Rafael Gutiérrez, pregonero en las Jornadas Gastronómicas de Quintes y Quintueles: "La llámpara y su salsa me recuerdan a mi infancia, a algo excepcional"
"Lo literario es tratar de captar la esencia y la esencia de muchas cosas se puede entender a través de la comida"

Rafael Gutiérrez en su librería de Gijón. / Ángel González

Rafael (Rafa) Gutiérrez nació en 1970 en Cobayes (Caso), pero con apenas seis años de edad se trasladó con su familia a Gijón, donde reside desde entonces. Propietario de la librería «La buena letra» es también presidente de la Asociación de Librerías de Asturias, colaborador de LA NUEVA ESPAÑA y jurado del concurso de relatos cortos de Quintes. El día 16, sábado, a las 20.00 horas, será el pregonero de la 38.ª edición de las Jornadas Gastronómicas de la Llámpara de Quintes y Quintueles.
-¿Qué hace un librero pregonando unas jornadas gastronómicas?
-Pues no lo sé, van a tener que explicármelo en Quintes y Quintueles (risas). Surge, simplemente, porque colaboro con la Sociedad Cultural Recreativa Clarín de Quintes como miembro del jurado de su concurso de relatos cortos. Estoy encantado con ello, pues siempre nos tratan con muchísimo cariño y estoy feliz de tener ahí ese sitio donde me siento muy a gusto. Lo de ser pregonero pensaba que era broma al principio. Cuando vi que era real, me sentí muy honrado. Estoy pensando qué puede decir un librero en esas circunstancias. Imagino que algo literario tendrá que haber. Algunas referencias literarias aparecerán seguro.
-¿Le gusta la llámpara?
-Sí. Mucho, me encantan les llámpares. La salsina que las rodea es un sabor de infancia para mí.
-¿Cómo es ese recuerdo?
-Pues es una cosa curiosa. No es un recuerdo de algo que se cocinaba en casa, como sí lo tengo de otras comidas. Para mí, la llámpara es sinónimo de comer fuera. Mi madre nunca las cocinó, pero íbamos a la Sidrería Boal, en la Carretera de la Costa de Gijón. Siempre me gustó mucho cómo las preparaban, con un toque algo picantín. Para mí era una fiesta ir a comer llámpares, porque era algo excepcional. No éramos mucho de comer por ahí, salvo con ese manjar.
-¿Qué destacaría de su sabor?
-No soy crítico gastronómico, pero sí que me gustaría resaltaría un matiz. Cuando viene alguien de fuera, lo llevas a comer llámpares y le gustan. Tenemos un grupo de amigos del colegio, muchos de ellos dispersos por España, y cuando quedamos para comer siempre hay llámpares.
-¿Es de los que acude habitualmente a disfrutar de estas jornadas a Quintes y Quintueles?
-Sí, algún año me escapé desde Gijón y las disfruté. Es muy recomendable acudir.
-¿Qué tiene esa zona de Les Mariñes de Villaviciosa para los vecinos de Gijón que tanto les gusta?
-Lo primero, que es una zona rural y llana, algo que te llama mucho la atención. Pero lo que más me gusta es el paisanaje. Creo que estos lugares los hace la gente. Tanto los vecinos como estas Jornadas de la Llámpara son muy acogedores. Una vez vas, te sientes como si fueras de allí de toda la vida.
-¿Por qué triunfan tanto las jornadas gastronómicas que se celebran en Asturias?
-Hasta los libreros, que colaboramos con el Gremio de Editores, hemos hecho que la fiesta de San Xurde acabe relacionándose con una rosca. En Asturias gusta mucho todo lo que sea comer. Yo creo que nos gusta tanto por lo que implica la comida, que no es algo solitario. Es un ritual acogedor, de entender siempre la comida con ese espíritu de la sidra de compartir y sentirnos juntos.
-¿Hay algún libro sobre la llámpara?
-Estuve mirando y estoy dando vueltas a ver si encuentro algo. Seguro que Eduardo Méndez Riestra, crítico gastronómico, escribió algo sobre la llámpara. Y José Antonio Fidalgo también.
-¿Qué relación hay entre la mesa y la literatura?
-Toda. Porque la literatura se nutre muchas veces de la gastronomía. Cuando se tiene que contar algo en familia, siempre se hace en torno a una reunión y una comida. Aunque no sea literario, hay libros en los que también sucede eso. Quiero destacar una película reciente, «Los domingos», donde todo se une cuando van a comer a casa de la abuela. Al final, lo literario es tratar de captar la esencia y muchas veces la esencia de una familia o de muchas cosas se puede entender a través de la comida.
-¿La gastronomía gana más peso en los libros?
-Diría que lleva estando presente desde siempre, porque nos sirve también para identificar lugares o situaciones. La gastronomía está ahí, desde esa situación de juntar a varias personas. Pongo el ejemplo de «Sostiene Pereira», de Antonio Tabuchhi, donde el protagonista va a comer una tortilla de especias. Es algo que definía muy bien a ese personaje. La comida y la manera de referirnos a ella describen muy bien a los personajes, que es de lo que se nutre la literatura.
-Recomiende un libro que gire en torno a la comida.
-«El festín de Babette», de Isak Dinesen. Va de una mujer que, para agradecer la hospitalidad ofrecida, decide organizar una gran cena. Es la excusa para mostrar a una sociedad rígida y puritana el poder de lo colectivo sobre la individualidad.
-¿Con qué otras jornadas gastronómicas se queda para completar las de la llámpara?
-Con las de les cebolles rellenes de El Entrego. Me llevan también a mis recuerdos familiares. Aunque soy de Caso, tengo familia en El Entrego. Les cebolles me encantan.
-¿Y como se marida una buena llámpara?
-Ahí no voy a ser el mejor e igual me quitan el carné de pregonero (Risas). No bebo alcohol, así que las acompañaré con agua, agua con gas o cualquier refresco.
-Para acabar, un mensaje para convencer a quien aún no conozca estas jornadas de Quintes y Quintueles.
-Podría ser como el soneto famoso: «¿Qué es el amor? Quien lo probó, lo sabe». Le diría que se pase por allí y que encuentre, sobre todo, lo que hablaba antes, que no es el sitio, sino la gente que hace los sitios. Se encontrarán con esa gente que te va a acoger y que va a saber hacerte disfrutar.
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