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El secreto de la mejor fabada de Villaviciosa está en la morcilla y el chorizo: “Con el compangu de casa queda espectacular"

Valentín Somoano detalla cómo hizo el plato que ganó el certamen para no profesionales en les Xornaes de les Fabes

La fabada preparada por Valentín Somoano.

La fabada preparada por Valentín Somoano. / Lne

Pablo Antuña

Pablo Antuña

Villaviciosa

Buen compangu, con especial importancia a la morcilla, y que esté fabricado en casa. Sumándole también fabes de Argüelles (Siero) y mucho mimo y paciencia en la preparación. Son las claves de la mejor fabada casera del maliayés Valentín Somoano, ganador de la categoría no profesional de las XXXII Xornaes de les Fabes de Villavicosa.

Una enfermedad de corazón provocó que Valentín Somoano tuviera que jubilarse hace siete años y que despertase entonces su pasión por la cocina. Entre fogones, recetas y toques personales se encontró con un reto: cocinar una fabada y llevarla al concurso de Villaviciosa. En 2025 asumió ese objetivo y ganó. Este 2026 volvió a repetir éxito. "Me van las cosas difíciles, me motivó ese intento de conseguirlo, y estoy contento de haberlo logrado·, reflexiona.

"Faba mantecosa"

Esa galardonada pota de fabada, que acabaron saboreando durante la semana sus familiares, y que primero degustaron con agrado los miembros del jurado, partía de una base bien marcada por la materia prima. "Siempre me parece que la clave es la morcilla, aparte de la faba que sea buena, pero el ingrediente principal tiene que situarse en la morcilla”, desgrana. Y ahí jugó con ventaja, la de su suegra y la cuñada de ésta, que elaboran en casa chorizos y morcillas. También otro contacto familiar, con unos tíos de su mujer, de los que sacó la faba que cosechan en Argüelles. "Es muy mantecosa, se pone a remojo y resulta bastante grande”, detalla.

Valentín Somoano, con su pota de fabada, que fue distinguida en las XXXII Xornaes de les Fabes de Villaviciosa

Valentín Somoano, con su pota de fabada, que fue distinguida en las XXXII Xornaes de les Fabes de Villaviciosa / Lne

El compangu casero y la legumbre de Argüelles es la base que provoca que le salga una fabada "espectacular”. Porque la que le gusta preparar es la tradicional. "Estuve pensando presentarme a un concurso de fabada con tropiezos y hablé hasta con una guisandera, por su plato de fabes con rabo de toro, que tenía pensado hacerlo, pero no me lancé", desvela.

La preparación

¿Y cómo se prepara la mejor fabada casera? “Pues una clave es hacerla en día, es super importante, aunque no lo parezca", argumenta en primer lugar el cocinero. "Y que les fabes estén a remojo 12 horas como mínimo", añade.

Los preparativos los considera muy importantes. Por eso, en su caso, ve fundamental otro detalle previo para equilibrar el sabor. "Desgrasé un poco el chorizo y la morcilla con agua hirviendo uno o dos minutos y, después, ya lo mezclé todo con el lacón y la panceta", explica, antes de referirse a la paciencia y atención durante el proceso de cocinado. "Hay que ‘asustarla’ dos o tres veces, y estar pendiente durante hora y media o dos horas, removiendo la pota con las asas, pero no con la cuchara, para no romper la faba", explica.

"Sabor imprescindible"

Insiste Somoano en que "el sabor que deja la morcilla en la fabada es lo imprescindible", pero también pone en valor el gusto del chorizo. "Los nuestros tienen un toque un pelín picante que suele gustar mucho", apunta. También señala que es importante no escatimar en la cantidad de piezas que se utilicen. "Para el concurso preparé un kilo de fabes, repartidos en dos potas, con tres morcillas y dos chorizos en cada una", detalla, antes de añadir: "Hay gente que no echa tanta morcilla, por si no se come, pero es necesaria. Si no lo que sobra se puede aprovechar para un paté o unas croquetas".

¿Y qué tiene a su juicio de especial la fabada para triunfar? "Para mí que es un producto asturiano y que el turista que viene le conquista, porque veo hasta algunos que la cenan", concluye este vecino de Villaviciosa, comercial de hostelería, reconducido ahora a apasionado de la cocina tras su jubilación prematura.

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