este momento, hay dos empresas locales que pueden producir semilla, que es Campoastur y la Cooperativa de Agricultores de Gijón. Pero la buena noticia es que se ha puesto en marcha un grupo operativo con Campoastur para que la empresa empiece a producir una nueva variedad, de tal manera que este año le vamos a entregar unos 20 o 25 kilos de semilla de la nueva variedad, la “Maximina 3”, para que empiece a hacer la multiplicación en campo y si todo sale bien el año que viene van a tener esta nueva variedad.

-¿Qué tiene de especial?

-Es una variedad que desarrollamos en el Serida con más de 20 años de trabajo y que tiene resistencias a las razas locales de antracnosis, a las que había antes de 2024. También resistencia al virus del mosaico común y al necrótico. Y resistencia al moho visaceo. Con eso evitamos hacer tratamientos fitosanitarios, así que menor coste. Por tanto, esperamos que al menos se produzcan lo mismo que las variedades locales de toda la vida. Lo que ocurre es que las ventajas que tienen estas variedades solo se ven cuando hay crisis, cuando hay un ataque de una enfermedad.

-¿De qué manera, mediante la investigación, pueden dar soluciones para afrontar el cambio climático?

-Lo que se busca es una adaptación, porque el cambio climático puede ser altas temperaturas, estrés hídrico o inundaciones, sin olvidar la aparición de nuevas plagas y enfermedades. En Asturias los efectos del cambio son mayores temperaturas, menor precipitación, aparición de enfermedades nuevas o estreses abióticos nuevos como es la sequía. La adaptación al cambio climático tiene tres ejes fundamentalmente, que es la semilla o técnicas de cultivo, entre las cuales se implica el riego como una alternativa, el cambio de fechas de siembra o el cambio de arquitectura de la planta. Por eso, una planta indeterminada trepadora, como es la que tenemos ahora, es más susceptible a los estreses de altas temperaturas y sequía. Hay plantas de crecimiento determinado, también tipo faba, que son más tolerantes a los estreses de altas temperaturas y sequía.

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