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Los primeros vecinos del edificio bloqueado en La Barquerina entran en sus casas: "Estamos contentos, pero no tenemos esa felicidad plena de estrenar un nuevo hogar"

“Nadie se hace responsable de los perjuicios morales y económicos que se nos han generado", lamentan los afectados por la denuncia de la Demarcación de Costas

Beatriz Fernández, Joseba Bengoetxea, José Manuel González "Silo",  y Emilio Miranda, ante su bloque de viviendas en La Barquerina (Villaviciosa).

Beatriz Fernández, Joseba Bengoetxea, José Manuel González "Silo", y Emilio Miranda, ante su bloque de viviendas en La Barquerina (Villaviciosa). / P. A.

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Pablo Antuña

Pablo Antuña

Villaviciosa

A sus 82 años, José Manuel González ("Silo") vivió toda una odisea los últimos seis meses. Había vendido su casa de Camoca para poder llevar una vida más cómoda y tranquila en Villaviciosa, en un piso de nueva construcción en La Barquerina. Pero se encontró con el sobresalto de que una denuncia de la Demarcación de Costas había bloqueado la promoción porque una parte del edificio invadía la servidumbre de protección de la ría en este ámbito. Lo que iba a ser una entrada en su nuevo hogar como muy tarde en diciembre de 2025 se ha prolongado hasta este mes de mayo. "Tuve que vivir en tres sitios diferentes mientras tanto, dos de alquiler y otro comprado, que ahora tendré que vender”, resume este octogenario, que, por fin, ya puede residir en una de las cinco primeras viviendas que ya están habitadas de las 36 de las que consta el inmueble.

Aún con los obreros ultimando algunos detalles en zonas comunes, los últimos siete días ha ido llenando de vida este bloque, en el que poco a poco se empiezan a incorporar los nuevos vecinos, tras vivir meses de drama en los que hasta pensaron que perderían los hogares en los que habían depositado sus ahorros. "Lo que más temía era que tras parar la obra se declarase el derribo. Me lo pusieron muy negro", resalta "Silo", mientras charla en el portal de entrada al edificio con Emilio Miranda, que se mudó junto a su mujer el pasado fin de semana, y Joseba Bengoechea, que última la mudanza para entrar ya. "La sensación es extraña, estamos contentos, pero no tenemos esa felicidad plena de estrenar un nuevo hogar, porque entramos a vivir en precario y nadie se hace responsable de los perjuicios morales y económicos que se nos han generado”, cuenta Bengoetxea.

Emilio Miranda, mierense, trabajó durante cuatro décadas en Lisboa, en la Embajada de España en Portugal. "Cuando nos jubilamos, mi mujer y yo decidimos volver. Miramos en Luarca, Pola de Siero y aquí, que fue lo que más nos gustó", rememora. El contrato con la constructora lo firmó en agosto de 2023, y en el mismo, según cuenta, se especificaba que tendría que estar entregado como muy tarde en diciembre de 2025. Dos meses antes de esa fecha, en octubre, recibió una llamada en la que le indicaban que la Demarcación de Costas, organismo dependiente del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, se había opuesto a la licencia y entrega, con el argumento de que este edificio ocupaba una zona de servidumbre derivada del deslinde aprobado en 2002.

"Temí que no íbamos a entrar, que se alargaría o iríamos a juicio"

"Soy sociólogo y recibí la noticia un poco con la ´Ley de Murphy’, de que todo lo malo que puede pasar acaba sucediendo. En el lado personal estaba muy fastidiado, temí que no íbamos a entrar, que se alargaría mucho o que iríamos a juicio”, añade Miranda, que residía de alquiler en Gijón y tuvo que acordar con el casero prolongar ese contrato hasta que se solucionase el problema de su vivienda en Villaviciosa. "Lo que sigo sin entender es cómo pudo pasar esto. Si las administraciones le dan las licencias a un constructor, cómo puede ser que éste último sea el único perjudicado y expedientado. Sigo reclamando la responsabilidad de este lío, porque no puede ser que pase como dicen en Portugal, que la responsabilidad muere soltera”, indica Miranda.

Por la izquierda, Beatriz Fernández, José Manuel González "Silo", Joseba Bengoetxea y Emilio Miranda, en el portal de entrada a sus viviendas.

Por la izquierda, Beatriz Fernández, José Manuel González "Silo", Joseba Bengoetxea y Emilio Miranda, en el portal de entrada a sus viviendas. / P. A.

Los vecinos que ya han entrado a vivir en el edificio lo hacen con una sensación de "cierta incertidumbre", porque hasta finales de junio no firmarán las escrituras. "Estamos aquí por la buena predisposición del constructor, que nos ha ido entregando las viviendas y está corriendo con los gastos de agua y luz mientras se culminan todos los trámites”, analiza Bengoechea. También añade que otros se encuentran aún cerrando sus hipotecas con los bancos, que quedaron en compás de espera por este contratiempo administrativo.

“La hija de mi ahijada está viviendo mientras en Madrid, de alquiler, hasta que pueda venir para acá", añade "Silo" sobre otra propietaria afectada. "En mi caso, tuve que hacer varias mudanzas con los muebles. Espero que sea ya la definitiva y no salga de aquí ya más", afirma.

Soñar un futuro en Asturias

En el portal y los espacios comunes se van conociendo estos días los que serán futuros vecinos. Beatriz Fernández es natural de la República Dominicana, pero con ascendencia asturiana, ya que sus abuelos eran de Cabruñana (Grado). Decidió comprar en Villaviciosa, "por la tranquilidad, seguridad, gastronomía y las opciones de hacer senderismo" que le ofrece Asturias. Compró una vivienda para, de momento, pasar periodos vacacionales, pero con la vista en que en un futuro pase a convertirse en su residencia habitual. "Compramos aquí por unos amigos. Al estar fuera no estaba tan enterada de este problema, pero ha sido un gran contratiempo", confiesa.

Beatriz Fernández se ha desplazado a España para ir equipando la vivienda. "Estoy trayendo todos los muebles, porque me los tuvieron que guardar varios meses donde los compré y para liberarle sitio”, enfatiza con "una sensación de alivio" que comparten todos los propietarios de este bloque de La Barquerina, a los que el sueño de un nuevo hogar se les convirtió en pesadilla durante unos meses.

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